Nuestra ciudad tiene todo para decir que es hermosa, única y original, pero ¿hay otras en el mundo?

Ninguna Villa María como esta

Hay muchas ciudades localidades o pueblos en el mundo con el mismo nombre; sin embargo, cada cual tiene su propia forma de ser y de vivir, y es factible decir que esta ciudad donde vivimos apenas tiene algunas, muy pocas, homónimas
lunes, 21 de julio de 2025 · 08:35

Si se escribiera en este espacio de papel y/o digital, como se está haciendo ahora, y  el lector fuera leyendo, a través de estas palabras que se van tecleando, que Villa Maria -sin acento en la ‘i’- es una población muy chiquita, casi perdida en la nada de un gran continente del hemisferio sur, y que es una aldea rural extremadamente calurosa todo el año, cuya ciudad más cercana, Musaka, de más de 285 mil habitantes, está a solo 15 kilómetros, ¿creerían lo que acá se escribe?

No solo eso, porque de esa Villa Maria, al menos de acuerdo a la información que el buen -pero no tan viejo- míster Google te ofrece, se sabe poco o nada; como, por ejemplo, cuánta gente vive ahí. Pero sí se informa que tiene una iglesia católica, un Concejo de Pueblo, un hospital, un mercado central y una calle que la cruza y que tiene por nombre Sembabule.

Además, esta Villa Maria, que no está en la pampa cordobesa, pertenece al distrito de Kalungu, en el corazón de Uganda, y se encuentra prácticamente en África central. A pesar de que no tiene un río que la atraviese, sí tiene varios lagos y riachuelos cerca que la interconectan, donde, en vez de sábalos, bagres o dorados, probablemente haya cocodrilos y otras especies de peces exóticos.

Y vos ¿sabías que había otra Villa María en el mundo?

 

Con sabor caribeño

Villamaría (con acento y así, pegaditas las palabras, como si ambas palabras bailaran cumbia o vallenato) está en una región que en tiempos precolombinos fue territorio de los Quimbayas y los Carrapas hasta que fueron conquistados por los españoles, hace casi 500 años. Aunque, en origen, fue Aldea (y no Villa) de María.

Tiene muchas historias detrás de sí, de guerras, amores, ires y venires, y no fue hasta 1852 que se funda como se llama: Villamaría. Una ciudad que también creció con un tren, que llegó en 1927, y que pertenece al Departamento del Cauca. Este lugar sufrió un terremoto que casi lo destruye en 1979 y una erupción volcánica, del Nevado de Ruiz, que pretendió lo mismo, pero ahí sigue, con sus más de 62 mil habitantes.

Hoy es un pujante y hermoso municipio colombiano que, entre otras cosas, se dedica a la minería, agricultura e industria. Tiene bajo su jurisdicción varias localidades con nombres pintorescos como Gallinazo, Río Claro, Llanitos y más. Al estar arriba de los 3.000 metros sobre el nivel del mar, tiene uno de los climas más fríos de Colombia.

Una Villamaría que tiene una rica y larga historia, gran flora y fauna, festividades, ecoturismo, patrimonio colonial, teleférico, instituciones importantes, personalidad y tantas cosas más.

 

De la Banda Oriental

Al sur del Departamento de San José, en el kilómetro 72 de la ruta 3, prácticamente en la intersección con la ruta 1, casi escondido a los ojos no solo de su país, sino del mundo entero, hay un pueblo, o pueblito, del que poco se sabe, ni siquiera Wikipedia tiene mucha información suya, y que tiene por nombre ni más ni menos que el de Villa María (con acento; un calco gramático de la Villa María cordobesa).

A solo 50 metros sobre el nivel del mar, este poblado uruguayo, que apenas supera los 620 habitantes (en 1963 apenas pasaba de los 100), está muy cerca el Río de la Plata, y tiene poquitas calles, como por ejemplo Chajá, Ombú, Sabiá o Zorzal, entre otras, y un centro educativo que se llama Escuela 22 Punas de Gregoria (ojo, que igual parece tener un Palacio Municipal), y que, si uno la mira en el Google Maps, es el único edificio que resalta de este pueblo del que probablemente nadie sabía, al menos acá, hasta ahora, y de exacto nombre homónimo a esta ciudad del Departamento General San Martín, provincia de Córdoba, Argentina.

 

Villa María, la nuestra

Sí, podrá haber otras villamarías -sin acento, con las palabras pegadas o igualmente escritas-pero no muchas, y contadas con los dedos de una mano, como la Villa de María (con un ‘de’ intermedio) del Río Seco, perteneciente al Departamento Río Seco, también en la provincia de Córdoba. Pero... vamos, quien conoce y ha vivido en Villa María, Córdoba, Argentina, sabe que como esta no hay otra igual, aunque quieran imaginarla o inventarla.

Porque se podría decir que esta Villa María, la nuestra, es la que está a la vera del río Tercero, la que está a 150 kilómetros de la capital del país y a 150 de la capital de la provincia de Córdoba. La que se fundó en 1867 por don Manuel Anselmo Ocampo, la que se gestó por un ferrocarril, la de la cuenca lechera, la de las dos grandes universidades, la de sus más de 100 mil habitantes, la que casi fue capital de todo el país. La de su gran historia y de sus muchas historias,  la que se creó por mujeres y hombres que llegaron de todas partes del mundo, junto a  sus pueblos originarios. La de una historia de esfuerzos y sueños compartidos. La Villa María nuestra, única, original e inimitable.

Porque cómo imitar sus hermosas calles y originales rincones, su encantador río Ctalamochita, sus árboles y espacios verdes, su campo, su gastronomía, su espíritu lácteo, sus universidades, su estación de tren, su comercio, sus amables perros callejeros, su Diario del Centro del País, sus radios, su “Anfi”, sus plazas, su industria, su “Muni”, su música, sus letras y arte en general, sus atardeceres de película, sus cuentos y leyendas, su particular manera de ser y tantísimo más. Pero, sobre todo, su gente. Sus vecinos y vecinas, que tienen ese don de ser orgullosa y verdaderamente villamarienses, hijos por nacimiento, o por elección, de la Villa María más linda y más bella de todas. Con el perdón y permiso de todas las demás.