Memoria, instituciones y el valor de la política

A 50 años del quiebre

La democracia se debilita cuando se relativiza el pasado, cuando se practica la negación en nombre de la memoria completa
martes, 24 de marzo de 2026 · 08:36

Escribe: Alfredo Nigro
Legislador provincial

Hace cinco décadas, la Argentina dejó de convivir en el disenso para empezar a vivir bajo el imperio del miedo, ese miedo que fue empleado como técnica para la gestión social. Aquel 24 de marzo de 1976 no solo representó el derrocamiento de un gobierno constitucional; sino que fue la ruptura más profunda de nuestra historia, el momento en que el Estado se convirtió en un instrumento de persecución y silenció muchas voces a través de un plan sistemático de terror.

Sin embargo (y por fortuna), la identidad de nuestro país también se forjó en la capacidad de reconstruirse, de ser resiliente ante este escenario. Los argentinos fuimos capaces de recuperar la democracia y consolidarla con un hito que nos dio prestigio mundial: el Juicio a las Juntas. Bajo el impulso del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, logramos que, por primera vez, un país juzgara a los responsables de su propia dictadura bajo el estricto marco de la ley.

 

La democracia como práctica viva

Hoy, como hijos de este proceso, debemos entender que la democracia no es una palabra abstracta. Es una práctica cotidiana que se nutre de la participación y, en consecuencia, de la representación. Es el escenario donde las diferencias se expresan y se canalizan a través de la política, la misma que se basa en el disenso y que se sostiene a través de su fin: el consenso.

Pero para que ese desacuerdo no derive en tiranía, necesitamos instituciones sólidas. Es por eso, que desde el lugar que hoy me toca ocupar, quiero revalorizar a las legislaturas y los cuerpos colegiados, que son, precisamente, la arquitectura donde las diferencias se ordenan y la competencia por el poder encuentra reglas claras; algo que hubiese sido impensado 50 años atrás. Y hoy, con nuestras libertades, enarbolamos la bandera de la política, aquella que con todas sus tensiones, se consagra como la única herramienta que tenemos para construir un destino común.

 

Los peligros de la desmemoria

La democracia se debilita cuando se relativiza el pasado, cuando se practica la negación en nombre de la memoria completa, cuando se degrada el valor de lo público o cuando se banaliza la violencia en el discurso. No podemos dar por sentado lo que hoy tenemos, que es mucho. Entre ellos, elijo destacar la libertad de expresión y de prensa, elecciones libres y periódicas, y una Constitución que nos ampara.

Sin dudas, se trata de derechos que hace 50 años fueron brutalmente negados y que hoy son la base de nuestra convivencia. Que quizás, por el momento, dimos por sentado, pero que realmente nutren y nos permiten desarrollarnos en un país resiliente y pujante como el nuestro.

 

Un compromiso hacia el futuro

En este Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el ejercicio de recordar no es, y a decir verdad ni debe ser, un simple acto de nostalgia. Es una guía para el presente y una responsabilidad hacia las generaciones venideras. Reafirmar nuestro compromiso con los derechos humanos implica también defender el acceso a la educación, la salud, el trabajo y la cultura.

Cuidar la democracia en el día a día, respetando las instituciones y buscando el bien común a pesar de las diferencias, es la mejor manera de honrar a quienes lucharon por una Argentina libre, justa y solidaria. Porque la memoria es, ante todo, el cimiento de nuestro futuro.