Entrevista - El villamariense Gustavo Meik habló desde Israel contando cómo viven los ciudadanos en medio de un conflicto bélico
“En un día la alarma puede sonar tres veces y hay que refugiarse”
¿Cómo es un día cualquiera en zona de guerra? Lo relata en esta entrevista Gustavo Meik, profesional radicado en Israel que pasó su infancia en esta ciudadGustavo Meik, un villamariense radicado en Israel, habló desde ese país para relatar cómo es la vida cotidiana en medio de un conflicto bélico.
“Es raro decirlo, pero el ser humano se adapta; y si bien no normalizamos la guerra, vamos acostumbrándonos a convivir como podemos”, comenzó diciendo en diálogo con el programa “Todas las voces todas”, que se emite en la 90.1, laRadio del centro del país.
Al consultarle sobre cómo es un día cualquiera desde el sábado 1 de marzo, cuando inició la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, dijo que obviamente la situación es tensa.
“Tenemos la instrucción de que no se pueden agrupar más de 50 personas, por lo que la mayoría de los mercados están cerrados y tampoco hay clases.
Hay que estar cerca del refugio y nos suenan, como mínimo, tres alarmas por día, dependiendo de la zona”.
-Contanos, ¿cómo son los refugios y por qué motivos suenan las alarmas?
-La regulación en Israel establece que las nuevas casas tienen que tener un refugio interno, que es una pieza construida con concreto y puertas de acero. Ahora, las casas más antiguas no tienen refugio, pero sí hay en los barrios donde están esas casas, por lo que, en esos casos, hay que estar cerca para acudir sin demora –un minuto, máximo– cuando suena la alarma.
Y sobre la alarma, el sistema está un poquito más avanzado. Cuando se detecta que un misil sale de Irán, nos suena en el celular indicando que algo hay en camino, y la segunda suena después de que el satélite determina la trayectoria y puede alertar en el lugar más específico.
O sea, si se ve que el misil va a caer en un lugar sin población, ya no va a sonar la segunda alarma; pero si se detecta que se dirige a una zona poblada, se activa en los teléfonos de los habitantes de ese lugar, para que puedan ir rápidamente al refugio.
Una vez ahí, la normativa que tenemos es que hay que estar más o menos 10 minutos dentro de esa pieza de concreto.
Pero el problema es que, si bien contamos con la cúpula de hierro que nos protege, hay que tener en cuenta que los misiles tienen el tamaño de un autobús; y aún cuando se desactiven, los pedazos caen y pueden provocar daños también.
-¿Cómo está el pueblo israelí?
-Es difícil explicarlo para el que no vive acá porque, aún en este contexto de tensión, la sociedad está muy unida.
Acá apoyan al Ejército y están muy orgullosos de la capacidad que tienen para defendernos con herramientas tales como la cúpula que te mencionaba.
-¿Y cómo es esa cúpula de hierro?
-Se llama iron dome, que significa “cúpula de hierro” en inglés. Es un sistema que detecta los misiles que ingresan y lanza interceptores. Como dije, los misiles son muy grandes y, por eso, una vez que los detectan, salen tres o cuatro interceptores.
No te da una cobertura completa en todo el territorio. Por ejemplo, hace unos días un misil cayó exactamente sobre un refugio y entonces se puede imaginar el daño que hizo al explotar con 500 kilos de explosivos. En ese caso, el refugio no ayudó mucho y allí murieron unos nueve civiles, entre niños y mayores.
-¿Cómo reciben la información sobre la guerra?
-Ahora con las redes sociales se recibe de todo. Además, el noticiero está 20 horas diarias informando sobre las alertas y dando noticias del conflicto. Eso sí, procuran no decir dónde caen los misiles, para no dar datos que hagan que quienes los lanzan mejoren sus objetivos.
-La guerra entre Israel e Irán, ¿impacta en las relaciones interpersonales entre vecinos de cada país?
-Nosotros estamos viviendo en lo que se conoce como ciudades mixtas: hay musulmanes, cristianos y judíos, y entre nosotros no se ve ningún conflicto. Se convive con normalidad, sin ninguna fricción en el día a día. No tenemos nada en contra de unos y otros. Lo demás es más geopolítico, y eso no tiene que ver con las relaciones personales.
Argentino israelí
Gustavo Meik nació en Villa María y vivió en esta ciudad hasta los nueve años. Con su familia, emigró en 1979 a Israel, donde está radicado desde entonces.
Habla un perfecto español, aunque reconoce que en todo este tiempo –tiene 56 años– perdió “la tonada cordobesa”. “Cuando voy a Argentina la recupero”, dice.
Está radicado en Ofakim, una ciudad al sur de Israel de unos 40 mil habitantes. “Es como Villa Nueva, aproximadamente”, dijo.
Recuerda de estas tierras “los amigos, el fútbol, los primos y el country”, forma en que mencionó al campo donde seguramente jugaba.
“Me siento un argentino israelí”, señaló.
Actualmente, trabaja en una startup (empresa de innovación tecnológica) norteamericana y está a cargo del sector ingeniería.
