Día de la Mujer Trabajadora - Liliana Costabello
“La sensibilidad no es una debilidad: es una herramienta para gestionar mejor”
Liliana Costabello reconstruye su recorrido desde la infancia rural hasta la conducción de espacios comunitarios y de salud mental, analiza las barreras que aún enfrentan las mujeres y reivindica la convicción personal como motor para transformar realidades“Soy trabajadora social y entiendo que la elección vocacional de este ejercicio profesional, que llevo adelante desde hace tantos años con tanta pasión y esfuerzo, tiene que ver con mi propia historia.
Crecí en una localidad pequeña, fui a una escuela rural y a mi alrededor siempre vi infancias vulneradas. En aquel momento no lograba vincular esa vulnerabilidad con las desigualdades sociales. Con el paso del tiempo comprendí que muchas de esas situaciones eran producto directo de esa desigualdad estructural.
Desde entonces, mi ejercicio profesional estuvo ligado a intentar dar respuestas concretas a esas realidades, especialmente en la infancia.
Hace 24 años que en el barrio Las Playas funciona el centro comunitario ‘Un Rayito de Esperanza’, un espacio donde abordamos la situación alimentaria, educativa y la salud integral de niñas y niños. También acompañamos a las madres o a las mujeres que están a cargo del cuidado –que no necesariamente son las madres biológicas–. Además, sostenemos un grupo de mujeres que participa activamente del centro y que contribuye a su sostenimiento económico a través de una feria circular.
La feria no es solo una estrategia económica. Ha sido una herramienta de empoderamiento para muchas mujeres que encuentran enormes barreras en el mercado laboral. Es un mercado que exige mucho, pero que no siempre genera condiciones reales de inclusión. Y cuando no hay inclusión, muchas quedan afuera.
El Trabajo Social es una profesión históricamente de mujeres. En las aulas, la mayoría de las estudiantes son mujeres. No es casual: socialmente, esta tarea está asociada al cuidado, y el cuidado sigue recayendo mayoritariamente en nosotras. Durante mucho tiempo se sostuvo la idea de que el varón debía proveer el sustento económico del hogar y la mujer acompañar y sostener. En ese marco, las profesiones vinculadas al cuidado no siempre fueron consideradas como actividades capaces de sostener económicamente una familia.
Es cierto que se han ganado espacios. Hoy vemos mujeres gestionando empresas, instituciones e incluso países. Pero la brecha sigue siendo importante y muchas veces la igualdad queda más en el discurso que en la práctica.
Desde la perspectiva profesional, sigo viendo que a las mujeres se nos exige permanentemente demostrar nuestra capacidad y nuestra formación para acceder a espacios de poder. Y además se espera que, al gestionarlos, dejemos afuera la sensibilidad, como si conducir implicara endurecerse.
Me toca gestionar una institución de salud mental, un centro de rehabilitación, y mi experiencia confirma lo contrario: se puede gestionar con sensibilidad y hacerlo de manera eficiente y eficaz. Se puede tener firmeza sin perder humanidad. La sensibilidad no es debilidad; es una herramienta que mejora la mirada sobre la institución, el equipo y las personas que acompañamos. No nos aleja del objetivo; nos recuerda cuál es. En mi caso, ese horizonte es llevar a cada persona y a cada familia a la mejor situación humana y comunitaria posible. Creo profundamente en la salida colectiva y en la fuerza de lo comunitario.
En cuanto al mensaje, desde mi experiencia de vida creo que lo fundamental es preguntarse qué es lo que una quiere y no permitir que otros definan si eso ‘corresponde’ o no por el hecho de ser mujer.
Recuerdo que cuando era niña, en la escuela rural, solo dos mamás manejaban vehículos. Eran las únicas mujeres que conducían, y eso me marcó. A los ocho o 10 años me propuse que yo también iba a manejar. A los 10, mi papá ya me estaba enseñando. A los 12 o 13 manejaba todo. Ese padre que me dijo ‘si querés, podés’, y una maestra que reforzó esa idea me dieron algo invaluable.
Hay que querer lo que una quiere hacer y convencerse de que eso que se desea forma parte de lo que una es. No significa que vaya a ser fácil. Pero cuando una está convencida de que ese camino es propio, es muy difícil que algo la detenga.”
