Día Internacional de las Personas Mayores

Vejeces: el derecho a seguir eligiendo

Envejecer no significa dejar de decidir, participar, vincularse ni proyectar. También implica preguntarnos qué lugar estamos construyendo para las personas mayores en nuestra comunidad
jueves, 1 de octubre de 2026 · 08:59

Escribe: Lic. M. Victoria Álvarez
Lic. Silvana Pons

Cada 1 de octubre, el calendario nos invita a hablar de las personas mayores. Pero quizás la pregunta más interesante no sea solamente qué hacemos por ellas, sino qué sociedad estamos construyendo entre todos y qué lugar ocupan también las personas mayores en esa construcción.

Hablar de vejeces desde una perspectiva de derechos implica corrernos de una mirada que suele asociar esta etapa exclusivamente con pérdidas, dependencia o necesidad de cuidados. Ser mayor no significa dejar de decidir, de participar, de aprender, de vincularse ni de proyectar. Significa poder elegir dónde y con quién vivir, cómo organizar el propio tiempo, continuar una actividad laboral si así se desea, comenzar una nueva formación, viajar, hacer nuevos amigos, participar de una organización comunitaria, enamorarse, asumir nuevos roles o simplemente animarse a hacer algo que siempre se quiso hacer. Y también significa algo tan cotidiano como ser escuchado cuando se toman decisiones sobre la propia vida.

 

Cuidar sin decidir por el otro

Hay conceptos que pueden parecer abstractos hasta que los llevamos a situaciones concretas. La autonomía, por ejemplo, no significa necesariamente hacer todo sin ayuda.

Significa poder decidir qué ayuda se necesita y de qué manera se quiere recibir.

Cuidar no debería convertirse en decidir por otra persona. Cuidar también es acompañar, respetar tiempos, preferencias y decisiones.

Del mismo modo, participar no es solamente asistir a una actividad. Participar es poder opinar, proponer, organizar, decidir y tener incidencia en aquello que sucede en la comunidad. Porque una comunidad que convoca a las personas mayores solamente como destinatarias de actividades, pero no las incorpora como protagonistas de las decisiones, todavía tiene mucho por construir.

 

Los proyectos no tienen edad

Existe una idea muy instalada según la cual los proyectos pertenecen a la juventud y, con el paso de los años, la vida debería organizarse alrededor del retiro, el descanso o el cuidado.

Pero tener proyectos no tiene edad. Un proyecto puede ser iniciar un emprendimiento, aprender una nueva habilidad, viajar, volver a estudiar, participar de un espacio colectivo, reencontrarse con una pasión o proponerse algo completamente nuevo.

Los deseos tampoco desaparecen porque cambie la edad. Pueden transformarse, encontrar otros tiempos y asumir nuevas formas. Reconocerlo implica dejar de pensar la vejez como una etapa definida solamente por aquello que se pierde y comenzar a reconocer también capacidades, experiencias, deseos, aportes y posibilidades.

 

No existe una única manera de envejecer

Hablar de “las personas mayores” puede hacernos olvidar algo fundamental: no todas son iguales, no todas necesitan lo mismo y no todas quieren lo mismo.

Hay múltiples maneras de transitar las vejeces, atravesadas por las historias personales, las condiciones sociales, los territorios, los vínculos, las oportunidades y las decisiones de cada persona.

Por eso, también necesitamos revisar las palabras y las miradas con las que construimos socialmente las vejeces. Las representaciones que tenemos sobre el envejecimiento no son inocentes: pueden abrir posibilidades o, por el contrario, limitar la vida de quienes envejecen.

Los vínculos siguen siendo fundamentales a lo largo de toda la vida. Familia, amistades, vecinos, organizaciones y espacios comunitarios pueden constituirse en redes significativas.

Pero esas redes tienen que acompañar sin sustituir la autonomía.

 

¿Qué lugar queremos construir?

Las palabras importan. Las miradas importan. Las políticas públicas importan. Los vínculos importan.

La manera en que una sociedad piensa y nombra a sus personas mayores también expresa el lugar que está dispuesta a ofrecerles.

Por eso, este 1 de octubre puede ser una oportunidad para hacernos una pregunta que excede la fecha: ¿estamos construyendo una sociedad en la que las personas mayores puedan seguir eligiendo, participando, vinculándose y proyectando su propia vida?

Reconocer derechos es también reconocer algo esencial: que la vida continúa siendo un territorio de decisiones, deseos y proyectos en todas sus etapas.

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