Las calles

Sara Rietti: la primera química nuclear

­El nombre de la calle fue otorgado por ordenanza de abril de 2022, durante la Intendencia (interina) de Pablo Rosso
domingo, 18 de octubre de 2026 · 08:30

Sara Bartfeld de Rietti nació en Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1930, más conocida como Sara Rietti, fue la primera química nuclear de Argentina.

Su padre era un descendiente austríaco; y su madre, rusa. Él la incentivó en las ciencias exactas al verle facilidad para las matemáticas. Ella, al final, siguió el consejo paterno, a pesar de que le gustaba la filosofía, la historia o las ciencias políticas.

Comenzó a estudiar química en 1948, una vez finalizada su educación secundaria, recibiéndose de licenciada en 1954, previo a haber rendido en la Comisión Nacional de Energía Atómica su última materia en 1953, por estar intervenida en ese entonces la Facultad de Ciencias Exactas, hecho que en forma casual le permitió ser la primera química nuclear de su país. Como estudiante, participó de actividades, discusiones y campamentos organizados por el Centro de Estudiantes de Química junto a Cesar Milstein, Jorge Giambiagi y Víctor Rietti.

Sara Rietti creía y defendía activamente la necesidad de democratizar el conocimiento científico a través de la educación

Cursando su primera materia conoció precisamente a Rietti, con quien no quería establecer una relación sentimental con él por ser demasiado joven, por lo que solo se veían en la casa de estudios. Tras su insistencia contrajeron matrimonio, la pareja perduró por sesenta años y tuvieron tres hijos.

Su trabajo de tesis consistió en un estudio de la reacción entre tetracloruro de diboro y diborano, lo que ella bautizó como "boranos": compuestos químicos conocidos en la ciencia como hidruros de boro, usados en la industria aeroespacial. Finalmente, en 1963, obtuvo el Doctorado en esa especialidad­

Fue investigadora en el departamento de Química Inorgánica y Fisicoquímica de la Universidad de Buenos Aires entre 1955 y 1956. Además, trabajó en el Centro Editor de América Latina como directora de la Colección Científica.

Entre 1973 y 1975 fue directora de coordinación del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Precisamente en 1975 fue amenazada e “invitada” a que abandone el país, tiempo donde ella se refugió y trabajo desde otros espacios.

A la vuelta de la democracia en nuestro país, Manuel Sadosky la nombró jefa de Gabinete, cuando este fue secretario de Ciencia y Tecnología.

Fue una de las responsables de gestionar el regreso al país de César Milstein, exiliado en la época de la dictadura militar.

Desde 1994 hasta su deceso, Rietti fue coordinadora académica de la Maestría “Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología” de la UBA, y docente asesora del Rectorado de esa institución. También participó en todos los ámbitos de docencia, gestión e investigación en donde se desenvuelve la línea de pensamiento de Oscar Varsavsky, en el campo de las políticas para la ciencia, tecnología y sociedad.

Con Gregorio Klimovsky y José Babini fundó el Centro de Estudios de Ciencias. Fue integrante de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología.

En 2011, la Universidad Nacional de Rosario le concedió el Doctorado Honoris Causa en reconocimiento a su extensa trayectoria

Falleció en Buenos Aires, el 28 de mayo de 2017.

LOS BORANOS

Así les llemaba Rietti a los materiales que no podían recibir ni aire ni humedad, y debían permanecer siempre fríos. Es por ello que la obligaba a vigilar siempre sus compuestos, incluidos los fines de semanas que concurría a su laboratorio acompañada de sus hijos

Aquella noche de los bastones largos

Sara Rietti estaba en el consejo directivo de la Facultad de Ciencias Exactas junto a otras doscientas personas cuando, por orden del presidente de facto Juan Carlos Onganía, irrumpió la Policía, golpearon al decano Rolando García y se llevaron detenidos a la mayoría de los estudiantes. La prestigiosa química, pese a que sus colegas se exiliaron en el exterior tras esta acción, optó por permanecer en el país. Lo hizo por sus hijos, por su madre que estaba sola y por la fábrica que tenía su marido.

El living de su vivienda pasó a ser un búnker en donde se organizaban los viajes al exterior de la innumerable cantidad de científicos que se exiliaban y a los que el matrimonio ayudaba.