Cuidar el bolsillo en tiempos de altas temperaturas
La luz aprieta: comerciantes y vecinos sienten el impacto
Un relevamiento en distintos rubros comerciales y viviendas particulares confirma un incremento en las tarifas eléctricas. Facturas que se duplican, consumos que no se entienden y una sensación compartida: pagar por deber, sin saber exactamente qué se está pagandoEl aumento en las tarifas de energía eléctrica dejó de ser un dato técnico para convertirse en una preocupación cotidiana. Comerciantes y vecinos coinciden en una frase que se repite en mostradores y cocinas: “La boleta vino más cara”. Y no es una percepción aislada.
Realizamos consultas en una amplia variedad de rubros comerciales que incluyó: negocios gastronómicos, cafeterías, quioscos, almacenes y despensas, pinturerías, ferreterías, casas de limpieza, soderías, minimercados y otros emprendimientos de cercanía. A eso se suman casas particulares, donde el impacto también se hace sentir con fuerza. El diagnóstico es casi unánime: la luz aumentó, y en algunos casos, en gran manera.
El aumento que todos sienten
En algunos comercios el incremento se explica -según relatan- por un mayor consumo, propio de la temporada o de la dinámica del negocio. Heladeras que no se apagan, freezers exigidos al máximo, más horas de trabajo y más equipos conectados. “Los equipos trabajan más y es lógico que con el calor sube el consumo, y por ende también sube la tarifa. Todavía no sentimos el impacto en el valor de la boleta, porque en febrero empieza a correr la quita de lo último que quedaba de subsidios para la energía eléctrica”, nos cuenta Marcos, propietario de un negocio de comidas de barrio Centro de Villa María. Hasta ahí, una lógica entendible. El problema aparece cuando, con consumos similares a meses anteriores, las facturas llegan con montos que duplican o superan largamente lo que se venía pagando.
“Tenemos prácticamente el mismo consumo y la boleta vino más del doble”, nos cuenta Isaías, responsable en una sodería de Villa Nueva. “En mi casa también más el doble, de 60 mil pasé a pagar 170 mil y no te queda otra que pagarla, y en este caso lo tuve que hacer en tres cuotas con tarjeta”, remarca.
Otro dato que se repite es la falta de seguimiento del consumo. Algunos comerciantes y vecinos admiten que no miran en detalle la factura: llega, se paga y se sigue. No por desinterés, sino por cansancio o por la sensación de que no hay demasiado margen para discutirla. Otros directamente asumen que “esto va a seguir subiendo”.
Diego tiene una química de limpieza en barrio Güemes y nos dijo: “Fíjate que acá en el negocio ni aire acondicionado tenemos: así y todo la factura vino el doble. Es increíble porque puedo decir que el consumo no cambió en absoluto. En mi casa igual, y no estoy nunca, por eso no entiendo”.
Confusión y niebla permanente
También está la confusión temporal. Algunas personas coinciden en que vienen pagando facturas atrasadas, consumos viejos, ajustes que se aplican con demora. Eso genera una especie de niebla permanente: nunca se sabe con certeza si el aumento corresponde al mes actual, a uno anterior o a una recomposición que llega tarde. Así, se pierde la referencia real de cuánto se consume, cuánto se paga y por qué. Luciano tiene un quiosco en Villa Nueva y refleja esta situación: “Sinceramente, no me fijo cuánto consumo, solo sé que en verano va a venir más caro. En algún momento le dedicaba tiempo a leer la factura, pero ya no. Además, creo que se paga el consumo de hace dos meses, entonces ya es difícil saber bien”. También destaca lo mismo Nicolás, quien tiene un restaurante en el centro: “Honestamente, no me fijo en los valores del consumo. Pero es sabido y más en este rubro, que cuando sube la temperatura todos los equipos trabajan más, pero todavía no vimos la factura que debería venir con el aumento grande. De todos modos siempre viene más cara, todos los meses un poco más. Desde que está este gobierno es increíble como subió todo, pero la tarifa de luz es impresionante”.
Quita de subsidios y uso racional de la luz
En las casas particulares el escenario no es muy distinto. Familias que aseguran no haber cambiado hábitos ni sumado artefactos eléctricos reciben boletas sensiblemente más altas cuando todavía no entró en vigencia (será desde el próximo 1 febrero) la quita de subsidios anunciada por el Gobierno nacional, asegurando que por ese motivo se incrementarán las tarifas de la luz.
Vale aclarar que el Gobierno creó el 2 de enero el Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF), esquema que unifica las ayudas del Estado nacional a los hogares para pagar la luz y el gas. Así, avanza en una quita de subsidios para cerca de 7.500.000 familias, según informaron.
El uso racional de la energía aparece como discurso aprendido, pero difícil de sostener cuando no queda claro qué parte del monto responde al consumo y cuál a otros factores. “Yo siempre me cuido de no dejar luces prendidas al vicio y, sin embargo, todos los meses viene más cara”, nos dice María, vecina de barrio Centro sur que vive en un complejo de calle Mariano Moreno.
La preocupación pasa solo por el número final, aunque algunos nos cuentan que “hay falta de información clara: qué se consume, cómo se mide, qué se está pagando exactamente, es difícil y no hay tiempo para ponerse a ver y reclamar” (Raúl, dueño de una casa de comidas en calle San Luis). En un contexto económico ajustado, donde cada peso cuenta, la electricidad dejó de ser un servicio más para convertirse en una variable que desordena presupuestos y obliga a recalcular mes a mes.
Incertidumbre
El relevamiento muestra algo más profundo que un simple aumento tarifario: muestra incertidumbre. Y cuando la incertidumbre entra por la puerta, la planificación se va por la ventana. Comercios chicos, de barrio, que ya vienen remando entre costos altos y ventas ajustadas, sienten que la boleta de luz se transforma en otro golpe difícil de amortiguar.
A esa confusión general se le suma otro elemento que desconcierta aún más: la sensación de que los aumentos no impactan de la misma manera en todos. Hay hogares que reciben facturas con subas desmedidas, y otras casas donde el monto sigue siendo relativamente bajo. En estos últimos casos, lejos del alivio, aparece la sorpresa. “Acá pagamos poco, pero no entendemos por qué. No sabemos si tiene que ver con el barrio, porque en otro barrio por ejemplo donde tengo mi casa, pago bastante más y casi que ni estoy”, nos dice Carlos, dueño de una carpintería en Villa Nueva. Marcela, que tiene una peluquería en el centro de la misma ciudad: “Es raro que en la casa de al lado, que casi ni están, paguen lo mismo o más que yo que trabajo todo el día”.
Esa aparente aleatoriedad instala una pregunta incómoda que nadie logra responder con claridad: ¿cómo se determina quién paga cuánto? ¿Por qué con consumos similares las diferencias son tan marcadas? Mientras algunos sienten que “todavía no les tocó”, saben que el aumento puede llegar en cualquier momento, como una ruleta que gira sin reglas claras. Así, a la nebulosa sobre el consumo real, los atrasos en la facturación y los ajustes que llegan tarde, se le suma la percepción de un sistema poco transparente, donde el impacto del tarifazo parece más una cuestión de suerte que de criterios comprensibles para el usuario común.
