DÍA DEL MARTILLERO - Entrevista - “Me ha permitido vivir haciendo lo que me gusta”
Tres décadas de oficio y pasión
Desde sus primeros estudios en Córdoba hasta la actualidad, construyó una trayectoria ligada a los remates hípicos, públicos y judicialesNacido el 24 de abril de 1975 en Chazón, Gastón Urseler encontró en el martillero una vocación que lo acompaña desde muy joven. En 1994 comenzó sus estudios en el Colegio Nacional de Monserrat, en Córdoba, hasta donde viajaba desde Chazón para formarse en una actividad que siempre despertó su interés. En 1996 obtuvo su título y, desde entonces, hizo de esta profesión su medio de vida y una fuente permanente de satisfacciones.
“Me ha permitido vivir haciendo lo que me gusta”, resume al mirar el camino recorrido. A lo largo de casi 30 años de ejercicio, acumuló experiencias y aprendizajes en el ámbito de las apuestas hípicas y en remates públicos y judiciales. Si bien reconoce que el trabajo cotidiano presenta dificultades que pueden entorpecer el desarrollo de la actividad, considera que el balance general es ampliamente positivo.
“Es una profesión que me ha dado más alegrías que fracasos. Si uno pone en la balanza estos 30 años, entiende que le ha permitido trabajar con responsabilidad en un oficio que tanto le gusta. Por eso soy un agradecido de lo que estudié”, afirma.
La transformación de las subastas
El avance tecnológico modificó profundamente la dinámica de los remates. Tras la pandemia, las subastas online se instalaron con fuerza y se convirtieron en una herramienta que Urseler considera valiosa para ampliar la participación y llegar a nuevos interesados.
Las plataformas digitales y las redes sociales permitieron superar las barreras geográficas y multiplicar las oportunidades comerciales. En el caso de las subastas electrónicas de automotores, por ejemplo, hoy pueden participar compradores de Paraná, Bahía Blanca y otras ciudades del país, un alcance que anteriormente resultaba mucho más difícil de conseguir.
“La incorporación de tecnología y redes es excepcional. Se abarca una dimensión mucho mayor y te llama gente de todo el país”, destaca.
Para Urseler, el futuro de la actividad estará cada vez más vinculado con las herramientas digitales y las subastas electrónicas. Sin embargo, su experiencia le permite sostener que no todos los remates pueden desarrollarse de la misma manera.
El valor irremplazable del encuentro
Aunque reconoce las ventajas de la virtualidad, el martillero defiende la importancia de conservar los remates presenciales cuando las características de la operación así lo requieren.
“Con 30 años de profesión, yo no perdería el remate directo. El feeling con el comprador, el contacto con la gente y tener el producto a la vista es otra cosa”, sostiene.
El intercambio cara a cara, la posibilidad de observar aquello que se ofrece y el vínculo que se establece entre el martillero y los participantes forman parte de una experiencia que, a su entender, sigue siendo fundamental. La tecnología amplía el público y facilita el acceso, pero no reemplaza todas las particularidades del encuentro presencial.
Su mirada, lejos de enfrentar ambos formatos, propone encontrar un equilibrio: aprovechar los recursos digitales para llegar más lejos y mantener la presencialidad allí donde el contacto directo aporta un valor decisivo.
Una vocación que se lleva adentro
En el Día del Martillero, Urseler habla de su profesión con el entusiasmo de quien eligió un camino por convicción. “Para mí es un gusto, una pasión. Lo llevo muy adentro desde muy chico”, expresa, y deja en claro que la satisfacción de ejercer aquello que lo motivó desde sus primeros años es uno de los mayores logros de su trayectoria.
A los jóvenes que estudian o están pensando en incorporarse a la carrera, les deja una recomendación basada en su propia experiencia: que sigan aquello que verdaderamente sienten y que actúen por voluntad propia, sin dejarse llevar por imposiciones.
“Que hagan lo que sientan, que lo expresen desde su propia voluntad y no desde lo forzado, porque desde ahí no salen los mejores resultados”, aconseja.
Después de casi tres décadas de trabajo, Gastón Urseler mantiene intacto el entusiasmo por una actividad que le permitió desarrollarse profesionalmente, afrontar desafíos y cosechar experiencias positivas. Su recorrido demuestra que, incluso en un oficio atravesado por profundas transformaciones tecnológicas, la vocación, la responsabilidad y el vínculo humano siguen siendo pilares esenciales.
