Miguel Pelaez, bombero
Testigo de un milagro
La Iglesia Católica corroboró dos milagros atribuidos a José Gabriel Brochero, lo que permitió que lo declararan Santo.
Uno de esos milagros fue la recuperación de Nicolás Flores, quien el 18 de septiembre del año 2000 tuvo un accidente que le causó heridas gravísimas. Los pronósticos no eran alentadores.
El bombero que llegó a socorrer a las víctimas del choque entre una Ford sin luces y un Polo blanco fue Miguel Pelaez (foto), de Alta Gracia.
“Me acuerdo que a la tardecita de ese día tocó la sirena y salimos para el Cuartel. De allí vamos al lugar del accidente, en la zona de Falda del Cañete, cerca de donde estaba la fábrica de misiles, hoy CONAE”, dijo a la 90.1, laRadio del Centro del País.
Con poca luz, buscaron a las víctimas. En el Polo, el conductor -que era el abuelo de Nicolás- había fallecido. La abuela y la madre estaban con heridas graves y el padre resultó ileso. “Él es quien me llama”, dijo.
En el otro vehículo también hubo heridos, dado que había entre siete y ocho personas que iban viajando en la cabina y en la caja. “Muchos critican a la Caminera, pero acá, al menos, han reducido esos accidentes”, planteó.
Pelaez fue a socorrer al pequeño de 11 meses y notó que tenía sangre en la parte de atrás de la cabeza. No era buena señal. “Además, ahí le dio el primer paro cardíaco y lo reanimamos. Así estuvimos hasta que llegó la ambulancia de alta complejidad para llevarlo a Córdoba, al Hospital de Niños. En el trayecto, Nicolás sufrió tres o cuatro paros más”.
“Fue una de las primeras veces que la Policía hizo el cordón sanitario, por lo que se llegó rápidamente”, agregó.
El padre del pequeño encomendó la vida de su hijo al cura Brochero.
“Para nosotros, los bomberos, que en general no tenemos contactos con las víctimas después de los hechos, había quedado todo ahí. Pero en este caso, después de muchos años, me llamaron del Arzobispado para hacerme preguntas puntuales del accidente”, recordó. Tiempo después supo que estaban evaluando si se había producido un milagro, porque Nicolás, contra todo pronóstico médico, se recuperó y, pese algunas limitaciones, hace una vida normal.
Miguel, el primer bombero que lo socorrió, siguió estando presente en la familia Flores. “Fui a la beatificación del cura Brochero, que se hizo en Traslasierra, lo que resultó en una de las experiencias más increíbles que me tocó vivir. También estuve en el Vaticano cuando fue canonizado”. “Si me preguntás, la emoción más grande fue acá, en la casa de Brochero”.
El sábado último compartió un encuentro con Nicolás y su familia en Nono, en medio de La Brocheriana. Cree, después de todo lo vivido, que la “fe es un motor que hace que la gente busque ser mejor. Es una herramienta que le dé esperanza a muchos”. Lo dice el testigo del milagro.
