Las calles
Salomón Gornitz - Esos pioneros tan necesarios
El nombre de la calle fue impuesto por la Ordenanza Nº 3.890, del 20 de febrero de 1997, en la Intendencia de Miguel Ángel VegliaSalomón Gornitz nació el 2 de junio de 1923, en Adelsk, Polonia. Era hijo de Pablo Gornitz y Raquel Teper.
Se había casado con Rosa Berson, con quien tuvo un hijo: Pablo Gornitz.
ElDiario en las Calles dialogó precisamente con Pablo, quien minuciosamente nos contó: “Papá llegó a nuestro país a la edad de 9 años junto a tres hermanos más (él era el mayor) y sus padres. Su padre había llegado un año antes solo y -con un solo dólar en el bolsillo-, para posteriormente traer al resto de su familia”. De niño era vendedor ambulante y le gustaba el fútbol (jugó en las divisiones inferiores de Central Argentino como arquero). Dejó el deporte que lo apasionaba para irse a estudiar Farmacia y Bioquímica a la Universidad Nacional de Córdoba, donde se graduó en 1948, con el reconocido de “Estudiante Destacado”.
Al secundario lo había cursado en el Instituto Rivadavia.
En el año que se graduó como bioquímico fundó Laboratorios Gornitz e introdujo en nuestra ciudad técnicas innovadoras para la época: el primer banco de sangre y el primer banco de leche materna para suplementar la alimentación de niños.
“El laboratorio era otro mundo porque, en esos años, hasta había médicos que decían que no podían decirle qué enfermedad tenía un paciente viendo un microscopio”, señaló.
“Dentro de los sistemas artesanales de diagnóstico que había se utilizaban sapos para determinar si una mujer estaba embarazada. Lo hacían inyectando al sapo macho la orina de la paciente y, con base en la reacción, se podía conocer si estaba grávida. De hecho, uno entraba al laboratorio y estaban los sapos saltando en la pileta” recordó.
En ese tiempo inició “Gay Lussac” Industrial Farmacéutica, para fabricar medicamentos e instrumental bioquímico.
En el año 1958 inauguró Farmacia Gornitz en las calles Catamarca, casi esquina José Ingenieros. Entre 1966 y 1972 desarrolló el edificio Gornitz-Seppey, junto a Fermín Seppey.
En 1995, por su continua búsqueda de la excelencia y la introducción de controles de calidad nacionales e internacionales, Laboratorios Gornitz fue reconocido como miembro de la ALAC (Asociación de Laboratorios de Alta Complejidad).
Fue presidente y socio fundador del Círculo de Bioquímicos de Villa María y presidió hasta su fallecimiento la Sociedad Israelita de Villa María.
Alberto Yañez había escrito sobre él en nuestras páginas: “Don Salomón tenía una vasta formación académica. Su inteligencia, su experiencia de vida, sus conocimientos de la comunidad de Villa María, le dieron sabiduría. Reconocido como buen vecino, también fue un generoso maestro. Era religioso de creencias profundas; amó la paz, la concordia, la tolerancia y el diálogo, exponiendo sus ideales y respetando el disenso de sus semejantes. La ley y la ética rigieron su vida terrena como textos sagrados del Antiguo Testamento”.
“A la vez, era un ferviente defensor de las márgenes del río Ctalamochita: siempre manifestaba que se las debía aprovechar con emprendimientos de carácter turístico. La naturaleza nos brinda un curso de agua maravilloso a pocas cuadras del centro; la comunidad de la zona debe utilizarlo, disfrutarlo y cuidarlo como bien social. Por ello respaldó abiertamente la planificación y construcción de la nueva costanera, desde el puente Andino (Ruta Nacional 158) hasta el puente del barrio Villa del Sur (Ruta Provincial 2)”, señalaba Yañez.
En la sección de Usos y Ocios de nuestro medio, que llevaba adelante Nino Menardo, Salomón Gornitz respondía que le gustaba las horas tempranas del día, los cuentos infantiles que le contaba su padre sobre su pueblo polaco, que le tenía miedo a la decrepitud y rescataba como experiencia la de su llegada a la Argentina en barco, siendo un niño de 9 años, también el primer día de clase sin saber español y el contacto con los chicos de su barrio sin poder comprender su idioma.
Quizás sea por esa gran experiencia de tener que conocer de golpe nuestro entorno y nuestra gente que Pablo, su hijo, lo recuerda con nostalgia cuando él contaba que “cuando se encontraba con alguien le preguntaba siempre quién era, y seguro conocía a algún familiar o amigo, quizás por haber recorrido tanto y haber vivido al dedillo la sociedad villamariense de aquel tiempo”.
Falleció el 22 de febrero de 1996, a los 72 años.
