Mujeres violentadas en busca de otras que se atrevan a denunciarlo. En medio, relatos de escenas escalofriantes
Un lobo con piel de cordero, que duerme por ahora en Bouwer
Las sedujo, las denigró, les robó y a algunas de ellas les dejó tatuado su nombre en el cuerpo. Las víctimas convocaron a elDiario para confiar cómo fue el descenso al infierno y cómo van escapando de un fuego que quema por dentroEl mediodía del 29 de noviembre de 2011 fue detenido en el centro de la ciudad de Córdoba un joven de 25 años, bajo la acusación de ser el autor del crimen del abogado Marcelo García Remonda, quien estuvo a cargo de la Dirección de La Voz del Interior entre 1988 y 1991. La víctima había sido atacada ocho días antes en su departamento del barrio Nueva Córdoba y, agonizando en el Hospital de Urgencias, “alcanzó a decir el nombre de quien le había producido las heridas con un arma blanca: Alejandro Rafael Jara Blautzick”, señalaba la crónica del matutino. Apuntaba, además, que el presunto homicida tenía una orden de captura fechada el 26 de octubre del mismo año por otro tipo de hechos (se lo buscaba por “amenazas y chantaje”).
Una buena abogada consiguió demostrar su inocencia en el caso García Remonda y conservarlo como cliente hasta el presente. Quien fue condenado por aquel crimen se hallaba en la indigencia. En enero de 2022, Cadena 3 lo contaba de la siguiente manera: “Diez años después, el acusado de haber asesinado a un abogado a puñaladas terminó detenido... El ataque que sufrió García Remonda, de entonces 56 años, ocurrió el lunes 21 de noviembre de 2011. En grave estado, fue internado y allí, en la terapia intensiva, alcanzó a dar algunas pistas sobre quién había sido el que lo agredió: un joven que había conocido tiempo antes”.
“El joven, identificado como Nicolás Gabriel Toledo, de solo 22 años, no aparecía por ningún lado y no había registros de él utilizando ningún servicio a su nombre: ni teléfono, ni iba a votar y tampoco figuraba comprando pasajes, entre otras alternativas que se fueron investigando… Y las alertas se activaron de nuevo cuando ingresó un dato que a esta altura ya parecía impensado: Toledo había comenzado a asistir a un hospital de la ciudad de Buenos Aires”. Lo atraparon. Caso cerrado.
Lo que no pudo evitar la letrada es que Alejandro Jara pase ahora los días y las noches en Bouwer… Sucede que la Justicia de Córdoba (la Fiscalía de Instrucción en Violencia Familiar y Violencia de Género de Sexto Turno del Ministerio Público Fiscal) consideró que los 17 hechos en contra de una misma mujer, Karina Elías, estaban probados y acompañados por una actuación destacable del Polo Integral de la Mujer y la Secretaría de Lucha contra la Violencia a la Mujer y Trata de Personas (de cualquier manera, aún no hay sentencia y el imputado consiguió permanecer en condición de prófugo durante ocho meses para continuar con sus negocios, antes de ingresar al penal en octubre del año pasado).
En una de las primeras exposiciones de Elías se puede leer: “Durante la relación y luego de finalizada esta, el imputado ejerció violencia psicológica mediante insultos, al tratarla de ‘pelotuda, boluda, sucia, chora, puta’; e intimidaciones de muerte contra Elías, diciéndole que la mataría y que mataría a su madre y a su hijo y que la afectaría en su lugar de trabajo; así como también mediante humillaciones al contactarse con su jefe para difamarla. También ejerció violencia física…”.
El lobo se valía de estudiados, meticulosos ardides, para despojar de dinero, joyas, vehículos, propiedades… a hombres y mujeres, aunque con estas últimas traspasó límites increíbles como el secuestro, según ellas mismas lo refirieron a elDiario.
El lobo usaba distintas pieles. Era arquitecto, abogado, contador, cirujano, lo que fuese imprescindible, según la ocasión, y siempre invocando apellidos de renombre en el empresariado cordobés que, aseguraba, formaban parte de “su círculo de amistades, cuando no de parientes”. La ropa de marca, el reloj Rolex y los autos de alta gama, fundamentales.
Karina Elías refirió a este medio que la captó a través de su hijo: “Él se internaba en centros de salud mental, de rehabilitación de adictos, aduciendo depresión, no adicción. Los centros privados son caros. Hablaba con los internos y sacaba datos de sus familias para llegar a las personas que él entendía que estaban necesitadas de afecto o de dinero. Decía ser agente inmobiliario, por ejemplo, y terminaba quedándose con bienes”.
Otra de las mujeres que consideraron que “ese medio de Villa María es el adecuado para dar a conocer nuestros casos” es agente de Policía: “Imagínese lo que hubiese significado para mí denunciar el hecho de haber sido seducida y estafada…”.
“Cuando me secuestraron”
Para otra de las víctimas, Camila Cumella, escribir lo que padeció con Alejandro Rafael Jara Blautzick en 2020 resultó ser una de las mejores terapias, una de las más curativas según contó a este periodista. En la página 52 de su libro Lo que el cuerpo sabe, relató: “Cuando me secuestraron, pude escaparme y mi respuesta ante una situación de peligro era: atacar o huir, mi cerebro procesó la información. Tenía muchísimo miedo, sentía el cuerpo preparado para correr y atacar podía resultar muy peligroso o contraproducente. En microsegundos, se procesa tanta información que no es perceptible a nivel consciente, pero ahí mismo mi cerebro tuvo en cuenta que este sujeto tenía en su poder armas y una red de contactos tan grande que, mi vida, literal, MI VIDA, corría peligro. Opté por huir. Me la jugué…”.
Una cuarta damnificada es psicóloga y se recupera en una villa serrana. Entiende que “ya pronto” podrá hablar del tema.
Una quinta mujer que cayó en los engaños refiere que lo vio hacer cosas increíbles.
-¿Cómo qué?
-Como buscar jovencitos en los semáforos, comprarles ropa, higienizarlos y dejarlos de florero.
-¿Cómo de florero?
-Sacarle 20.000 dólares a alguien y dejar al chico, que presentaba como su sobrino, de garantía hasta mañana, cuando decía que iba a devolver la plata. Claro que nunca regresaba y el chico quedaba ahí, de florero.
A propósito, existe una denuncia formulada en octubre de 2016 por un varón cuyas iniciales son G.B. en contra de Jara Blautzick, que tramita todavía (o duerme) en la Fiscalía de Delitos Contra la Integridad Sexual de Segundo Turno de Córdoba (por si sus señorías quieren buscar el expediente, lleva el número 3326309).
Madre de sus hijos
Otro de los casos conmovedores es el de María de los Ángeles Dei Cas, quien sufrió la cárcel estando embarazada de Jara Blautzick, porque se vio involucrada en una causa de estafa y extorsión.
“Sabe manipular para poner bienes a nombre de otros, para poder blanquear cosas que él no puede tener a su nombre, justamente porque él es un estafador y él lo sabe y sabe que, si pone cosas a su nombre, se las van a embargar”, manifestó Deis Cas en la charla con elDiario.
“Yo sí tuve episodios de violencia de género; una vez que estuve completamente aislada de mi familia, de mis amigos y bueno, en fin, tuve que poner la firma porque no tenía la libertad de decir ‘No’. Claro, no tenía la libertad de tener una opción”, comentó.
Y agregó que es denigrante “que usen tu cara, que usen tu firma, que usen tu DNI (porque yo no tenía mi DNI; él lo tenía en su billetera)”.
“La violencia de género era para poder manejarte, la manipulación era para poder manejarte, el enamoramiento era para poder manejarte, para poder lavar dinero, sobre todo el tema de vehículos de altísima gama… muchísimos. Y además hay otras personas que no son mujeres, que no han sido parejas de él, que han prestado firma y que han estado manipuladas por él. Chicos que apenas salen de la adolescencia, que tienen 20, 21 años, que ponen su nombre a vehículos Audi, una Dodge RAM… Pero, en general, lo hace primero con su pareja, después utiliza a otras personas. No es que el tipo sea un violento y nada más. Usa la violencia como una herramienta más para sus negocios. Sí. Usa a las personas como una herramienta para su negocio”, comentó.
Y relató, seguidamente, un suceso que ocurrió durante un viaje con los hijos de ambos: “Mi hija del medio va adelante, en el asiento del acompañante. Y yo voy atrás con mi bebé, que en ese momento tenía 2 años y medio.
Y le pega a la bebé por querer pegarme a mí. Él iba manejando a una velocidad de entre 80 y 110 kilómetros por hora y no tenía puesta una velocidad constante. Íbamos en la ruta mientras él me iba pegando con el puño derecho para atrás, o sea, miraba un poco para atrás y me pegaba... Después, en plena ruta me hace bajar a mí y a mis hijas. Nos pasa a buscar un Uber… Pude bajar y hacer señas a un patrullero. Y nos pasamos al patrullero y después no me terminan tomando la denuncia. En la Fiscalía de Río Segundo no me tomaron la denuncia”.
Siete, por ahora
Son siete mujeres que están en contacto entre sí. Creen que son muchas más y decidieron ir en busca del resto, “para que se atrevan a denunciar ahora que está preso y no les va a poder hacer nada”.
¿Cómo saben que hablan de la misma persona, si para una de ellas era Daniel, para otra Carlos…? Porque cuando ya era el dueño de su corazón y de su vida, a la mayoría le hacía tatuar su nombre en el cuerpo, el verdadero nombre, como un sello, aunque semejante acto de posesión resultó ser una suerte de tiro que se pegó en el pie, puesto que el dato no pasó por alto para la mencionada Secretaría de Lucha contra la Violencia a la Mujer y Trata de Personas, que lo subrayó en su demanda.
Su abogada, la de siempre, Zelma Semprinni, presentó el 21 de octubre del año pasado un nuevo pedido de internación voluntaria. Habrá que ver qué resuelven esta vez los encargados de definir si es merecedor o no de la aceptación. Mientras tanto, ellas, engañadas, estafadas (algunas lo perdieron todo), cursando enfermedades de esas que se infiltran por los laberintos de la mente, van a dar pelea para que sea justicia.
