Día del Maestro - Este medio tuvo una enriquecedora charla con Eduardo Marzolla, docente y exdirector del Colegio Rivadavia

“Hay que enseñar con todo el ser”

Durante 40 años no solo enseñó lo que los planes de estudio dicen que hay que aprender, sino que se empeñó en ayudar a los alumnos a conocerse a sí mismos y así encontrar el camino para trabajar y vivir en lo que -y como- deseaban
jueves, 11 de septiembre de 2025 · 08:30

Eduardo Marzolla (84), quien fuera durante 21 años director general del Colegio Rivadavia, además de haber estudiado ahí el Profesorado en Ciencias Económicas, carrera propuesta al mismísimo Antonio Sobral por él y un grupo de compañeros que no podían estudiar algo relacionado a esa materia en la ciudad, es, ante todo, un docente de corazón. Un maestro comprometido y con visión humanista de varias generaciones de chicas y chicos de la histórica institución villamariense.

Por esto y tanto más, elDiario charló con Marzolla en el Día del Maestro/a, quien dejó un montón de reflexiones sobre lo que significa ser maestro y cómo ve él  el rol de la docencia hoy en día, en comparación a cuando a él le tocó estar frente a un aula o dirigiendo una escuela de tanta importancia y trascendencia como el Rivadavia.

“Tuve la suerte, y lo digo literal y metafóricamente, de nacer pobre. Porque eso me llevó a, desde muy chico, esforzarme más, comenzando a trabajar en un quiosco, y tener la suerte de estudiar gratis el violín (hoy es luthier, creador de violines y violas) con un gran maestro que era vecino mío. Luego, tras reunirme con unos amigos con 20 años, personas que no teníamos oportunidad de ir a Córdoba y estudiar para ser contador, fuimos a hablar con Sobral para que abriera una carrera de Ciencias Económicas, y dijo: “Si traen 40 alumnos, abro un profesorado en esta materia”. Conseguimos 41 y fuimos la primera generación recibida”, contó Marzolla.

En este sentido, evocó que comenzó trabajar en una fábrica de calzado como contador,  “y ya entonces me daban unas horitas de clase en el Rivadavia, pero cuando muere el doctor Sobral, en el 71, pensé qué quería para mi vida, y aunque estaba cómodo donde trabajaba, tuve una atracción fatal con la docencia, y desde el 72 me dedique a esto únicamente. Primero, como director de curso, luego en el 76 concursé por una vicedirección y seguí hasta el 80, donde, por medio de unas elecciones internas, llegué a la dirección general del Rivadavia, donde estuve 21 años”.

Acá, en un rincón lleno de fotos, por ende, de recuerdos y vida

Una visión humanista

Sobre las diferencias de la docencia en la actualidad, el tiempo que a él le tocó ejercer la profesión y sobre lo que se debería hacer el maestro para mejorar la docencia, explicó: “En una charla que di hace poco dije que de toda esa época que fui maestro no recuerdo haber advertido irrespetuosidad alguna para con el docente. Yo era Eduardo, llegué siéndolo y así me fui, más allá de los títulos, y eso me enorgulleció siempre. En ese tiempo estábamos muy cerca de los alumnos, viendo qué le ocurría, cómo se sentía, cuáles eran sus necesidades. Un tiempo de mucho diálogo entre ellos y nosotros los docentes. Claro, en ese tiempo no existían los celulares, la comunicación era persona a persona, y de un día para otro mutó la relación y la comunicación en sí”, contó.

Recordó los tiempos en que organizaba peñas culturales con los chicos, “donde algún profesional daba una charla  mientras comíamos una pizza, y él contaba cómo era su profesión desde dentro y no desde un plan de estudios. Y con un concepto muy claro, que lleva en sí la idea sobraliana, a la que adhiero hasta este día, y que tiene que ver con la del conocimiento de sí mismo, es decir, ¿quién soy? Y es que si no está ese autoconocimiento es muy difícil elegir algo en la vida. Hoy hay espacios donde se ofrecen distintas carreras, pero si uno no sabe quién es y qué es lo que quiere hacer en la vida es muy difícil tomar la decisión correcta. Eso es algo que se priorizaba en mi época, y ayudar desde la tarea docente al alumno a encontrar “el llamado”, la  vocación, el saber a qué actividad me dedicaré en mi vida, de acuerdo a mis características, haciendo algo que me guste y que me paguen por ello. Y esa labor se hacía con dedicación, empatía, amor y humanidad hacia el alumno”.

 

Un tiempo distinto

Marzolla, explicó que hoy en día, contextualmente, “algo ha cambiado, y es que la comunicación se realiza por medios electrónicos, de forma impersonal y fría, sin el contacto humano. Es como si se me hubiera hecho esta entrevista por celular, sería muy distinta. Hoy ha cambiado la relación humana entre todos, y entre el docente y el alumno no es la excepción. No creo que tenga que ver con una pérdida de respeto, es la pérdida del diálogo, es como si la tecnología estuviese robando la interioridad, nos saca de nosotros mismos, y creo que hay que volver a mirarnos adentro y comunicarnos mejor. Nadie puede tomar una decisión sobre qué hacer con su vida si no sabe quién es, qué tiene adentro, y tampoco puede estar bien con el entorno si no sabe quién es, o al menos sospecharlo. El celular es una buena herramienta, pero tenemos que aprender a usarla de una mejor manera, que nos reconecte y no que nos aleje, que creo que es lo que está pasando”.

“Cuando se llega a la edad que yo tengo, uno se pregunta si tomó la decisión correcta de hacer lo que se hizo, si todo lo que hicimos valió la pena. Por eso, es importante tomar la decisión correcta sobre lo que queremos hacer en la vida. Y el docente es clave en la decisión que los alumnos, sobre todo en el secundario, tomarán sobre este tema. Es muy doloroso arrepentirse de no haber hecho lo que realmente queríamos. Por eso le doy tanto peso, tanta importancia a la relación humana  entre docente y alumno y a su buena comunicación”, expresó.

Mencionó, además, que “aunque gran parte de lo que conocemos está en los libros, y hoy en día, incluso, en un celular, ni estos ni la Inteligencia Artificial te van a enseñar a saber quién sos, y eso es algo que el docente al menos puede ayudar a guiar los alumnos”.

“Otro gran desafío docente es mostrar la importancia del asombro, la curiosidad, ‘la duda’,  decían los griegos, lo que te lleva a la pregunta.?Dijo Sábato que ‘no se puede enseñar algo sin suscitar antes la pregunta y el asombro’, y la sed de saber. Podés tener toda la tecnología, pero el tema es para qué y cómo la usás. La convicción del maestro está en que su tarea fundamental no solo está para enseñar conocimiento, sino el mostrar lo que es la vida en sí misma. Y el verdadero buen docente es el que enseña con todo su ser”, finalizó.