AMBIENTE - Recorrida por diferentes zonas costeras
Donde la ciudad termina...
El problema de la basura y el deterioro de nuestros espacios naturales, en el ojo de análisis: la situación pide un cambio de lógica ante una emergencia ambiental a la vistaEn las afueras de Villa María, donde empieza a diluirse el ruido y parece abrirse la puerta hacia la naturaleza, la postal es otra. Allí, donde uno espera encontrarse con el río Ctalamochita en calma, con monte, con silencio, aparece lo que no debería estar: basura, escombros, restos de lo que la ciudad expulsa.
El comportamiento más dañino no sucede en las calles céntricas ni en los barrios más transitados. Sucede en las lejanías, en esos lugares a los que muchos van con la idea de escapar del asfalto para conectarse con lo natural. Río abajo, al terminar el barrio Barrancas del Río, y río arriba, desde Vista Verde en adelante, pasando por el puente Andino hasta el nuevo puente de la circunvalación, la escena se repite. Como si el hecho de estar lejos de las miradas habilitara a dejar lo que estorba: bolsas, restos de obras, chatarras, hasta cargas de camiones y bateas que descargan sin pudor.
Pero no todo se reduce al río. También donde termina la urbanidad aparecen estos comportamientos. Barrios que llevan la responsabilidad de sufrir descargas de basura en sus propios límites, solo porque alguien entiende que, al acabar la ciudad, empieza un terreno apto para abandonar lo que sobra. Entre el predio del Club Atlético Alumni y el camino de tierra que conecta con la Ruta 158, la situación es un ejemplo claro: un punto de arrojo visible, constante y alarmante. Allí, como en otros sectores, la postal se repite y el daño se hace evidente.
Una mezcla de naturaleza y desecho
La contradicción es dolorosa. Buscamos lo verde, el río, el aire más limpio. Y al llegar, lo que encontramos es un paisaje castigado. Una mezcla de naturaleza y desecho que deja a la vista la forma en que tratamos lo que más deberíamos cuidar. No hay escondite posible: todo queda descubierto, todo queda a la luz para quien camine, explore o simplemente se acerque.
El borde del río, los límites de los barrios, los caminos de salida… conviven con un mismo signo: la huella del descuido. Y allí donde debería crecer el respeto, crece la basura.
La ciudad se acaba, pero el problema no. Porque en las lejanías, cuando creemos que nadie nos ve, nos mostramos tal cual somos. Y lo cierto es que ya sabemos dónde está el problema y cómo sucede. Con la maquinaria, los equipos y las herramientas que tenemos como ciudad, no haría falta demasiado para empezar a revertirlo. Solo falta la decisión de poner manos a la obra.
Y en esa misma línea surge otra pregunta inevitable: ¿qué organismo regula este mal comportamiento?, ¿quién lo pena? Porque si lo pensamos con lógica, todos coincidimos en que debería haber una sanción. Así como lo hay por otras acciones cotidianas, se cae de maduro que un accionar como este, que daña al río, a los barrios, a todos nosotros y a nuestra biodiversidad, debería tener una justa sanción, como por ejemplo el trabajo comunitario en Ambiente, un área en notable estado de emergencia.
Sin embargo, la situación no es irreversible. Tenemos todas las cartas sobre la mesa. ¿Nos hemos portado mal? Sí. ¿Nos seguimos portando mal a diario? También. ¿Castigamos nuestro río y nuestros barrios? Lamentablemente, sí. Pero podemos solucionarlo. Podemos dar vuelta la página cambiando la actitud y, sobre todo, dando un ejemplo desde arriba: mostrando que el ambiente es una prioridad real. En Villa María, hoy, actuar en clave ambiental no es una opción: es una emergencia.
Fortalecer lo nuestro
Y no solo debemos ser ejemplo. Villa María cuenta con un Centro de Gestión Ambiental, en conjunto con Villa Nueva, donde se clasifican los residuos y donde deberíamos estar poniendo el foco para reducir notablemente la cantidad de basura y optimizar el trabajo. Pero, por sobre todas las cosas, para darle un destino más seguro y evitar la desprolijidad sanitaria que hoy preocupa.
Es la pregunta de todos los tiempos y todo indica que seguirá siendo en el futuro... La pregunta de siempre: ¿qué hacemos con la basura?, porque donde la ciudad termina, la tenemos cada vez más cerca.
