Villa María - 158 Aniversario - Una mirada desde el amor fierrero
En esta ciudad, “hablando, la gente se entiende”
Escribe: Roberto Alasia
Periodista especializado en deporte motor
Tengo que ser un agradecido de Villa María. Me dio y me sacó todo. Es un equilibrio propio de vida.
Tuve cosas muy buenas y cosas muy malas que me han dejado sus cicatrices, como el caso del cierre de la compañía de seguros Cúspide, porque, en esa ocasión, a las fuerzas vivas de la ciudad no le importó mucho.
Recuerdo que el entonces candidato a intendente, Eduardo Accastello, tuvo desayunos de trabajo con nosotros, en el 99, pero después, cuando asumió, afrontó otros compromisos y lo nuestro quedó de lado. Eso me dolió, pero más allá de aquella historia triste, potencialmente, la ciudad siempre creció.
Sobre las amenazas que existen, sin lugar a dudas, es que el crecimiento fue en todo sentido, como sucedió con la cuestión de la inseguridad. Y lo sabemos en el barrio Santa Ana, donde hay gente que la sufre con asiduidad y ojalá que desaparezca.
De todas maneras, tengo que ser un agradecido de Villa María. Le debo una gran empatía, más allá de que uno pueda promulgar por tal o cual intendente, porque, como seres humanos que somos, tenemos diferentes visiones de las cosas y en esta ciudad, hablando, la gente se entiende.
Han pasado 64 años de mi actividad periodística, 53 desde que nació Radio Villa María. Allí hice mi carrera con el programa de automovilismo. Escribí dos libros, he asistido a carreras mundiales... Aquí nacieron mis hijos, encontré la felicidad con mis nietos. Y hoy, después de los 80, miro todo con mucha paciencia.
No comparto el modernismo terrible. El mundo es un forúnculo y donde lo toques sale pus y pus, pero lo acepto a regañadientes. De hecho, me robaron las jubilaciones, pero puedo vivir muy feliz junto a mi familia.
El automovilismo
A nivel automovilístico, Villa María dio a verdaderos grandes. Desde Mario Stillo, con su hermano Daniel, que con un R12 fueron cuartos en un Rally Mundial en 1984, en un hecho inédito. Mario le dio a la casa francesa el punto que necesitaba para ser campeón de Constructores ese año en el Rally.
Después, Daniel Stillo, en 2001, navegante junto a Gabriel Pozzo, nos trajo el título. Fue un hecho único en Villa María, que no sé si se va a volver a repetir.
No podemos olvidar también que acá tuvimos a un grande en la mecánica deportiva del mundo como Heriberto Pronello, que hizo en Villa Nueva el primer auto con efecto suelo en todo el planeta. El año pasado, en Inglaterra, ese auto, el Huayra, fue destacado.
Para mí, estos fueron los hechos más grandes. Pero no podemos olvidarnos de gente que fueron verdaderos pioneros en el automovilismo, como Roatta, don José Ramonda, Sesarego… La historia del automovilismo es muy amplia en Villa María.
Yo viví todo eso. Incluso, a la primera carrera la vi cuando tenía 4 años, en brazos de mis padres, en 1948, en la bajada del puente. Recuerdo que los autos venían de Sanabria por la ruta 4. Una vivencia muy particular.
Tampoco me puedo olvidar al único piloto que tuvimos en Turismo Carretera, Mario Enrique Tarducci, que sumó dos victorias en Triángulo del Oeste, y la Vuelta de Lobos, en el 66.
Y no se puede dejar de lado el trabajo que hicieron los Depaoli, que fueron iniciadores de los deportes mecánicos de la ciudad.
También fuimos protagonistas en motociclismo con don Bautista Gianinetto o Manolo Sánchez en aquellas carreras de fines de los 40 y principios de los 50, con carreras que se hacían en el Hipódromo.
Si tuvimos todo esto, sin dudas que también en el futuro seguirán apareciendo pilotos y representantes del deporte motor en esta ciudad.
