El pulso económico que preocupa
Entre la pujanza y los cierres
El relato suele insistir en que Villa María es una ciudad pujante, con comercios que crecen, con Pymes que se reinventan y con emprendedores que apuestan. Y claro, no se puede negar que hay movimiento, que se generan iniciativas y que el empuje individual sigue existiendo. Sin embargo, basta caminar unas pocas cuadras del centro para que esa postal empiece a desdibujarse.
Vidrieras apagadas, persianas bajas y el cartel repetido, casi como un mantra, de “se alquila”. Es el sonido silencioso de un problema que ya dejó de ser coyuntural: comercios históricos que echan el cierre, proyectos nuevos que no logran despegar y una sensación general de que “no hay un mango en la calle”.
La inconsistencia está. Por un lado, se habla de crecimiento, de inversiones, de futuro. Por el otro, se observa un centro devastado, con locales vacíos que permanecen meses -a veces años- sin que nadie los ocupe. La pregunta es inevitable: ¿qué está pasando realmente?
Nadie abre un negocio pensando en cerrarlo. Ningún emprendedor arriesga su capital, su tiempo y sus sueños para rendirse al poco tiempo. Pero la realidad económica aprieta. La inflación, el costo de los alquileres, las tarifas, los impuestos, la caída del consumo: todo juega en contra. Y lo que termina quedando no es la ilusión del emprendedor, sino la persiana cerrada y el eco de lo que fue.
Hay que decirlo sin vueltas: no se trata de una crisis pasajera, ni de “algunos locales puntuales”. Es un síntoma repetido, visible y doloroso. Y lo vemos todos, aunque a veces desde el discurso se intente dibujar otra cosa. No alcanza con cortar cintas o celebrar inauguraciones esporádicas si, en paralelo, las calles del centro se llenan de carteles de alquiler. El vecino lo ve, el comerciante lo sufre y el consumidor lo siente en el bolsillo.
El desafío es ser consistentes entre el discurso y la realidad. No alcanza con decir que la ciudad avanza si, al mismo tiempo, el corazón comercial late cada vez más débil. Reconocerlo no es una derrota: es un primer paso para pensar soluciones. ¿Cómo reactivar el centro? ¿Cómo sostener a los que todavía resisten? ¿Qué políticas se necesitan para que la pujanza no quede solo en un eslogan?
Villa María sigue siendo una ciudad con altísimo potencial, con gente que empuja a pesar de todo y que no se resigna. Pero si no se mira de frente lo que pasa en sus calles, ese potencial puede quedar atrapado en las vitrinas de comercios cerrados.
