Entrevista - Aída Kemelmajer, jurista
“El éxito del Código Civil es la admisión de diversidades”
Entrevista a la integrante de la comisión redactora del Código Civil, un texto jurídico que tiene diez años de vigencia y que incorporó el pluralismo en los proyectos de vidaDesde ayer, Aída Kemelmajer, la mendocina que integró la comisión redactora del Código Civil y Comercial (CCyC), es profesora honoraria de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), la máxima distinción que otorga la casa de estudios.
Antes de recibirla, dialogó con elDiario sobre los aspectos centrales del Código que entró en vigencia el 1 de agosto de 2015.
Un aspecto central de ese Código es que no se hizo en la oficina de un jurista, sino que en su letra está la opinión de distintos sectores provenientes de todo el territorio nacional.
-¿Cómo fue ese trabajo de construir consensos para redactar el nuevo CCyC?
-La primera vez que nos reunimos con el doctor (Ricardo) Lorenzetti y la doctora (Elena) Higthon, me preguntaron por qué creía que los anteriores proyectos que se habían trabajado no se llevaron adelante.
Yo les dije, recordando a Napoleón, que decía que siempre un Código es un acto de poder, quizá no se había tenido el poder para aprobarlo.
Pero también dije que los intentos anteriores habían sido con equipos muy cerrados y entonces Lorenzatti tuvo la idea de armar muchas comisiones y que nosotros teníamos que organizarlas.
Hubo más de 30 comisiones integradas por gente de todo el país y de distintas generaciones. Ese fue el primer matiz de participación, en este caso, desde la doctrina.
Pero también trabajamos en otra instancia, porque antes de comenzar mandamos una nota a las universidades y colegios de abogados y de escribanos de todo el país, para que ellos nos enviaran los proyectos que, según su criterio, tenían que estar en el Código.
Otra vía de participación fue que, al recibir los informes de cada comisión, se las mandábamos al resto.
Cuando todo ese rompecabezas estuvo armado, se redactó el anteproyecto y en el Parlamento se convocaron a distintas reuniones, también en todo el país, para escuchar opiniones, en este caso, más políticas.
Lo llamativo es que los que fueron a participar eran los que estaban en contra del anteproyecto. Parece que los que estaban a favor no confiaban en que fuera a salir y por eso no fueron.
Personalmente, tuve un poco a cargo la difusión del proyecto y me encargué de viajar por todo el país para dar conferencias en las que intenté equilibrar un poco las críticas que se hacían en los centros políticos.
Y finalmente, creo que también influyó en esa construcción de consensos que mucha gente empezó a escribir artículos en los que se explicaba que las modificaciones en el Código tenían un impacto en la vida cotidiana de la gente. Por ejemplo, explicaron que eliminar el divorcio contencioso significaba que el juez no le tiene que preguntar por qué se quiere divorciar cuando fracasó un proyecto. Eso hizo que la gente se interesara por estos temas.
Precisamente, creo que el gran triunfo del Código Civil es el pluralismo a nivel familiar y la admisión de las diversidades.
-¿El Código vino a formalizar cambios que ya se habían dado en la sociedad?
- Si, a diferencia de la canción del grupo mendocino Los Enanitos Verdes que habla de “la muralla que divide lo que fue y lo que será”, el CCyY no ha representado una ruptura. Muchas de las cosas que están ya venían siendo aceptadas por la sociedad y la jurisprudencia.
-¿Qué le faltó?
-En esta década se han producido grandes cambios, especialmente tecnológicos. Pareciera que es otro mundo; cuando uno empieza a mirar el impacto de la Inteligencia Artificial, sentimos que todos estamos perdidos.
Pero como es un Código abierto, permite al juez resolver las cuestiones específicas aunque no tenga un artículo que expresamente se refiera a ello. Porque lo que sí tiene son los principios generales.
El código le tiene confianza a los jueces, es un sistema jurídico que cree en el sistema republicano, en el que hay tres poderes del Estado que tienen que confiar en que cada uno haga lo que tenga que hacer.
El legislador da normas abstractas y los jueces se abocan a los casos específicos, resolviendo con base en esas normas.
-¿Qué balance hace a diez años de la vigencia del CCyC?
-En general, el balance es muy positivo. El fundamento para decir esto es un poco intuitivo, porque en este año, que estamos viajando para dar charlas, la gente viene, se acerca y me dice “gracias por tanto”, y ese tanto es el Código Civil, y ese gracias es un indicador que nos muestra que no hicimos tan mal las cosas.
Comisión
La comisión redactora -o “de notables”, como se llamó en la época- estuvo integrada por dos miembros de la Corte Suprema (Ricardo Lorenzetti y Elena Higthon) y Aída Kemelmajer, quien se estaba jubilando como integrante del Tribunal Superior de Mendoza
