Solidaridad - Un hombre alojado en el Espacio de Contención para Personas en Situación de Calle de la UOM compartió parte de su historia
Cualquiera podría ser el “Rafi”
Estuvo ahí los 10 primeros días, y en ese tiempo no solo fue acompañado, sino también escuchado por quienes solidariamente, noche a noche, ayudan a que estas personas tengan un lugar para dormir sin frío, con baño, una cena y desayuno. Su experiencia ahí le ha cambiado la vidaSon 18 las personas, en promedio, que cada noche tienen un refugio caliente, cómodo y con comida en el Espacio de Contención de Personas en Situación de Calle. Un lugar creado ante la urgente necesidad de que las 30 personas que se tienen contabilizadas por el municipio no paseen frío en este duro invierno, y donde, además de una cama limpia, una cena caliente, un buen baño y un desayuno, quienes han dormido ahí las últimas dos semanas han encontrado un lugar de contención, diálogo y escucha con los voluntarios que ahí trabajan noche a noche.
Y son muchas historias, las historias que cada uno trae detrás de sí, y que podría ser la historia de cualquier otra persona, de no haber tenido la suerte, las oportunidades, ni las buenas decisiones de vida que otros sí tuvieron. Hay historias de desamor, de desilusión, de fracasos no buscados, de sueños rotos, que a veces llevaron a que algunas de estas personas cayeran en el consumo de sustancias, esa trampa camuflada, una telaraña que te atrapa y de la cual a veces no solo es difícil, sino casi imposible, escapar. Al menos no sin la ayuda generosa y necesaria que se requiere.
Y el “Rafi”, que no se llama así, pero podría llamarse también Carlos, Matías, Federico, José, o como el lector prefiera, es una de esas personas a quien la vida lo empujó a un terrible abismo del que le ha sido difícil salir, y que lo llevó a vivir en la calle desde hace dos años, pero que, gracias a este espacio, encontró el tiempo y el lugar ideal que necesitaba para ser contenido y escuchado, para dialogar con otros como él y con quienes lo han ayudado no solo durante los 11 días que estuvo ahí, sino a tomar la decisión de rehabilitarse, como han decidido otros compañeros de refugio en esta dos semanas.
Vivir en la calle
“Soy de Villa María, tengo 49 años y tengo una adicción. Esto me llevó a terminar viviendo en la calle, y en los últimos tiempos terminé viviendo en la catedral”, comenzó diciendo el “Rafi”, casi entre lágrimas.
Pero la vida no fue siempre así, ya que dice “fui una persona, como dicen, normal. Tengo hermanos, mis padres, una familia. Fui a la Escuela Juana Manso, en el barrio Carlos Pellegrini, mi barrio, donde tuve una linda infancia. Además, tengo una hija de 17 años”.
“Yo trabajé 15 años en el Mercadol de Abasto y antes de eso hice albañilería con mi papá. Y quiero decir que yo nunca sufrí maltratos de parte de él ni de nadie de mi familia, tuve una infancia normal, linda. No es por ahí que me encontré con la droga, sino que fue en la calle, con los amigos, como muchos empiezan, por curiosidad, fumando primero un cigarro de marihuana, luego éxtasis, después probé la cocaína y eso fue lo que me llevó a fumar crack; lo que, finalmente, me llevó a la calle”, expresó.
Un hoyo negro
El “Rafi” explica que el “hoyo negro de la droga” donde cayó lo llevó a robarle a su propia madre “y a perder a la pareja que tuve, la madre de mi hija”.
“Sin embargo, a pesar de todo el infierno que he vivido, de estar todos estos años en la calle, quiero que la gente sepa de mi vida y de lo que ahora la sociedad está haciendo por mí, luego de que, por la droga, rompí todos los afectos de la gente que quise y me quería”, señala con la voz entrecortada.
Y si de algo está agradecido el “Rafi” es de “recibir el amor de toda esta gente, del municipio, de la UOM, de los voluntarios con lo que convivimos todos los días, quienes nos dan ese amor que nos faltaba y que ya no teníamos, porque nos escuchan sinceramente, con empatía, como si fuéramos amigos de siempre, y me han ayudado a tomar la decisión de irme a hacer la rehabilitación a un espacio en Buenos Aires”.
“He recibido el amor que no tenía, una caricia, un abrazo, que dicen más que mil palabras. Porque en la calle la gente te margina, te tiene miedo, te juzga sin saber. Y esta gente que nos ha ayudado son enviados del Señor. Agustín (Turletti) iba solo a la catedral, se portó una maravilla conmigo (llora) y, personalmente, me llevaba comida. A veces yo me perdía y lo buscaba, pero no lo hallaba. Y un día lo reencontré y me dijo que estaba desesperado porque tuviéramos un lugar, hasta que el secretario de la UOM (Leo Lualdi), otro tipazo muy humano y el municipio, junto con otros gremios, la CGT, la iglesia y muchos voluntarios, armaron este espacio que nos salvó la vida en días de frío extremo, pero no solo eso, sino que nos han dado un lugar para tomar conciencia de lo que muchos de nosotros vivimos, y por lo cual he decidido cambiar, mejorar mi vida y salir adelante, pero, primero, me rehabilitaré”, señaló.
Sale el sol
Este hombre no solo agradece, sino que destaca la labor que se hace en el Espacio de Contención para Personas en Situación de Calle, donde “he dormido junto con gente con problemas similares, con una cama limpia y baño caliente, cenando y desayunando, y hasta el pelo nos cortaron gratis, charlando con toda la gente que hace que eso funcione, y me ha hecho muy bien. De hecho, un día me tomaron una foto a mí durmiendo en la calle que salió en redes sociales y se hizo tal ruido que por eso se aceleró todo esto para armar este lugar. Hoy todos los que estamos acá somos una familia, es mi familia, y eso me motiva a salir adelante”.
Y el “Rafi” lo está haciendo.?Desde el lunes pasado viajó a Buenos Aires, donde comenzó su proceso de rehabilitación. Ojalá lo logre, y que vivir en la calle solo sea un mal recuerdo.
