Amadeo Ancarani, Eduardo Martos y Diego Servini, amigos y motoqueros de corazón, llevan dos meses viajando hacia su meta final

De Villa María a Alaska en moto

Son parte de un grupo de amigos y amantes de las motocicletas que, tras imaginar este viaje en otros que han hecho, decidieron hacerlo ahora porque quizás no habría otro momento. Y vaya que ha sido una aventura inolvidable para los tres villamarienses; uno, de nacimiento, y los otros dos, por adop
viernes, 27 de junio de 2025 · 08:37

Tres amigos comenzaron un viaje largamente soñado en motocicleta desde Villa María hasta Alaska el pasado 28 de abril. Ellos son Diego Servini (44), ingeniero agrónomo oriundo de Ordóñez y radicado en la ciudad; Eduardo Martos (66), urólogo local nacido en Mendoza; y Amadeo Ancarani (59), nefrólogo villamariense. Los tres están ahora en Calgary (Canadá), a solo cinco días de llegar a su meta: la tierra de los paisajes de ensueño, del hielo y los bosques, de los osos, las focas y los “Inuit” (esquimales).

“Somos amigos desde hace muchos años, y nuestra relación nació por nuestro amor por las motos. Además de ellos, nuestro grupo motero estuvo conformado  por mi hermano Félix, que hoy no está; Fernando Oliva -que falleció en un accidente en Bolivia hace 10 años, viajando en moto-; Pablo Lucarelli, Ricardo y Guillermo Pieckenstainer, Alejandro Michelli  y otros más, con quienes hemos realizado muchos viajes así”, detalló Amadeo.

 

Planear un viaje

Contó que, previo a este viaje, han hecho diferentes viajes a Brasil, a Ushuaia, a la Patagonia chilena,  Ecuador y Perú, “y esos viajes se dan porque tenemos un vínculo y sincronía que nos une mucho, con gran conexión, porque para nosotros lo más importante es el otro, y si algo le sucede a uno se para todo. En el último viaje largo a Ecuador con Eduardo y Diego, saltó el tema de Alaska, que hablé muchas veces con mi hermano Félix y que, por distintos motivos, no hicimos, como el temor de cruzar Centroamérica, ya que decían que era muy peligroso y no había tanta tecnología como hoy, donde hasta ChatGPT te orienta”.

“La pandemia aplacó todo y puso en pausa los viajes. Hasta que el año pasado, tras idas, vueltas, asados y charlas, decidimos hacerlo este año, aunque yo dudaba, pero Eduardo dijo que era el momento y que no había otro. Así que lo encaramos, y aun contra todas las complicaciones y obligaciones de cada uno, salimos el 28 de abril, aprovechando los mejores meses para  llegar a Alaska cuando no es invierno”, señala, emocionado, y casi hasta las lágrimas.

 

Muchas aventuras

De esta manera, tres moteros villamarienses “levaron anclas y zarparon” rumbo al hemisferio norte. La travesía comenzó en Villa María y hasta Salta. Luego, Chile, el Desierto de Atacama, y norteando. Cruzaron después a Perú sin inconvenientes en las fronteras, “aunque muy difícil porque en este país es muy caótico el tráfico”, explicó, destacando la hermosa y peligrosidad el Cañón del Colco. “De ahí a Ecuador, donde visitamos a un amigo de Diego, y después a Colombia, un poco complicado de cruzar, pero la gente maravillosa, así como el Santuario de Las Lajas; y, luego, ciudades como Popayán -tierra de las temibles FARC, pero no pasó nada-. Cali, la Medellín de Pablo Escobar, y Bogotá, que son increíbles”.

“A Panamá viajamos en avión, y las motos igual, por el Tapón del Darién, la frontera entre ambos países, donde no hay caminos ni frontera habilitada. Ahí comenzó nuestro viaje por Centroamérica. Destacó la Isla de Colón, donde Eduardo, por conseguirme un coco, sufrió la mordida de una víbora en la selva y fue intenso, pero salvó la vida a dos horas de conseguir ayuda en lancha, y muchas complicaciones como un corte de ruta por el tema del Gobierno que quiere subir la edad jubilatoria. Después, Costa Rica, que es bellísima; Nicaragua y Honduras, que cruzamos rápido porque dicen que es muy insegura; el Salvador; y de ahí a Guatemala, donde me quedo, sobre todo, con Antigua, una ciudad maravillosa que te lleva a otro tiempo, al igual que San Juan La Laguna”, detalló.

 

De México a Canadá

La primera ciudad mexicana tras cruzar la frontera fue Arriaga, y quedaron sorprendidos por la militarización de la zona. Enseguida fueron hasta Oaxaca, “una ciudad estupenda, de una belleza especial”. Y de ahí a Jiutepec, en el Estado de Morelos, donde vive el hijo de Eduardo, “que  nos recibió de maravilla y con su familia nos llevó a conocer las famosas ruinas de Teotihuacán. Y no paramos hasta la frontera de California, pasando antes por Guadalajara y Mazatlán, donde se rompió una moto y nos la arreglaron en Culiacán, donde está el Cártel del Sinaloa, el más peligroso de todos, pero todo bien”.

“Hicimos toda Baja California y cruzamos a Estados Unidos por San Diego. Fue como cruzar el puente de Villa María y Villa Nueva.?Solo presentamos el pasaporte, aunque como México te cobra 400 dólares por entrar las motos, debimos regresar caminando a una oficina a que nos los devolvieron. Luego nos tocaron las protestas en Los Ángeles por las redadas de Trump contra los inmigrantes y las evitamos, siguiendo a Las Vegas -es Sodoma y Gomorra, ja, el Cañón del Colorado, San Francisco -una ciudad divina-, y estuvimos en los parques nacionales de Yosemite y de las Secuoyas. Después, tras conocer Vancouver en un viaje de avión, fuimos a Idaho, y ahí cruzamos hasta Calgary, donde estamos ahora”, expresó.

De esta manera, los tres amigos moteros seguirán viaje hasta Alaska, donde esperan llegar en menos de una semana, etapa final de una aventura motoquera que, seguro, Amadeo, Eduardo y Diego jamás olvidarán, acompañados en el viaje siempre por la fuerza de Villa María.

Más de