La solista villamariense dio una charla en Canarias y tocó allí días atrás con la Orquesta Sinfonía de Bamberg

La chelista Sol Gabetta sigue brillando intenso

Además, también tocó posteriormente en Tenerife. La intérprete sigue sumando éxitos, siendo una de las más brillantes chelistas en todo el mundo, poniendo bien en alto el nombre de Villa María
martes, 10 de febrero de 2026 · 08:30

“Tiene más valor para mí esta charla que tengo con ustedes, que cualquier tiempo que pase en Instagram”.

Estas son las palabras de la chelista argentina -y orgullosa villamariense-, Sol Gabetta, que el 28 de enero  mantuvo un enriquecedor diálogo -y que repitió un día después- con alumnos y profesores del Conservatorio Superior de Música de Canarias en su sede Gran Canaria (España).

De esta manera, la talentosísima y brillante chelista nacida en Villa María hace casi 45 años (los cumple en abril próximo), sigue acrecentando su carrera, ya sea tocando, enseñando o compartiendo anécdotas de su carrera, o cómo y por qué eligió el camino de la gran música, más allá de haber nacido para tocar de una manera inconmensurable. Una niña prodigio que continúa creciendo como chelista en el mundo entero, tocando en los mejores escenarios y codeándose con los mejores de la música clásica.

 

Otro gran concierto

La solista intervino horas antes de su paso por el 42º Festival de Música de Canarias en el auditorio Alfredo Kraus, junto a la Orquesta Sinfónica de Bamberg, y acompañada por el director checo Jakub Hruša. Un concierto que se repitió días después en el Auditorio de Tenerife, y donde Gabetta debuta con su interpretación del Concierto para violonchelo en Mi menor op. 85, de Edward Elgar (1857-1934) a través de su preciado instrumento, un Matteo Goffriller veneciano de 1730, un objeto sonoro de valor incalculable.

 

Seguidores en Internet

“Muchos solistas tiene demasiado éxito virtual, pero el concierto les queda grande”, aseguró, y añadió ante los cautivados alumnos presentes: “Tienen 100 mil seguidores en Internet, pero no llenan una sala, porque ninguno va a verlo en directo”, Y aunque afirma que pueden crear su propio video “no dejan huella porque lo personal tiene más valor”.

En este sentido, la solista subrayó que “aunque muchos músicos tengan técnica interpretativa, tocan sin sentido musical por el miedo al juicio, y eso se nota, pero si tocas con todo el corazón y el alma eso se transmite”.

De este modo, el éxito es, desde su punto de vista, “algo que tenga personalidad y sea único, aunque pueda o no gustar”. Porque para ella el resultado “siempre será algo respetable, y lo más difícil e importante es hacerse querer por otros profesionales”.

La solista también dijo: “Cuanto más aprendas de lo que los otros músicos tienen que hacer en una orquesta más criterio puedes tener para ti”.

 Y habló del fenómeno de la distonía producto de hacer muchos conciertos rápidos.

“Si lo haces lento se graba mejor en la mente. El trabajo lento es muy bueno para el cerebro. Hay que conocerse a uno mismo y darle espacio al descanso mental antes del concierto, es muy importante”.

 

Los jóvenes y la música

Gabetta reconoció que la situación de los jóvenes músicos cambió tras el covid. “Cuando empecé era difícil, pero había menos gente. Ahora hay más músicos y orquestas y el nivel ha crecido en todos los ámbitos”. Y recordó que “cuando salí de Berlín con 23 años no sabía qué iba a hacer con mi vida y nunca pensé que iba a ser solista”. Por eso recomendó que “hay que tener un objetivo”, pero también mirar otras posibilidades. Y señaló: “Tengo muchos amigos músicos reformados, y por eso hay que tener una cabeza más abierta a otras cosas que tengan que ver con esta profesión. Lo otro sería solo dos opciones: o el éxito personal o la depresión”.

 

Concierto en Canarias

Sol Gabetta, nacida en Villa María, Argentina, el 18 de abril 1981, con su chelo de 1730 fue un verdadero  lujo: artista, instrumento, orquesta y concierto, con Elgar revisitado.

Hace décadas ya tocaba Sol este concierto, pero ahora lo hace siendo más sabia, más emotiva, más ardorosa, porque más allá de su prodigosa forma de tocar, Gabetta toca con todo su cuerpo, con cada músculo, poroa y gesto de su ser.

Afirman que comenzó lánguida, llevando al oyente a esas tardes otoñales donde se puede tararear el tema del adagio como forma de alegrar el alma. Un movimiento donde dialogaban -como si se conocieran mucho- solista y orquesta, algo que continuó en los casi 30 minutos de la pieza. Instalados en la placidez del sonido del violonchelo, con el segundo y tercer movimiento se pasó de la tranquilidad al juego, de la hermosura de un adagio al atrevimiento alegre de una intérprete que sacaba emociones de cada lenta melodía.

El último movimiento permitió ver todo el virtuosismo de Sol, alguien que vive con toda su humanidad la música, algo que hace alborozada e intensa. Felices ya, con una sala entregada, vino la propina: la segunda de las cinco piezas en estilo popular Op. 102 de Schumann, con arreglo de la propia Sol y el acompañamiento de toda la sección de chelos, 8 + 1. Un  regalo en conjunto especial, delicado y lírico.

 

Devorando a Dvorák

La segunda parte, la Quinta Sinfonía de Dvorák, fue un paseo por una música placentera donde el director sonreía, saltaba, vibraba y emitía palabras que acompañaban melodías. Una orquesta que también sonreía con los abundantes allegro (sería allegri, entonces), en especial el segundo. Hubo bis: la Suite en La mayor, op. 89b, o Suite americana, de Dvorák, breve pieza para acabar de alegrar la noche. Dichosos sean los habitantes de Bamberg con su orquesta, tocando con Sol, y que puedan incluso tocar en la ciudad en donde nació Gabetta.

 Porque las y los villamarienses, que no saben del talento que pone en alto el nombre de esta ciudad por todo el mundo, merecen oírla, sentirla y admirarla. Esta ciudad, Córdoba y Argentina le deben un homenaje a la altura de su prodigioso talento, que muchos ignoran.