Una jornada de lucha y memoria

Villa María marchó por el 8M

Con “Justicia por Delfina” como consigna, decenas de personas se reunieron para avanzar hacia el Concejo Deliberante, la Municipalidad y la Policía
martes, 10 de marzo de 2026 · 07:48

La ciudad de Villa María vivió ayer una jornada de movilización que, aunque debió ser reprogramada el 8 de marzo por las condiciones climáticas, no perdió fuerza ni convocatoria.

 La Municipalidad formó parte del recorrido 

Decenas de personas de distintas edades se concentraron en la ciudad para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En esta ocasión, el eje central fue la exigencia de justicia por Delfina Aimino, recordada como el primer femicidio registrado este año en Argentina, ocurrido precisamente en esta ciudad.

 

Concentración y compromiso social

La convocatoria realizada por la Asamblea Transfeminista de Villa María y Villa Nueva, comenzó a las 17 en el Teatrino del Parque de la Vida con una colecta de alimentos no perecederos para las brigadas solidarias de la ciudad y una explicación sobre cómo sería el recorrido de la marcha.

Al mismo tiempo, algunas mujeres repartían pañuelos verdes para escribir y los carteles caseros empezaban a alzarse. En ellos se podían leer frases como “Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista”; “Sean eternos los derechos que supimos conseguir”; “Feliz va a ser el día que no falte ninguna”; “Eso que llamas ‘woke’´´son derechos humanos”; “Estar viva no debería ser un logro”; y “Ningún derecho menos”.

 

El recorrido

A las 18 comenzó la marcha con un itinerario que fue diseñado para interpelar directamente a los tres estamentos del Poder local.

La columna hizo su paso primero por el Concejo Deliberante y luego continuó hacia el Palacio Municipal, donde se formó una ronda al grito de “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”.

El sonido de los bombos y el aplauso sostenido de los presentes marcaron el ritmo de una marcha pacífica, pero firme.

A lo largo de las cuadras, los cánticos que más resonaron  fueron: “Yo sabía que a los femicidas los banca la Policía, yo sabía”; “Olé olé, olá olá, ni una menos ni una más. Gritamos todas emergencia nacional”; “¿Y el miedo? ¡Que arda!”.

Además, en el camino, en árboles, cestos y postes, se pegaron carteles con nombres de víctimas acompañados de la palabra “¡presente!”.

Al llegar al centro, en una de las esquinas de la plaza Centenario, frente a la cantidad de personas que circulaban y a quienes estaban sentados en los bares, el grito por el altavoz fue un pedido a“no ser indiferente”.?“¡Señor, señora, no sea indiferente! ¡Nos matan a las pibas en la cara de la gente!”, exclamaban.

 

La llegada a Tribunales y el comunicado

El momento de mayor carga simbólica se vivió cuando la movilización alcanzó el sector de la Policía y los Tribunales.

Allí, el nombre de Delfina se convirtió en el eje del reclamo.  Con su mamá presente y con la bandera “Justicia por Delfina” colgada en el costado derecho, quien sostenía el altavoz agradeció a los presentes por “acompañar sus reclamos” e invitó a que todos “griten con fuerza”.

Seguidamente, siete mujeres leyeron el comunicado publicado por la Asamblea Transfeminista en sus redes sociales en el marco del 8M:

“Este 8 de marzo volvemos a las calles porque nuestras vidas están en riesgo. Porque el ajuste no es neutro: tiene género, clase, edad y capacidad.

Y porque la violencia no es un exceso: es parte del proyecto político que hoy gobierna.

El proyecto de reforma laboral impulsado por el gobierno de Javier Milei profundiza un modelo de precarización que impacta de forma directa y desigual sobre las mujeres. La flexibilización de derechos laborales, la eliminación de protecciones históricas y el debilitamiento de la negociación colectiva consolidan un escenario de mayor explotación, informalidad y pobreza feminizada.

Las mujeres y disidencias somos mayoría en los trabajos más precarizados: empleo doméstico, cuidados, comercio, educación, salud, cultura. Sostenemos tareas no remuneradas indispensables para la reproducción de la vida. Frente a esto, el Gobierno responde con ajuste, desregulación y desprecio por el trabajo.

Pero este modelo no se limita al plano económico. Este gobierno promueve la violencia desde el discurso y desde la acción estatal. Se persigue, estigmatiza y criminaliza a mujeres y disidencias, a organizaciones sociales, sindicales, culturales y a quienes piensan distinto.

Se ataca al feminismo, se niega la violencia de género, se desmantelan políticas de prevención y acompañamiento, y se legitima un clima de odio que habilita más agresiones, más exclusión y más muertes.

Necesitamos decirlo con claridad: cuando el Estado niega la violencia, la reproduce. Cuando recorta políticas, cuando desfinancia programas, cuando ridiculiza nuestras luchas, cuando habilita discursos de odio, es responsable. Este año, el primer femicidio del país ocurrió en nuestra ciudad, Villa María. No es un dato más. Nos duele, nos interpela y nos obliga a alzar la voz. Exigimos políticas integrales, presupuesto, prevención, protección real y justicia. No queremos más minutos de silencio: queremos vivir.

El ataque del Gobierno alcanza también a otros sectores históricamente vulnerados: las personas con discapacidad son empujadas a la exclusión mediante el vaciamiento de políticas públicas, el retraso en prestaciones y la deshumanización administrativa. Las tareas de cuidado -mayoritariamente asumidas por mujeres- vuelven a recaer sobre los hogares ante el abandono estatal.

Las jubiladas y jubilados, especialmente las mujeres con trayectorias laborales atravesadas por los cuidados, enfrentan ingresos de miseria, pérdida de medicamentos y condiciones de vida indignas.

Las trabajadoras del arte y la cultura sufren el desfinanciamiento, la censura indirecta y la precarización extrema. Sin cultura no hay memoria, no hay pensamiento crítico, no hay democracia.

Las trabajadoras de las universidades y las escuelas públicas enfrentan salarios licuados, presupuestos congelados y un ataque sistemático al derecho social a la educación.

Las trabajadoras de la salud sostienen un sistema en emergencia permanente, con sobrecarga laboral, precarización y salarios que no alcanzan para vivir, mientras se impulsa un modelo que convierte la salud en mercancía.

Este gobierno no solo ajusta: violenta, fragmenta y excluye. Ataca lo común, desprecia la solidaridad y niega las desigualdades estructurales. Su proyecto es incompatible con una vida digna para las mayorías.

Desde la Asamblea Transfeminista de Villa María decimos con claridad: no hay justicia social sin justicia de género, no hay libertad sin derechos,?no hay democracia con persecución y odio; no hay futuro sin cuidados, sin trabajo digno, sin educación, sin salud, sin cultura;?y no hay Estado legítimo si no protege nuestras vidas frente a los femicidios.

Este 8M marchamos por nosotras, por quienes cuidan, por quienes resisten, por quienes ya no están y por quienes vendrán.

Marchamos porque el ajuste también es violencia. Marchamos porque nuestras vidas importan.

Nos vemos en las calles”.

 

Organización y memoria

La desconcentración se produjo entrada la tarde en un clima de tranquilidad.

A pesar del retraso por el clima, la movilización del 8M en Villa María reafirmó que las mujeres, disidencias y referentes de organizaciones que recorrieron los distintos puntos para hacer oír sus reclamos, no tienen miedo y “América Latina va a ser toda feminista”.

Finalmente, anunciaron que el Festival Feminista, donde habrá intervenciones de danzas y tamboreras, DJ’s y distintos artistas se realizará este fin de semana.

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