Día Mundial para la Prevención del Suicidio

¿Por qué vivir?

miércoles, 10 de septiembre de 2025 · 09:02

¿Hace falta que muera uno de nosotros para darnos cuenta que todo corre peligro?
Joan Manuel Serrat
(No esperes).

Hablar de crisis es algo conocido por todos. El significado de este concepto es el de una situación que hace su aparición en forma rápida, súbita, y que conduce a un desenlace en corto plazo. No obstante, en nuestra sociedad, esta se prolonga ya por años y nos sumerge en consecuencias que afectan la vida cotidiana.

A diferencia de una situación disruptiva de carácter violento, inmediato, como lo son las catástrofes, los traumas o las guerras, se puede observar una situación permanente, insidiosa, que va inundando la vida social y familiar: inestabilidad laboral, inseguridad, violencia claramente observable como el lenguaje de lo cotidiano.

Y lo más marcado, el borramiento de límites entre lo legal y lo ilegal, lo prohibido y lo permitido; dicho en otras palabras, impunidad, con consecuencias sobre la salud de la población.

El borramiento de límites tiene efectos muy importantes en nuestros jóvenes, no podríamos explicarnos de otra manera lo que está sucediendo con los grupos cuyo fundamento básico es agredir al otro.

Según define la Dra. Lía Ricón, la crisis cuestiona ideales sociales, tales como la idea de comunidad, de solidaridad, con efectos sobre la salud de la población. Esta autora menciona que las necesidades humanas son de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creatividad, libertad y trascendencia.

Podríamos agregar que, en una situación de crisis crónica, las mismas hoy no están garantizadas.

Para el joven, la angustia, malestar incomparablemente humano, es tan intolerable, no tiene aún defensas, necesita aferrarse, de ahí los grandes enamoramientos, para poder superar el estado de indefensión. Busca ser parte; a veces es un grupo de pertenencia, como ya hemos señalado, de enorme riesgo, afirmando una identidad desde la agresividad y desafío a la vida, alianzas despotenciadoras donde la vida ya no es un valor.

Es ese estado de indefensión profunda, de agresividad desafiante, de culpabilidad autoinfringida, el peligro que debemos detectar a tiempo.