El concejal Diego Olivero reflexionó sobre la crisis del sector comercial
“La foto del centro no es más que el reflejo de la realidad nacional”
El edil del oficialismo escribe sobre la situación económica que provoca una caída del consumo y genera malestar en varios sectores, sobre todo en el comercioEscribe: DIEGO OLIVERO Concejal
El contexto macroeconómico actual evidencia una fuerte caída del consumo, y los nuevos lineamientos laborales y las transformaciones en las formas de comercialización desafían tanto al comercio como a la industria local, poniendo en jaque puestos de trabajo.
Basta con caminar por el centro, no solo de Villa María, sino el de Córdoba, Río Cuarto, el de la misma ciudad de Buenos Aires..., o basta con encender la televisión para advertir los resultados de un modelo económico que algunos burócratas analizan desde una planilla de Excel, pero que en la cotidianeidad golpea con fuerza. Si bien cayó la inflación (no a los indicadores propuestos por el Gobierno nacional), cayó a costa de matar el consumo, secar la plaza y evitar el crecimiento de la demanda, y esto no ha sido más que la generadora de la recesión que lleva más de 20 meses achicando la capacidad de compra y gastos de las familias.
Todo ello, desatendiendo la realidad de las mesas familiares, de las personas mayores y de los sectores comerciales y productivos.
Quienes tenemos un compromiso con el bien común y una preocupación genuina por las condiciones de vida de los villamarienses estamos ocupados en acercar soluciones desde el lugar que nos toca. Pero también estamos preocupados por el rumbo económico del Gobierno del Milei, que desde el primer día fue tan claro como determinante. Prestaciones que antes se daban desde el Gobierno federal recaen en manos de las provincias y municipios que tienen cada vez más demandas y menos subsidios, como en el caso concreto del transporte.
Si bien nos encontramos en plena pampa gringa, con una cosecha récord y condiciones climáticas favorables, las familias -como núcleo social- atraviesan, en su gran mayoría, un momento de retracción en sus proyectos de vida. Hoy resulta cada vez más difícil mantenerse socialmente, ni hablar de ampliar la casa, cambiar el auto, salir a comer o comprar ropa. Cualquier gasto (incluso algunos prioritarios) condiciona en riesgo la posibilidad de llegar a fin de mes. Y ni hablar de los sectores más vulnerables, donde vuelve a verse -como hacía años no ocurría- la dificultad para acceder a algo tan básico como la alimentación.
A diferencia de otras crisis del siglo XX, hoy, muchos cuentan con tarjetas de crédito que, lejos de ser una solución, se transforman en un boomerang financiero que perpetúa el endeudamiento. Así, vecinos y vecinas quedan atrapados en una lógica de dependencia financiera que atenta contra su integridad.
Luego de afrontar gastos corrientes, como la luz -ya sin subsidio nacional-, agua, Internet y otros servicios, a las familias ya no les queda mucho margen para consumir en el comercio.
El poder de compra se ha deteriorado notablemente, se ha aniquilado. Y la inflación, lejos de ser un tema histórico, continúa impactando en los bolsillos.
En Villa María lo vemos a diario: detrás de cada persiana que se baja y de cada familia que ajusta sus gastos hay una historia concreta que se ve afectada. Por eso, más que nunca, necesitamos fortalecer nuestra comunidad, dejar de lado las mezquindades políticas, porque salir adelante no puede ser un privilegio: tiene que volver a ser una posibilidad real para todos, aun en un contexto económico nacional que prioriza lo financiero por lo humano.
