La situación económica del consumo afecta de manera cada vez más fuerte a los tradicionales comercios de cercanía y ningún barrio se salva

El quiosco también siente el golpe

En Villa María, comerciantes de distintos barrios aseguran que venden entre 40% y 55% menos que hace dos años. A nivel nacional ya cerraron unos 41.000 quioscos desde diciembre de 2023. El sector habla de una crisis que vuelve a traer a la memoria el escenario de 2001
sábado, 10 de octubre de 2026 · 08:15

Hay negocios que hoy apenas sobreviven con ventas cada vez más pequeñas. Una bebida que antes salía con facilidad, una golosina, una gaseosa o una compra impulsiva dejaron de formar parte de la rutina de muchos consumidores. Y esa transformación se advierte también en los quioscos de Villa María, donde comerciantes de distintos barrios describen un escenario que, según aseguran, nunca habían atravesado así.

Mirta, propietaria de un quiosco del barrio Güemes, aseguró que actualmente vende entre un 50 y un 55% menos que hace dos años. El dato surge de su propia comparación cotidiana y no de una medición estadística, pero coincide con el diagnóstico que se repite entre otros comerciantes.

“Está tremendo, cada día es peor”, resumió al describir el movimiento del negocio. Indicó que muchas personas ingresan solamente para comprar algún producto puntual, “un tomate, un caramelo…, así”, y que las compras más grandes casi desaparecieron.

  • Según datos difundidos por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), desde diciembre de 2023 hasta mediados de 2026 cerraron unos 41.000 quioscos en el país. El sector habría pasado de unos 100.000 establecimientos a alrededor de 59.000, con un promedio estimado de 50 cierres diarios.

Además, un dato que permite dimensionar todavía más el problema: el local funciona dentro de su propia vivienda, por lo que no debe afrontar un alquiler comercial. Durante años, el quiosco se complementó con una rotisería en la esquina y ambas actividades se ayudaban mutuamente. Cuando la rotisería tenía más movimiento, también aumentaban las ventas de bebidas, papas, golosinas y otros productos del quiosco. Hoy esa compensación no existe.

 

Días enteros sin vender

La misma sensación aparece en otros barrios. Doro, al frente de un comercio que combina quiosco y regalería, en barrio Mariano Moreno, calcula que sus ventas están alrededor de un 40% por debajo de lo que eran.

Su descripción es particularmente gráfica: “Hay jornadas completas en las que no se vende una sola bebida”, dijo, y eso que tiene dos heladeras destinadas a ese tipo de productos.

No se trata solo de que el consumidor haya dejado de comprar. También cambió qué compra, cuánto compra y cuándo decide hacerlo. El gasto se volvió más selectivo y muchas de las adquisiciones que antes parecían pequeñas e intrascendentes pasaron a ser prescindibles. Carlos, desde un quiosco del barrio Centro, coincide con ese diagnóstico y describe una realidad de supervivencia cotidiana. En tanto, Yolanda, comerciante del barrio San Martín y con más de una década al frente de su negocio, resume la dimensión del cambio de manera contundente: “Nunca viví esto. Otros colegas han cerrado. Yo no sé cuanto más aguantaré”.

Además, Carlos contó que paga un alquiler y aseguró que todos los meses debe hacer cuentas “para decidir si continuar o bajar la persiana”. Incluso, algunos de estos testimonios de quienes llevan años construyendo una clientela y sosteniendo un comercio familiar sienten que “la ecuación dejó de cerrar con la facilidad de otros tiempos”.

 

Unos 41.000 quioscos menos

Lo que cuentan estos comerciantes no aparece aislado de la realidad nacional. Según datos difundidos por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), desde diciembre de 2023 hasta mediados de 2026 cerraron unos 41.000 quioscos en el país. El sector habría pasado de unos 100.000 establecimientos a alrededor de 59.000, con un promedio estimado de 50 cierres diarios.

La entidad atribuye el deterioro, sobre todo, a la pérdida de poder adquisitivo, aunque también señala el avance de nueva competencia: cadenas de quioscos, supermercados, farmacias y otros comercios que incorporaron productos tradicionalmente asociados al quiosco.

En algunos barrios, la caída de las ventas llegó al 50%, una cifra que guarda una llamativa similitud con lo que relata Mirta, desde el barrio Güemes. Además, el relevamiento de Scentia, citado por el sector, registró en junio una baja del 4,6% interanual en el consumo del canal quioscos y tradicionales.

 

Córdoba tampoco escapa

El panorama general del comercio cordobés confirma que el problema excede al quiosco. De acuerdo a la Federación Comercial de Córdoba (Fedecom), las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas de la provincia cayeron 5,8% interanual en septiembre. Si bien la caída se viene moderando desde abril, cuando había alcanzado el 7,8%, nueve de los 11 rubros relevados terminaron septiembre con números negativos. En alimentos y bebidas el retroceso fue del 7,5%. La Cámara de Comercio de Córdoba, por su parte, registró en la ciudad capital una caída todavía mayor en septiembre: 23% menos de unidades vendidas y 20% menos de rentabilidad frente al mismo mes del año pasado.

Los datos nacionales de CAME muestran, además, que el consumo continúa marcado por una demanda fragmentada y concentrada fundamentalmente en compras cotidianas y de bajo valor. En septiembre, las ventas minoristas pyme crecieron apenas 0,3% interanual, pero acumularon una caída del 2,1% en lo que va del año.

 

El recuerdo de 2001

Para los comerciantes consultados en Villa María, la comparación con aquella crisis aparece inevitable. No necesariamente porque las circunstancias económicas sean idénticas, sino por una sensación que vuelve a repetirse: la dificultad para vender y sostener un comercio que durante años funcionó como una actividad estable. El quiosco fue históricamente uno de los negocios de cercanía más resistentes frente a las crisis. Se abría con una inversión relativamente accesible, tenía una demanda cotidiana y funcionaba como una puerta de entrada al consumo barrial. Hoy esa lógica parece estar cambiando.

Las persianas que bajan, los locales que cambian de rubro y los comerciantes que hacen cuentas mes a mes muestran una transformación que va más allá de un producto que se vende menos. En los barrios de Villa María, el quiosco está funcionando como un pequeño termómetro de algo mucho más grande, el cual mide cuánto dinero queda disponible en el bolsillo de los consumidores después de pagar lo imprescindible.

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