LAS CALLES - Juan José Valle
El primer paso
Es el lugar por donde antiguamente se transitaba para vadear el río, cruzarlo y llegar a la Posta de Ferreyra, en nuestra vecina Villa Nueva, cuando en tiempos del Virreinato del Río de la Plata se elegía esta zona para unir el Alto Perú con el “Buenos Ayres” de entoncesEl 25 de julio de 1973, Carlos Pizzorno, quien había asumido la Intendencia por el Frente Justicialista de Liberación Nacional, envió al Honorable Concejo Deliberante la ordenanza que recibió el número 1.401, que designó a la arteria con el nombre de General Juan José Valle.
El 15 de agosto de 1978, bajo la última dictadura militar, mediante la Ordenanza 1.645, sancionada durante la gestión del comisionado Adolfo Jac, se le impuso el nombre de Gregoria Matorras en reemplazo del nombre del militar asesinado por orden del dictador Aramburu.
Sin embargo, el 16 de octubre de 2013, bajo la Intendencia de Martín Gill, el Concejo Deliberante, a través de la Ordenanza 6.704, se restituyó el nombre de Valle a la calle hasta la actualidad. No obstante, el nomenclador que indica la denominación correspondiente todavía lleva el nombre anterior. Eso motivó que elDiario en las Calles reeditara la historia de esta arteria, ya que fue oportunamente publicada con el nombre de la madre del Libertador San Martín (facsímil.

Juan José Valle nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1904. A los 14 años ingresó en el Colegio Militar, recibiéndose de subteniente en 1922. A los 22 años fue nombrado ingeniero militar.
Se casó con Dora Cristina Prieto, con quien tuvieron una sola hija: Susana Cristina.
Su capacidad profesional le permitió desarrollar su carrera militar en los más prestigiosos destinos. Revistó en el Colegio Militar de la Nación como jefe de sección y comandante de la Compañía de Ingenieros Zapadores Pontoneros. Su inteligencia y predisposición al estudio motivaron que fuera profesor de la Escuela Superior Técnica. Cuando revistaba con el grado de teniente fue uno de los militares que aceptó con entusiasmo participar del golpe de Estado que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930.
Sus sobresalientes aptitudes profesionales lo llevaron a ser nombrado jefe del Batallón 4 de Zapadores Pontoneros en Concepción del Uruguay, y luego, subdirector de la Escuela de Ingenieros, la misma que a partir de 2006 lleva su nombre. Luego fue nombrado inspector de Ingenieros y director general de Ingenieros hasta la finalización de su carrera, con el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955
Dicha usurpación al poder fue autodenominada Revolución Libertadora y su objetivo principal fue derrocar el Gobierno constitucional del presidente Juan Domingo Perón.
Posteriormente, el 9 de junio de 1956, comenzó una insurrección cívico-militar peronista comandada, precisamente, por Valle, secundado por el general Raúl Tanco. El movimiento se desplegó en varias partes del país, pero fue rápidamente sofocado. En los enfrentamientos, los sublevados mataron a tres personas y tuvieron a su vez dos muertos, sin contar los que posteriormente fueran fusilados
Allí “la Fusiladora”, nombre como se conocería poco tiempo después, a través de una junta militar, decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual para la historia argentina del Siglo XX, disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Entre el 9 y el 12 de junio de 1956, 27 civiles y militares fueron fusilados, algunos de ellos en fusilamientos clandestinos realizados en José León Suárez, antes de la orden de ley marcial.
El historiador Joseph A. Page dice sobre el episodio: “En una carta que Perón envió a John William Cooke el mismo día del levantamiento de Valle, no había la más mínima traza de compasión por los militares rebeldes. El conductor criticaba su apresuramiento y falta de prudencia, y aseguraba que solo su ira por haber debido sufrir el retiro involuntario los había motivado a actuar”.
Luego de que Valle falleciera en Buenos Aires, el 12 de junio de 1956, fue promovido al grado de teniente general post mortem, el 8 de octubre de 1973, mediante el Decreto Nº 1.763.
Cartas, fusilamientos y la novela de Walsh
Cuando Valle encabezó la fallida sublevación y fue sofocado el movimiento, fue sentenciado a muerte por Aramburu, junto a otras personas que adhirieron al levantamiento. Antes de morir entregó varias cartas a su hija Susana, entre ellas una dirigida al dictador a cargo de la Presidencia de la Nación en la que decía: “Dentro de pocas horas, usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado... Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios, y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí, esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos. Entre mi suerte y la de ustedes, me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas, verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años, sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones... Viva la Patria.”
Por estos fusilamientos, el periodista que también fue ultimado por la dictadura militar, pero de 1976, Rodolfo Walsh, escribió su memorable novela llamada Operación Masacre, publicada por primera vez en 1957, y la primera novela de no ficción periodística en su género.
