Una radiografía comercial de la ciudad
El nuevo centro de Villa María, entre cafés y bazares chinos
Cinco locales repletos de “chucherías” donde se puede pasar horas y el emprendimiento que ofrece la bebida en todas sus variantes, en el centro de la escenaQue el semblante del microcentro de la ciudad ha cambiado no es cosa nueva. Peatonal sí, peatonal no; estacionamiento sí, estacionamiento no; horario de corrido sí, horario de corrido no.
Son muchas las variantes que conviven en un microcentro donde se multiplican los locales vacíos. En esa puja, el sector inmobiliario habla de precios “acordes”, mientras que aquellos que quieren emprender hablan de “precios irrisorios”.
Pero –en este paisaje urbano– existen, al menos, dos factores que han marcado un crecimiento de relieve entre los cuatro bulevares.

Vamos al grano de café
En primer punto, existe una explosión gastronómica centrada en los “cafés”.
Aquellos que fueron locales de compras, bazares extintos, locales de cosmética y hasta viviendas, hoy se mutaron para servir desayunos, meriendas y hasta un brunch. Cierran a las 22 y no ofrecen más que un aliciente para “engañar la panza”.
El crecimiento de los baristas -y su perfeccionamiento-, el café de autor y todas sus variantes le han dado un impulso a la bebida que ahora puede tomarse fría o caliente.
Frutos del bosque, con caramelo, con leche condensada, capuchino, frapuchino o como quieras, el café está ahí como algo nuevo que puede acompañarse con nuevas delicias gastronómicas como el croissant, a veces con jamón y queso, a veces con durazno, a veces con frutilla con cremas. Aunque también sobreviven las clásicas mafaldas, el tostado, las medialunas y los bizcochos (¿o criollos?).
Desde las asociaciones comerciales celebran que estos espacios hayan encontrado una manera de ingresar en el circuito comercial, aunque su ocupación es más bien distinta que en otros tiempos.
Es que ahora pasaron a ser un lugar de paso, de reuniones breves o tienen la oportunidad de que el visitante coloque su notebook y se tome un café mientras cumple algún trámite.
Los restaurantes, si bien siguen emergiendo, ya la cantidad de mesas es menor y se apuesta mayormente al delivery o al take away.
Este es el primer punto que se destaca o, por lo menos, que se percibe en el panorama de menúes para los visitantes.
Bien sabido es que la digitalización ha llevado a una merma en cuanto a la densidad poblacional. Ya no todos van al centro a “hacer un trámite”, producto de la digitalización de instituciones privadas o públicas y el consumidor ha cambiado sus hábitos, comprando más en línea.
Para pasar horas
Pero existe otro emprendimiento que ha marcado –y en muy poco tiempo– su impronta a nivel local. Los bazares chinos.
Ocupando lugares preferenciales, donde anteriormente se desenvolvían comercios de gran volumen, hoy los mismos “coparon” el centro. Algunos hablan del retorno de los “Todos x 2”, pero esto es otra cosa, más simple, sin tanta parafernalia, sino que más bien un objetivo único: vender y que los productos roten.
Si bien el fenómeno no responde a una sola causa ni a una sola ciudad, la escala es nacional, con una lógica económica que busca que el cliente “compre mucho, gaste relativamente poco y pueda llevarse todo de un solo lugar”, dice alguien especializado en el tema.
A diferencia de las tiendas a las que la virtualidad las ha migrado o cambiado, los bazares abren, se expanden, pagan alquileres altos y apuestan al centro.
Se trata de una nueva oportunidad de negocio que está adaptada a una regulación menos, mayor margen y también un contexto económico volátil.
Pero los asiáticos que están al frente de todo esto no son extranjeros recién llegados, sino que muchos hace mucho permanecen en la argentina (hijos o nietos de aquellos que pusieron supermercados).
Son personas que conocen el gusto y los hábitos locales, manejan el idioma, usan la “digitalidad” y poseen una conexión directa con el gigante asiático. Se trata de una combinación perfecta.
El hecho de la importación de contenedores, donde todo llega y todo se ubica, simplifica todo.
Son el aliado perfecto para aquel que quiere salir de apuro, comprar un regalo simple, barato y quedar bien.
De igual modo existe un reclamo que tiene que ver con lo laboral. Hace un tiempo atrás se había viralizado el video de una joven denunciando que las condiciones de trabajo –o los requerimientos–eran poco atractivos para alguien que quiera ingresar en el mercado laboral.
Con profundidad, góndolas (miles de góndolas) y sin relojes - lo que hace que uno no tome dimensión del paso del tiempo- los bazares se han hecho un lugar y aquel que fue uno ahora son cinco y pueden ser más.
Luces, termos, juguetes, maquillaje, cargadores, todo llega, todo se vende. Todo está.
A?la par existen otros bazares en la ciudad, que están desde hace mucho tiempo. Y otros que cerraron para que, más tarde, un asiático le pusiera un nuevo cartel y levantara la persiana.
Vengo del futuro
No, en realidad este cronista no ha viajado al futuro, sino que el diario AS, de España, alertó que se notó una baja en los bazares en dicho país. Hoy, en el Viejo Continente, se está optando por otros tipos de negocios como comercios tecnológicos, salones de belleza, tiendas de ropa y atención... cafeterías.
