Las calles

Hilario Ascasubi, poesía, gauchos y pólvora

El nombre de la calle fue impuesto por Ordenanza Nº 949, con fecha 13 de septiembre de 1954, bajo la Intendencia de José Perazzolo
domingo, 20 de julio de 2025 · 08:30

Hilario Ascasubi nació en el entonces Fraile Muerto, hoy Bell Ville, el 14 de enero de 1807. Fue un poeta, escritor, militar, diplomático y político argentino, inscripto en la corriente de la literatura gauchesca.

Cuando era adolescente se embarcó como grumete y, al ser apresado el navío en que se dirigía a la Guayana Francesa, fue llevado a Lisboa, de donde consiguió fugarse. Viajó luego por Europa y EE.UU.

Ascasubi trató de ocultar sus verdaderos orígenes escribiendo en uno de sus numerosos libros que su padre tenía un origen español, y de su madre no pudo ocultar quién era, ya que en todo el Río de la Plata se sabía que era hija del Dr. Joseph Eugenio de Elías, conocido magistrado, y de una mulata cordobesa.

El padre de Ascasubi fue nieto de esclavos del Canónigo de la Catedral de Córdoba, Ascasubi. Para esos años, dicho origen significaba un total menoscabo social.

De allí sus l­­lamativos ojos azules y una piel bastante blanca. En el futuro, Ascasubi sufriría dos juicios de disenso, como le llamaban, al intentar contraer matrimonio: el primero, en Buenos Aires, donde perdió la acción legal; en cambio, en el segundo, los jueces de Montevideo fallaron a su favor, alegando estar en contra de la discriminación racial.

De regreso a nuestro país, en 1823, en Salta, el Gobierno le cedió una imprenta que había pertenecido a los jesuitas.

Editó la Revista de Salta, con José Arenales, donde publicó su Canto a la victoria de Ayacucho. Apasionado por la tormentosa política de su tiempo, se enroló como soldado de Martín Miguel de Güemes. Luego, bajo las órdenes de Paz, con Lavalle, fue adversario de Rosas y tuvo que huir a Montevideo. Allí, como buen comerciante que era, costeó la expedición de Lavalle.

De regreso en Buenos Aires, durante la Presidencia de Mitre, fue encargado de misiones oficiales en París.

Se inició como escritor gauchesco con los Diálogos de Jacinto Amores y Simón Peñalva, en 1833. Más tarde, dirigió los periódicos El gaucho en campaña y El gaucho Jacinto Cielo. Durante su permanencia en París, en 1872, revisó y agrupó su dispersa producción en tres tomos: Paulino Lucero o los gauchos del Río de la Plata, cantando o combatiendo contra los tiranos de la República Argentina y Oriental del Uruguay, integrado por punzantes cielitos, romances, medias cañas, redondillas y décimas, referidos a los episodios del sitio de Montevideo, compuestos entre 1839 y 1851; Aniceto el Gallo, extractado del periódico del mismo título publicado en Buenos Aires en 1854; y completó el tercero, Santos Vega o Los mellizos de la flor, iniciado en Montevideo, en 1850. En este poema, obra más completa y mejor organizada, se apartó de la figura del legendario personaje de la poesía de combate y logra profundidad y firmeza. Aunque excesivamente extenso -consta de más de 12.000 versos-, está logrado con acierto el cuadro físico y social de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Ascasubi era un poeta de imaginación clara y esencialmente visual, que alcanzaba momentos notables en algunos pasajes descriptivos y que, retomando la versificación de Bartolomé Hidalgo y otros precursores, dio auténtica jerarquía artística a la literatura gauchesca.

Falleció en Buenos Aires el  17 de noviembre de 1875.­

SUS OBRAS

?• “El gaucho Jacinto Cielo”(1843)

• “Paulino Lucero” (1846)

• “Santos Vega” o “Los mellizos

  de la Flor” (1851)

• “Aniceto El Gallo” (1853)

• “Obras completas” (1872,

  3 volúmenes)

El fusilamiento de Camila O’Gorman

La muerte de Camila y el cura Gutiérrez fue una tragedia que conmovió a propios y extraños. Hilario Ascasubi narró la tragedia en “Trobas y lamentos de Donato Jurao o la muerte de la infeliz Camila O’Gorman, que en compañía del cura Gutiérrez fueron ferozmente asesinados en Buenos Aires por orden del famoso y cobarde carnicero Juan Manuel Rosas, titulado Gefe (sic) Supremo.”

Santos Vega, EL PAYADOR INVENCIBLE

Las tradiciones populares son verdades agrandadas. Parten de un hecho real, y crecen, y se abultan, hasta que toman las proporciones de fantasías. Santos Vega ni es un hecho ni es un mito: es ambas cosas; es su unión. Oscuro payador, el transcurso de los años lo ha ido haciendo más grande y misterioso. Es una historia falseada por la imaginación del pueblo y hecha leyenda. Después, esa leyenda agrandada por esa misma imaginación, y convertida en historia, historia falsa, pero grande, poética, brillante, imperecedera... Quizá, futuro tema de un poema épico nacional. Inútil será, pues, el empeño de los que quieran hacer la biografía de Santos Vega, como inútil el de los que quieran negar la realidad de su existencia.