Desarrollo regional - A propósito de lo que dejó el congreso internacional de la colectividad vasca

País Vasco, faro en estrategia

Bilbao, San Sebastián y Vitoria-Gasteiz construyeron durante décadas una transformación que hoy las coloca entre las ciudades más reconocidas de Europa. Sus historias dejan una pregunta para nuestra región: ¿podemos seguir sus pasos?
martes, 20 de octubre de 2026 · 08:34

Escribe: Pablo Matcovich
*ESPECIAL PARA ELDIARIO

Bilbao: cuando una ciudad se atreve a reinventar su futuro

En 1992, Bilbao enfrentaba uno de los mayores desafíos de su historia. Las fábricas cerraban, los astilleros perdían protagonismo y la crisis industrial golpeaba el empleo y la esperanza de miles de familias. La ciudad que había crecido junto a la ría del Nervión debía encontrar un nuevo rumbo. Y tomó una decisión trascendental: dejar de mirar con nostalgia su pasado para comenzar a construir su futuro.

La transformación no ocurrió de un día para otro. Fue el resultado de una visión compartida, de decisiones políticas, inversión pública, cooperación institucional y perseverancia. En 1995, el metro modernizó la movilidad; en 1997, el Museo Guggenheim abrió sus puertas y se convirtió en un símbolo mundial de renovación. La recuperación de la ría, los nuevos espacios públicos, el Palacio Euskalduna y la regeneración de antiguos terrenos industriales devolvieron vida a sectores olvidados.

Pero el verdadero cambio fue más profundo que la arquitectura: Bilbao comenzó a imaginarse diferente. Donde antes había abandono surgieron oportunidades; donde la industria había dejado heridas aparecieron espacios para la cultura, el encuentro y la innovación.

Así nació el llamado “efecto Bilbao”, la capacidad de una ciudad para transformar su realidad y proyectarse al mundo.

Su mayor enseñanza es humana: ninguna ciudad está condenada a ser lo que fue. Con visión, trabajo colectivo y continuidad puede convertir sus dificultades en oportunidades y construir un futuro que inspire orgullo y esperanza a las próximas generaciones.

 

 San Sebastián: una ciudad que crece mirando más allá de sus fronteras

San Sebastián, en el País Vasco, demuestra que el desarrollo de una ciudad no se mide únicamente por su crecimiento económico, sino también por la calidad de vida de sus habitantes, el cuidado del ambiente y la capacidad de construir un futuro compartido.

Durante las últimas décadas consolidó un modelo urbano que combina la recuperación de espacios públicos, la movilidad sostenible, la valorización de su frente marítimo, la cultura y la innovación. La bahía de La Concha, sus paseos costeros y sus barrios reflejan una identidad que busca armonizar el atractivo internacional con el bienestar cotidiano de la población.

El Festival Internacional de Cine, el Festival de Jazz y su reconocimiento gastronómico proyectaron la ciudad al mundo. Al mismo tiempo, la investigación y la innovación ampliaron sus oportunidades económicas.

Pero uno de sus mayores aprendizajes es comprender que el desarrollo no termina en los límites de una ciudad. La Eurociudad Vasca Bayona-San Sebastián representa esa visión: una cooperación transfronteriza entre Francia y España que busca integrar territorios, fortalecer vínculos y generar nuevas oportunidades.

Su enseñanza es inspiradora: cuando las ciudades trabajan juntas, las fronteras dejan de ser barreras y se convierten en puntos de encuentro. La Eurociudad expresa una idea fundamental para el desarrollo regional: compartir proyectos, infraestructura y conocimientos permite construir un futuro con más oportunidades, bienestar y prosperidad para todos.

 

 Vitoria-Gasteiz: una ciudad que hizo de la naturaleza su mejor aliada

Vitoria-Gasteiz, capital del País Vasco, demuestra que el desarrollo urbano puede avanzar de la mano de la sostenibilidad, la planificación estratégica y el bienestar de sus habitantes. Su transformación es el resultado de una visión que entiende la ciudad no solo como un espacio para vivir y trabajar, sino también como un entorno que debe cuidar la salud, la convivencia y el futuro de las próximas generaciones.

A lo largo de las últimas décadas, la ciudad impulsó políticas de movilidad sostenible, transporte público, recuperación de espacios verdes y planificación urbana. En 2012 fue distinguida como Capital Verde Europea, un reconocimiento internacional a sus políticas ambientales, su biodiversidad y su compromiso con la sostenibilidad.

Uno de sus grandes símbolos es el Anillo Verde, una red de parques periurbanos que conecta naturaleza, biodiversidad y espacios recreativos alrededor de la ciudad. Este proyecto contribuyó a recuperar áreas degradadas y acercar el paisaje natural a la vida cotidiana de sus habitantes.

La experiencia de Vitoria-Gasteiz deja una enseñanza fundamental: la naturaleza no debe ser considerada un lujo ni un elemento decorativo, sino una infraestructura esencial para el desarrollo.

Las ciudades que cuidan sus árboles, sus ríos, sus parques y su biodiversidad también cuidan a las personas. Porque una ciudad verdaderamente moderna no es aquella que construye más, sino aquella que logra crecer sin perder el vínculo con la naturaleza y garantiza un ambiente saludable para las generaciones futuras.

 

Lo que las ciudades vascas nos enseñan sobre desarrollo local y regional

Bilbao, San Sebastián y Vitoria-Gasteiz ofrecen tres caminos diferentes hacia un mismo objetivo: construir territorios competitivos, sostenibles y capaces de mejorar la vida de sus habitantes. Su principal enseñanza es que el desarrollo local no surge de una obra aislada, sino de una visión estratégica sostenida durante décadas.

Bilbao demuestra que una ciudad puede transformar una crisis profunda en una oportunidad mediante planificación, recuperación de espacios degradados, infraestructura, cultura, innovación y cooperación institucional. San Sebastián enseña que el paisaje, la identidad, la cultura, la gastronomía y la calidad urbana pueden convertirse en verdaderos activos económicos y sociales. Vitoria-Gasteiz demuestra que la sostenibilidad, la movilidad, los espacios verdes y el cuidado del ambiente pueden estar en el centro de una estrategia de desarrollo.

Pero existe una enseñanza todavía más profunda: las ciudades no se desarrollan solas. El éxito vasco está vinculado a la articulación entre municipios, Gobierno regional, universidades, empresas, centros tecnológicos y sociedad civil. Es decir, existe una mirada local y regional, simultáneamente.

Para una ciudad intermedia como Villa María, la experiencia vasca invita a pensar más allá de los límites municipales: crear redes, aprovechar el conocimiento, fortalecer la identidad local, planificar el territorio y establecer proyectos de largo plazo.

En definitiva, las ciudades vascas enseñan que desarrollar un territorio significa construir capacidades, generar confianza y convertir una visión compartida en políticas concretas y persistentes.

 

Villa María como nodo central de una región policéntrica

Villa María cuenta con fortalezas que pueden convertirse en el punto de partida de una nueva estrategia territorial: su reconocimiento como Ciudad del Aprendizaje de Unesco, el Parlamento de las Infancias, el presupuesto participativo Villa María Piensa y Propone, y las políticas de integración regional impulsadas a través de ENRED.

El desafío siguiente sería ampliar la escala de planificación y pensar una región policéntrica de aproximadamente 100 kilómetros alrededor de Villa María, donde distintas ciudades y localidades compartan funciones, infraestructura, conocimiento, producción, servicios y oportunidades.

En este modelo, Villa María no necesariamente debería concentrarlo todo. Por el contrario, podría funcionar como uno de los nodos articuladores de una red territorial, complementándose con otras ciudades y localidades especializadas en producción agroindustrial, industria, educación, turismo, servicios, logística, cultura y ambiente.

La región podría organizarse alrededor de cuatro grandes ejes vertebradores:

Río Ctalamochita: corredor ambiental, paisajístico, recreativo, turístico y cultural.

Ruta Nacional 9: gran eje nacional de conectividad, producción, logística y servicios.

Ruta Provincial 2: articulador transversal de localidades, actividades productivas y servicios.

Ruta 158: corredor del Mercosur, productivo, industrial, logístico y turístico.

A estos ejes deberían sumarse el ferrocarril, universidades, centros tecnológicos, parques industriales, aeropuertos, áreas rurales y redes de pequeñas y medianas ciudades.

La experiencia del País Vasco muestra que el territorio puede convertirse en una ventaja cuando existe cooperación entre municipios y planificación compartida.

Para Villa María, la oportunidad sería construir una Agenda Regional 2040 elaborada entre municipios, universidades, empresas, instituciones y ciudadanía.

El objetivo final: transformar un conjunto de ciudades próximas en una región policéntrica integrada, competitiva, sostenible y con identidad propia, donde Villa María actúe como uno de sus principales nodos de articulación.

* Especialista en Desarrollo Regional