Día del Bombero Voluntario - Juan Carlos Mulinetti, por Miguel Sponer
Más que un bombero, un maestro de vida
La figura preponderante del servicio en la ciudad y la región, que perdió su vida salvando otras, sigue siendo un faro. “Era distinto a todos”, dice uno de sus alumnosEl bombero voluntario retirado y actual miembro de la Comisión Directiva de los Bomberos Voluntarios de Villa María, Miguel Sponer, evocó con emoción y orgullo a quien definió como un segundo padre, un maestro y un símbolo ineludible del voluntariado villamariense: Juan Carlos Mulinetti, conocido también como “El Mula”.
Todo comenzó en febrero de 1982. “Entramos varios en ese momento. Estaban Gustavo Nicola (actual jefe), José Verea (actual directivo) y yo. Todos jóvenes, con la ilusión intacta. Pero Juan Carlos..., él ya era parte del alma del Cuartel”, recordó Sponer.
Aunque no era oriundo de la ciudad, sino de Ticino, Villa María lo adoptó. Vivía en el entonces llamado barrio Bonoris, actual General Güemes. Desde pequeño, Mulinetti mostró una energía desbordante. “Era distinto a todos, inquieto, atrevido, solidario”, comentó Sponer.
Juan Carlos ingresó al cuerpo siendo muy joven, tras trabajar en los talleres de Gianinetto (dueño del negocio y, por entonces, jefe del Cuartel), donde se mezclaban los fierros con la vocación. Ahí conoció el oficio, pero también el llamado más profundo: el de servir. No fue casualidad -según Sponer- que El Mula haya nacido el mismo año que los Bomberos de Villa María (1951). “No son casualidades, son causalidades”, reflexionó.
En poco tiempo, Juan Carlos se convirtió en jefe del Cuartel. “Nadie le regaló nada. Fue un líder natural, un tipo con vocación pura. Se sabía todos los camiones, los defectos, los motores. Pensaba soluciones antes de que existieran los problemas”, contó su compañero.
Una de esas soluciones fue la invención del “acuaplano”, un vehículo anfibio que se construyó con un motor de avión para operar en ríos, lagunas o zonas inundadas. “Imaginate, en los 80, tener un Cuartel con ese tipo de unidad. Fue una revolución”, aseguró Sponer.
El Mula dejó su huella también en lo humano. “Fue nuestro segundo padre. Nos retaba por las malas notas, nos enseñaba a ser solidarios. Nos formó”, dijo Sponer. También recordó cómo llegaban del colegio y se quedaban hasta la noche ayudándolo a armar camiones. “El último fue ‘Liebre 3’, un vehículo de ataque rápido que él mismo diseñó”, recordó.
Entre otras anécdotas, Sponer no pudo evitar contar el peculiar viaje de bodas de Juan Carlos. “Se casó con la Beba, y como tenía que probar un camión nuevo, se fueron en ese mismo vehículo hasta Villa Carlos Paz”.
Su legado técnico también fue inmenso. Creó el cuerpo de rescate en altura, algo inédito en Córdoba en ese entonces. Fundó el grupo “pirosalva”, trajo nuevas técnicas desde Buenos Aires y dirigía las demostraciones públicas en los edificios altos que había en ese momento.
También fue clave en la creación del cuerpo de bañeros de la ciudad, lo que salvó innumerables vidas durante los veranos a la vera del río. Y, en otra de sus múltiples facetas, participó activamente en la comunicación con los soldados que estaban en la guerra de Malvinas. “Tenía un equipo de radio potente. Gracias a él, muchas familias supieron que sus hijos estaban vivos”, relató Sponer con orgullo.
Mulinetti también fue parte fundamental de la expansión de los bomberos en la región: impulsó destacamentos en Arroyo Algodón, Arroyo Cabral, Ausonia, Dalmacio Vélez, Luca y otras localidades. Además, fue creador del Centro de Capacitación de Bomberos de Córdoba, que hoy lleva su nombre. “Él entendió que todos debían tener la misma formación”, destacó Sponer.
El domingo 23 de octubre de 1983 -una semana antes de las elecciones que marcaron el fin de la dictadura-, cerca de las 15, en pleno acto de servicio, perdió la vida. Fue a rescatar a dos hombres que estaban en el río, uno lo pudo salvar y el otro falleció. “Villa María se paró. Nunca vi algo así. Fue el día más triste que vivió esta ciudad”, aseguró. Al día siguiente, miles de personas lo despidieron caminando detrás de su ataúd, llevado a pie por sus propios compañeros.
“En cada rincón del Cuartel hay algo de él. En cada camión, en cada técnica, en cada muchacho que entra a ser bombero. El Mula, como lo llamábamos, no murió: se multiplicó”, dijo conmovido.
Como solía decir: “Vamos 15 y volvemos 15”. Juan Carlos Mulinetti creía en el grupo, en la familia que se forma entre el fuego y el agua. Y aunque aquel día regresaron 14, su presencia se quedó para siempre.
“Fue un héroe. Un tipo que nos hizo mejores personas. Por eso, Villa María nunca lo va a olvidar”, concluyó Sponer.
