Entrevista - Marcela Sanmartino, sobrina de las mellizas Carranza, víctimas del terrorismo de Estado
“Una pequeña reparación”
La Justicia identificó, a partir de restos óseos encontrados en La Perla, a una de las mellizas Carranza. Una de sus sobrinas habló ante elDiario relatando lo que significa ese hallazgo tras cinco décadas de espera“Encontramos los restos de Adriana o Cecilia, y seguimos buscando a Adriana o Cecilia”. Una está muerta, la otra sigue desaparecida.
Así comenzó diciendo Marcela Sanmartino, sobrina de las mellizas Cecilia María Carranza y Adriana María Carranza, nacidas en San Francisco y secuestradas en la madrugada del 5 de mayo de 1976 en la pensión donde vivían en Córdoba capital.
Una de ellas fue identificada por el Equipo Argentino de Antropología Forense a partir de un pequeño resto óseo que encontraron en la Loma del Torito, en cercanías al ex-Centro Clandestino de La Perla.
Dado que el ADN es similar por ser mellizas, no pueden saber cuál es la que estaba enterrada en ese lugar y, por lo tanto, la incertidumbre de la familia sigue abierta.
Mirar el horror con ojos de niña
Al inicio del gobierno de facto, Marcela Sanmartino vio cómo el mundo de su familia se puso patas para arriba.
“No sé si a esa edad lo comprendía bien, sí entendía el concepto de desaparecido; pero lo que sí sé es que en 1976 todo cambió. Se acabaron esas reuniones de familia numerosa, con todos los primos, siempre muy alegres. Eso no pasó más”, dijo Marcela en diálogo con elDiario.
En una especie de diario, ella había escrito, de niña, que le había preguntado a su mamá cuándo iban a volver las tías. “Mi mamá, 20 años mayor, me contestó que no me preocupe, que ya iban a volver. Pero eso me lo decía llorando”.
También recuerda que sus tías eran para ellas “unas ídolas”, por la forma de ser, de vestirse. “Eran muy lindas, de carácter fuerte y muy agradables”.
Cuando fueron a Córdoba a estudiar -Adriana Ciencias de la Información y Cecilia Ciencias de la Educación- “ya las veían menos porque además de ir a la Universidad, hacían un gran trabajo social”.
Cinco décadas
El tiempo pasó y el duelo de la familia nunca se pudo cerrar. Su madre, que el martes próximo cumple 88 años les había pedido que aunque sea “le llevaran un hueso de ‘las nenas’, como las nombraba ella”.
Cuando la semana pasada las llamaron desde el Juzgado Federal, no lo podían creer. Viajó con su hermana desde La Plata a Córdoba, donde le informaron sobre el hallazgo.
“Mi mamá siempre estuvo al tanto y cuando volvimos, se reunieron los hermanos e hicieron una especie de velorio. Cincuenta años después”.
“En medio de todo el horror, es una pequeña reparación”, dijo.
Para que eso sea posible, fue indispensable el accionar de la Justicia que busca los cuerpos de los desaparecidos, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense y la tarea de un grupo menos conocido que “con Guillermo Sagripanti, de la Universidad de Río Cuarto, hizo la investigación geológica para determinar dónde buscar”.
“El mismo Sagripanti dice que hay un poco de azar, pero también hay esfuerzo y conocimiento. Ellos, con imágenes de la época y trabajo de campo, lograron determinar los lugares en los que la tierra no correspondía al monte y ahí buscaron”, afirmó.
Hoy, no puede decir que su familia cerró una etapa porque la incertidumbre sigue presente.
También sabe que “el ocultamiento sobre los puntos de enterramiento” de parte de los responsables de crímenes de lesa humanidad “sigue siendo un delito”. Pero, como dijo en otro tramo de la entrevista, representa para todos, y especialmente para su madre, “una pequeña reparación”.
Aún faltan seis identificaciones
Para cerrar la entrevista ante elDiario, Marcela Sanmartino dijo que es importante que la gente “que aún no ha dado sangre para buscar a un ser querido desaparecido en la dictadura, lo haga”. “También que si saben de alguien cercano, que insistan en buscarlo”.
Esto es porque el Equipo de Antropología Forense identificó a 18 personas a partir de los restos óseos encontrados en Loma del Torito. De ese total, a 12 pudieron darles un nombre y entregarlo a los familiares. “Los seis restantes no pueden saber quiénes son porque no hay material genético para cotejarlo”, dijo.
