El Festival Aéreo Villa María 2026 finalizó a lo grande y con muchísimo público
La magia de volar
Las más de cinco mil personas que fueron parte del show aéreo disfrutaron de un día perfecto mirando las acrobacias, a los que se lanzaron en paracaídas y tantas emociones másDesde la ruta ya se podía advertir que algo especial estaba sucediendo. Los autos llegaban de manera constante al predio del Aeropuerto Néstor Kirchner de Villa María y, adentro, las familias buscaban un lugar con sus reposeras para instalarse durante buena parte del día. El mate, los chicos corriendo y mirando hacia arriba y el movimiento permanente de los aviones le dieron al lugar el clima de un gran encuentro familiar.
Con una temperatura ideal, algunas nubes y un poco de viento, el Festival Aéreo local volvió a convocar a miles de personas. El presidente del Aero Club Villa María, Osvaldo Villanueva, estimó que entre sábado y domingo pasaron “más de 10 mil espectadores por el predio”, una cifra que todavía no había podido ser contabilizada de manera definitiva, pero que encontraba su reflejo en un estacionamiento completamente colmado.
El cielo, protagonista
Arriba, mientras tanto, estuvo el verdadero espectáculo. Cinco reconocidos pilotos de acrobacia aérea llegaron para participar de las demostraciones, junto con aeronaves del Aero Club y clubes amigos.
Uno de los momentos que más llamó la atención fue el vuelo conjunto protagonizado por Sergio Marinhas y Jorge Malatini, que realizaron sus maniobras junto a un aeromodelo controlado a distancia por el villamariense Julián Giraldo. Los dos aviones tripulados y la pequeña aeronave a escala compartieron el cielo durante una secuencia que obligó al público a seguir cada movimiento con asombro.
Para quienes observaron desde abajo, algunas de esas maniobras parecen imposibles. Marinhas, sin embargo, explicó que detrás de cada una existe entrenamiento y un trabajo permanente con márgenes de seguridad. Pero también hay algo menos técnico y mucho más sencillo: pasión.
“Nos encanta volar y lo disfrutamos”, contó el piloto tras aterrizar, que destacó además el valor de estos festivales como lugares de encuentro entre quienes comparten la actividad aeronáutica y llegan desde diferentes puntos del país y del mundo.
La propuesta se completó con vuelos de helicópteros, exhibiciones y un espectáculo de paracaidismo. Uno de los momentos destacados fue la participación de la Fuerza Aérea Argentina, cuyo helicóptero de gran porte sirvió como plataforma para el lanzamiento de los paracaidistas.
Volar por primera vez
Pero no todo consistió en mirar. Una de las actividades que más demanda tuvo fueron los vuelos de bautismo. La cantidad de personas que se inscribieron superó las expectativas y obligó a extender las operaciones hasta la noche.
Aviones del Aero Club y de instituciones amigas se mantuvieron en actividad durante horas para que quienes nunca habían volado pudieran tener su primera experiencia en el aire.
Mientras tanto, en tierra, la fiesta seguía con propuestas gastronómicas, artesanías y familias que decidieron quedarse durante toda la jornada. Hubo alrededor de 1.000 choripanes y entre 1.500 y 2.000 hamburguesas vendidos, según los datos aportados por Villanueva.
La cuenta regresiva
El festival tuvo, además, un significado especial: el Aero Club acaba de cumplir 89 años. Por eso, la edición de 2027 ya aparece en el horizonte como una celebración todavía mayor.
“Va a ser el doble de esto”, anticipó Villanueva al hablar de los 90 años de la institución.
El último, además de los muchos que hubo de iniciación y que sobrepasaron las expectativas, vuelo terminó de cerrar una jornada en la que Villa María volvió a mirar al cielo. Y abajo, entre reposeras, mates y familias, quedó flotando la sensación de que el próximo aniversario tendrá todavía más motivos para volver a hacerlo.
Un acróbata
La relación de Sergio Marinha, uno de los pilotos acróbatas, con el Aero Club Villa María comenzó mucho antes de que él se convirtiera en piloto acrobático.
Su padre hizo allí el curso de piloto privado en 1955 y siguió volando durante décadas, incluso hasta los 83 años. “Me crié en una familia aeronáutica”, contó Marinhas. Aquella pasión familiar terminó marcando también su camino, y dijo: “Estudié arquitectura, pero mi profesión se transformó en mi hobby y este, finalmente, es mi profesión”.
