Entrevista a Abel Marinelli, del tambo Monte Chico, en La Herradura, donde se produjo el nacimiento múltiple
Excepcional: una vaca lechera parió trillizos
El viernes 27 de febrero, alrededor de las 6 de la mañana, nacieron en perfecto estado de salud tres terneros Holando Argentino en Monte Chico, un establecimiento lechero de la zona. El parto múltiple en la raza es muy inusualAbel Marinelli, un productor con más de siete décadas de historia vinculado al tambo, contó la situación excepcional que vivió en el establecimiento Monte Chico, ubicado en la zona de La Herradura, donde la vaca identificada con el Nº 5.936 tuvo un parto múltiple, de trillizos. Fue el cuarto parto en la vida del ejemplar y, por si vale aclarar, los tres primeros, fueron nacimientos simples.
“Es un hecho rarísimo”, dijo. “Yo tengo 84 años y hace 74 que soy tambero, porque desde los 10 años ayudaba a mi papá y a mi mamá que ordeñaban a mano. Yo me encargaba de los terneros, los arriaba para llevarlos al corral. En todo este tiempo no vi nunca un parto así. Para mí es una novedad”, afirmó en laRadio del Centro del País.
“Preguntando, supe que los partos de trillizos se dan más en la raza Aberdeen Angus, porque los terneros son más chiquitos. En Holando Argentino no es común”, señaló.
Al hablar sobre el estado de salud de los tres terneros (un macho y dos hembras) dijo que están muy bien. “En seguida se pararon, comenzaron a chupar la teta y tomaron el calostro. Eso es esencial para el ternero, porque es como ponerle una vacuna”, señaló el experimentado hombre de campo.
“Nos ha pasado en otros casos que los terneritos demoran en levantarse, y entonces el que está encargado de la crianza ordeña la vaca, calienta el calostro y se lo da en una mamadera” al menos durante dos días.
El parto múltiple se dio de sorpresa, dado que después de la inseminación esperan un tiempo prudencial y hacen un tacto para determinar si está o no en estado de preñez. Es decir, no se determina si es o no múltiple porque es rarísimo que se dé esa situación.
“Yo hace unos años que alquilé el tambo a mi yerno, el veterinario Gerardo Yoma. En mi época, lo que hacíamos era llevar todos los datos con fechas de inseminación y de parto en un cuaderno. Yo estaba en el Control Lechero nacional, así que mis vacas estaban asentadas en el Ministerio de Agricultura de la Nación. Hoy es más tecnológico todo, la verdad es que me ha superado”, dijo.
Una historia con el tambo
Marinelli está vinculado a la producción lechera, como dijo, desde la niñez.
Cuando empezó su actividad ya de mayor, tuvo un duro golpe. “Yo soy un enamorado de las vacas. En el 79 había sacado un crédito de la famosa 1.050, en la época de Martínez de Hoz, y perdí un campo. Con lo que me quedó, me alcanzó para comprar este en La Herradura, porque era un campo más chico, estaba medio abandonado, la casa era una tapera. Pero bueno, era lo que pude comprar y fui allí”.
Tuve “la suerte”, de conocer a un ingeniero honesto y capaz. “De sacar 50 litros llegué a sacar con él 360 mil litros al mes”. Al ingeniero Carlos Oddino, de Marcos Juárez, lo conoció en una charla: “Le pedí que me ayudara”, a lo que el profesional dijo que sí. “Formamos un grupo que se llamó ‘Ruta 9’ y empezamos a mejorar”, dijo.
Luego, llegó el Cambio Rural, que se inauguró el 3 de julio de 1993, con una reunión realizada, precisamente, en el campo de Marinelli, Monte Chico, el que hoy es noticia por el parto múltiple. “Yo estaba siempre abierto a lo que venía”.
Empecé a inseminar en el año 1983 con genética de Estados Unidos. “Siempre venían a visitarme de ese país y los egresados de la Universidad de Córdoba también venían al campo a conocernos”.
Estas prácticas innovadoras para la época y el fomento del asociativismo fueron configurando la lechería de la cuenca hasta convertirse en la más importante del país. Y en ese camino, Marinelli tuvo mucho que ver.
Hoy vive en el pueblo y, si bien está tranquilo porque dejó el tambo “en buenas manos”, confiesa que al principio le costó bastante. “De salir de mi casa a las 7 de la mañana y volver a la noche después de ver las vacas, ir al banco y estar muy activo, pasé a no hacer nada. No fue fácil, pero ya me adapté y voy una vez a la semana, hablo con la gente y veo las vacas, que es lo que siempre me gustó. Es más, hay una que me reconoce cuando llego y viene a saludarme”, concluyó.
