Entrevista - Joaquín González y su aporte junto a Proyecto Inocencia Argentina

“No hay peor injusticia que la condena a un inocente”

Joaquín González trabajó con el aporte de Proyecto Inocencia Argentina, una ONG que trata de revertir condenas erróneas o garantizar una buena defensa de personas que aseguran ser inocentes, en una causa juzgada en Villa María
domingo, 27 de julio de 2025 · 07:50

Proyecto Inocencia es una ONG que nació en Estados Unidos hace aproximadamente tres décadas y, a partir de allí, se extendió por varios países del mundo, entre ellos Argentina.

Un abogado villamariense, Joaquín González, participó en una defensa con el acompañamiento de esa ONG.

“Fue el caso de Franco Sosa, acusado de matar a su bebé con zamarreos, que es lo que se conoce como Síndrome del Bebé Sacudido. Yo sabía que una de las causas en la que Proyecto Inocencia trabaja tiene que ver con ese síndrome, así que ellos me contactaron con Martha Cohen, una pediatra argentina premiada en el mundo, una eminencia en su especialidad, que me explicó que no hay consenso médico en que a partir de tres síntomas, que son los que evalúan acá, se puede concluir inequívocamente de que la causa de muerte es el Síndrome del Bebé Sacudido.

Franco fue absuelto por el beneficio de la duda y a partir de ahí publicaron una nota en el blog de Proyecto Inocencia Argentina y me invitaron a dar una charla. La verdad es que estoy muy agradecido y admiro el trabajo que hacen, porque hay que aclarar que eso es voluntario”, dijo.

Y agregó: “Cualquier persona que considera que un familiar fue condenado o puede ser condenado injustamente, tiene que enviar la elevación a juicio o el expediente, para que ellos evalúen si pueden tomarlo o no”, a través de la página de la ONG.

En Argentina, uno de los fallos más conocidos en el que intervinieron fue el de Clemente Vera, acusado de matar a dos turistas francesas en Salta. “En ese caso, la Justicia actuó, como lamentablemente hace en muchos casos, buscando un culpable, para evitar los cuestionamientos no solo en Argentina, sino también en el mundo”, afirmó.

“Salieron a buscar a cualquier culpable y, cuando intervino Proyecto Inocencia, revirtieron el fallo. Pero Vera pasó 10 años en prisión por un crimen que no cometió”, dijo González.

“La mayor injusticia que puede existir es condenar a alguien inocente. No hay nada más grave que priven de su libertad a una persona inocente. Obvio que también es grave que una persona que haya cometido un delito esté libre, pero que un inocente esté preso es lo peor”, enfatizó.

-¿Cómo convive esa idea con una corriente social que pide endurecer penas?

-Esto no es de ahora, la gente, muchas veces motivada por la inseguridad, pide penas más graves y hasta torturas, porque salen a pedir que los presos no coman. Es una constante en la historia.

El problema es que la Justicia no tiene que ser ni popular ni democrática. Está para actuar de manera correcta, es el faro que nos resguarda de lo primitivo que somos.

Pero lamentablemente se guían por la política. Si el día de mañana cambia el poder político de la provincia de Córdoba, que es donde uno se desenvuelve, y cambia la mirada, por ejemplo, limitando las prisiones preventivas, la Justicia va a cambiar también su criterio. Porque la Justicia no es independiente del poder político, al menos en Argentina.

-¿El de Sosa fue el único caso?

-Bueno, el martes de la semana pasada tuvimos un caso en el que claramente la investigación buscó culpables, no la verdad. En esta ocasión, condenaron a Fabián Lescano por un robo calificado. Pero tiene una particularidad, dado que, primero, las víctimas decían que no podían identificar a las personas que las agredieron y daban descripciones generales que no coincidían con las de mi defendido.

Todas las líneas de celulares de Fabián fueron rastreadas y ninguna estuvo en el lugar del hecho, pese a que las víctimas decían que entre los ladrones se llamaban entre sí cuando uno de ellos fue al banco con una víctima para sacarle plata y el otro quedó en la casa. Todas pruebas que no tuvieron en cuenta.

Y es más, unos días antes del reconocimiento, una persona le dijo -a las víctimas- que el que estaba detenido era Fabián y le muestra una foto y un video. A partir de allí, pese a que habían dicho que no le vieron la cara, lo reconocieron en rueda de presos.

Además, hubo un detalle objetivo: como las damnificadas no podían verle las caras a los agresores, dijeron que veían las manos cuando las maniataban. En el juicio, les pregunté si notaron alguna particularidad en las manos y me dijeron que no, solo que eran manos flacas.

Cuando llegó la hora de los alegatos, le pedí a Fabián que levantara la mano y ahí todos pudieron ver que le falta un dedo pulgar y que, además, tenía un tatuaje visible.

Él fue condenado, y si bien voy a casar -recurrir la sentencia a una instancia superior-, la respuesta demora de dos a tres años y todo ese tiempo deberá estar en la cárcel.

 -¿Hay alguna característica en común de las condenas injustas en las que interviene Proyecto Inocencia?

- Sí, tanto acá como en Estados Unidos, esas condenas recaen en personas vulnerables, que no tienen recursos para pagar una defensa o un perito de parte.

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