En memoria del joven de 25 años fallecido en un accidente ocurrido en las primeras horas del día de Navidad
Otra estrella amarilla sobre el asfalto nos invita a meditar
Silencio y lágrimas. Una treintena de vecinos del motociclista que perdió la vida acompañaron a sus familiares en un acto necesarioEl silencio era una señal de respeto. Las escenas conmovían hasta las lágrimas. Los agentes de la Guardia Local resguardaban la media calzada donde se realizaba el homenaje a Carlos Salomé Sosa, de 25 años, conocido como “Cubito” por la mayoría de quienes llegaron desde los barrios Botta y San Martín para acompañar a sus familiares. Los automovilistas aminoraban la marcha y no podías dejar de mirar a ese grupo que dibujaba una estrella amarilla sobre el asfalto, una más en el piso de la ciudad.
Los del Botta dijeron “presente”, porque allí vivía “Cubito” con la compañera con quien compartía la vida desde hace ocho años y los dos hijitos de ambos. Los del San Martín porque es el barrio de sus padres. También había gente del Ameghino, vecinos de la esquina de Alberdi y La Rioja, donde a las 5.20 del 25 de diciembre último la moto de “Cubito” chocó o fue chocada por una camioneta Toyota Hilux que era conducida por José Adrián Fernández (ya se expedirán los peritos). Y además estaban presente las Estrellas Amarillas con mayúsculas, que son esas mujeres que perdieron familiares en accidentes como este y como tantos otros. Luchadoras; gente necesaria que ayuda a transitar el duelo llevando el dolor hacia el lado de la concientización. Y eso es lo que hacían en la esquina de la tragedia junto a esas treinta personas silenciosas: madre, padre, compañera de vida, hermanos, amigos, vecinos. Los más pequeños eran los únicos a los que se les escuchaba pedir el pincel o decir lo que se les ocurriese, porque “esta estrella es de mi papá”.
Otro periodista de elDiario entrevistó a la mamá, que contó cómo fue que llegaron a la ciudad cuando “Cubito” tenía apenas 8 años, cómo rehicieron la familia y la vida, pero esa nota es para la edición de mañana.
Hoy toca silencio. Es momento para aprovechar el silencio del sentido acto de ayer y preguntarnos si no estamos a tiempo de tomarnos seriamente la vida, la nuestra y la de los demás, para que nos cuidemos entre todos a la hora de circular por las calles como automovilistas, motociclistas, ciclistas, peatones... Porque ese que va a cruzar la esquina puedo ser yo la semana que viene o dentro de un rato. Esa estrella podría tener mi nombre en lugar del de “Cubito”.
