Informe - Villa María, entre las ciudades que padecen el crecimiento de indigentes sin techo, como en todo el país
Gente que duerme en la calle, una realidad que duele
La cantidad viene en aumento y desmiente la baja de la pobreza. El consumo de droga es parte del combo letal. El municipio asiste, por día, a 100 personas con necesidadesEn tiempos donde la temperatura saca su azote más cruel, la calle no es un lugar adecuado para refugiarse.
Sin embargo, al castigo de estas noches y madrugadas se les suma el frío de números que no suelen explicar la realidad, porque mientras desde Nación dicen que baja la pobreza, en los rincones de muchos vecindarios se visualiza como nunca antes el otro número más real, el de la cantidad de gente durmiendo a la intemperie en Villa María.
En una simple recorrida por los lugares comunes de una ciudad que siempre se caracterizó por su calidad de vida (sobre todo en comparación con cientos de poblaciones con la misma cantidad de habitantes), varias personas ya dejaron de ser pobres, es cierto, porque ahora son indigentes. Y usan la calle como refugio.
Debajo de los puentes, en la bajada Entre Ríos (a metros del río), en las plazas Centenario y San Martín, en una galería de la expeatonal, en la Plaza de la Vida, frente a los cajeros del Banco Nación, en los playones de las iglesias, en la zona del Molino Fénix, en una obra en construcción del barrio Lamadrid… Son varios los puntos de la ciudad que se transformaron en el amparo de esta gente, la mayoría jóvenes que empiezan a olvidarse de lo que era un hogar y se acostumbran a la dureza de algún piso, cartón mediante para atenuar el frío.
La situación se percibía ya en el verano, cuando por las noches era más común verlos buscando cartones o revolviendo la basura. Sin embargo, la llegada del invierno despierta más preocupación por lo que significa afrontar estas temperaturas lejos de un calefactor, al aire libre.
“Es duro, no puedo decir que no, pero hay que pasarlo”, reconoce Nicolás, uno de los tantos jóvenes que experimenta, lamentablemente, ese significado.
“No nos queda otra”, admite después.
Como él, varios se la rebuscan de tal manera que soportan el frío. Y pasan a ser parte de los desplazados del sistema, que cada vez son más, por diferentes motivos.
Sin ingresos y con consumos
Todas las personas que duermen en la calle admiten que no tienen ingresos para solventar un alquiler, “aunque sea de alguna piecita”.
En ese sentido, hay dos casos testigos cuyas identidades preferimos no publicar:
Primero, una joven fue echada de su hogar por problemas de consumo. El municipio intervino con su familia para que pueda quedarse allí, pero la convivencia fue tormentosa y ella volvió a la calle.
Otro caso muestra a un joven que “vivía de changas”.
“Se paró la construcción hace rato, no me llamaron más, me quedé sin plata y no puedo alquilar nada. Ahora vivo de lo que me da la gente”, le contó a elDiario.
“Y si la gente me da algo para pasar la noche, me quedo despierto a la noche para hacer algo”, aclara.
En esos vaivenes -las adicciones, la falta de trabajo y el precio de los alquileres- estriban los factores de muchas familias.
Hay otras situaciones que el municipio, a través de su personal de Asistencia Social, pudo dar alguna solución certera, como el de un hombre que padecía alcoholismo y dormía en la calle.
Tras un acuerdo con PAMI, se logró que se avanzara en una internación para una desintoxicación, pero la cobertura no servía porque el hombre necesitaba tener tres meses de abstención para entrar al tratamiento.
¿Cómo puede una persona tener abstención a su adicción sin una ayuda profesional? Una tarea complicada.
“Cada vez más”
El secretario de Desarrollo y Territorio de la Municipalidad de Villa María, Agustín Turletti Mino, reveló que son casi 100 personas por día las que se acercan al municipio y a los MuniCerca para solicitar algún tipo de ayuda.
En tanto, sostuvo que las personas que duermen en la calle son 30, “ni más ni menos”.
“Los tenemos relevados porque hablamos con ellos; lo que pasa que a veces duermen en un lugar y a la otra noche aparecen en otra zona de la ciudad, pero sabemos quiénes son y tratamos de darle contención siempre”, afirmó.
De esos 30 que contabilizan los profesionales del municipio, nueve son de otras localidades. El resto son villamarienses.
“Como municipio, estamos haciendo todo lo posible para ir resolviendo los casos puntuales, tampoco damos abasto”, expresó el funcionario, que dijo detectar de manera repetitiva cuestiones de “salud mental y consumo problemático”.
“Hay un gran problema de consumo, donde se rompen los lazos familiares”, añadió.
“Hay tantos problemas de consumo que a algunos no te los reciben en ningún lado cuando querés darle contención”, reconoció.
Una de esas personas dormía en pleno centro de la ciudad, en el ingreso a un local vacío que supo ser un comercio de indumentaria.
Ese hombre pasó por un hogar de contención, pero volvió a la calle porque se consideró que “ponía en riesgo a 120 personas” que compartían la convivencia.
Finalmente, le pagaron el pasaje a la localidad de donde era oriundo. Y se llevó el problema, sin una solución más efectiva, a otra parte.
Turletti Mino contó que “es complicada la situación social” y sostuvo que, “como Municipalidad, vamos acompañando, pero se ha incrementado muchísimo el problema económico-social de mucha gente que debe tres o cuatro meses de alquileres con expensas, ya no pueden pagar y no tienen dónde ir”.
“Hemos generado siempre la ayuda económica, pero mientras crece este problema, también falta asignación de recursos para todo”, remarcó, y recalcó que “antes no se veía la realidad que se vive ahora”.
El funcionario dio ejemplos como el de una mujer remisera, con dos hijos, que quedó al borde del desalojo.
“Antes, ella podía pagar el alquiler, hoy no”, expresó.
“Es un tema complicado porque cada vez va llegando gente que antes no necesitaba y hoy necesita”, indicó.
En ese aspecto, reveló que el municipio no solo atiende la situación de la falta de medicamentos a los abuelos que no tienen dinero, ante la quita violenta que hizo el Gobierno nacional, sino también afronta el gasto de pasajes a Córdoba para tratamientos médicos de personas vulnerables.
Miles en merenderos
La cantidad de gente en estado de vulnerabilidad se siente también en los comedores y merenderos.
El municipio asiste con recursos alimentarios a 31 de esos espacios de contención alimentaria en diferentes barrios.
En solo dos de esos comedores, los del barrio San Martín y Carlos Pellegrini, asisten casi 300 niños y niñas.
Mientras, el intendente Eduardo Accastello planeó ante Provincia que Paicor continúe con los diez días de asistencia alimentaria durante las vacaciones de invierno, sabiendo la necesidad que se percibe en la calle.
Turletti Mino dijo que “se hace un trabajo que es silencioso y no podemos ir contando por todas partes cada caso”.
“A mucha gente también le generamos viandas y decimos dónde retirarla, siempre buscando que llegue la comida a donde tenga que llegar”, afirmó.
¿Qué viene?
En el Gobierno local y en la oposición saben que, por más trabajo que se haga con lo que se tiene, a veces no alcanza. Y mucho menos cuando, en tiempos de “achicar el Estado”, se necesita agrandarlo para este tipo de contención, sobre todo en gente profesional que atienda cada necesidad.
En ese sentido, Turletti Mino expresó que “en Villa María no tenemos una ONG como en otras ciudades, que acompañe en esta tarea con llevarle la vianda a la persona en la calle, por ejemplo. Y hoy, montar un espacio como un refugio requiere de gente de Seguridad, Salud Mental, Trabajo Social...”.
No obstante, adelantó que se está “trabajando con instituciones y tenemos ahora una reunión con Cáritas para avanzar en esta tarea”.
Malestar en todo
La situación es complicada porque, al desamparo magnificado de estos días, se les suma también el reclamo de vecinos que piden “hacer algo” por la gente en la calle. Lo mismo sucedió en ciudades grandes como CABA, donde hasta un candidato mediático hizo campaña con la “gente rota”, prometiendo sacarla como si fueran carpinchos del Nordelta.
Y mientras la asistencia nacional no llega, se torna una deuda impagable como la coparticipación. Y los municipios quedan entonces a la intemperie, olvidados, sin techo, como las personas debajo del puente.
El hombre que falleció en Villa Nueva
Un hombre que limpiaba los parabrisas de los autos sobre la avenida Carranza, en Villa Nueva, fue un claro ejemplo de lo que sucede en las calles del conglomerado local con las personas en situación de calle.
Rubio, de ojos celestes, con una sonrisa amplia, siempre tirando algún chiste... Él era un conocido en la ciudad porque fue un villanovense de nacimiento, con estudios también en la ciudad.
Su problema fue la adicción de las drogas. Y fue también un gran problema para su familia, que intentó ayudarlo hasta que no pudo más.
Solo, el hombre (de solo 40 años, aproximadamente) quedó en la calle y compartió algunos espacios de casas abandonadas con otros compañeros “buscas”.
La sonrisa fresca y amplia se le había complicado porque, debido a las drogas que consumía, perdió piezas dentarias y su rostro había envejecido más de la cuenta. No solo no tuvo “un mango” para ir al dentista, sino que tampoco se hizo atender por un problema más grave de salud que se le fue complicando hasta llevarlo a la muerte.
“Era buen pibe, nunca pudo salir”, cuentan sus amigos de calle, los que hoy sigue rondando, con una capucha, un trapo y un pedido de moneda.
Sosa recordó su proyecto de refugio nocturno
Desde el espacio de Uniendo Villa María expresaron “una profunda preocupación” ante la cantidad de personas que duermen en las calles y puntualizaron que “no se trata de casos aislados. Basta caminar por las plazas, el centro o distintos barrios de la ciudad para advertir que hay vecinos que no tienen un techo donde pasar la noche”.
En ese sentido, el sector de la oposición puntualizó que “hace ya un año” se presentó “un proyecto de ordenanza para la creación de un Refugio Nocturno Municipal, como respuesta concreta a esta problemática”.
“El proyecto no solo propone un espacio físico donde las personas en situación de calle pudieran dormir bajo resguardo, sino también un abordaje integral, que incluya higiene, alimentación y acompañamiento social”, apuntó.
La propuesta contempla un funcionamiento diario desde las 19 hasta las 8 del día siguiente, con camas equipadas, instalaciones sanitarias, cena y desayuno. El refugio estaría a cargo de personal municipal capacitado y se alentaría también la participación de voluntarios y organizaciones sociales, generando una red solidaria de contención.
El financiamiento, según establecía el proyecto, provendría del presupuesto municipal, con la posibilidad de sumar aportes de instituciones y vecinos solidarios.
“Pese a su importancia, el proyecto no solo fue ignorado, sino que ni siquiera fue debatido en el Concejo”, advirtió el espacio opositor.
“Nos duele esta indiferencia. Nos duele que, mientras se habla de una ‘Villa María más humana’, se mire para otro lado ante los más vulnerables. Porque una ciudad no es más humana por el discurso, sino por sus acciones. Es más humana cuando actúa, cuando cuida, cuando protege... Vamos a seguir insistiendo. Porque tener un techo donde resguardarse por la noche no es un lujo: es un derecho humano básico”, criticó el concejal Manuel Sosa.
