Las calles
Rivera Indarte, el temible y controvertido poeta
El nombre de la calle fue impuesto por Ordenanza 949, de fecha 13 de septiembre de 1954, bajo la Intendencia de José PerazzoloJosé Rivera Indarte nació en Córdoba, el 13 de agosto de 1814. Fue un poeta y periodista argentino, destacado opositor al Gobierno de Juan Manuel de Rosas, aunque antes había sido un ferviente defensor del mismo.

Era hijo del coronel Manuel Rivera y de Trinidad Indarte, y se radicó en Buenos Aires siendo un niño. Más tarde estudió en la Universidad de Buenos Aires, de donde fue expulsado por robo de libros. Aunque fue readmitido en la casa de altos estudios al año siguiente, volvió a tener problemas penales por robar -esta vez, la corona de una imagen sagrada- y por un intento de estafa a un coronel. Fue condenado a prestar el servicio militar, pero, por su inutilidad en el uso de las armas, se le conmutó la pena por la de destierro por un año, en 1832.

Ya en los tiempos de Juan Manuel de Rosas en el poder, le dedicó varios de sus célebres poemas, entre ellos la “Oda a Rosas”. Sin embargo, su paso por el rosismo no terminó bien: fue a parar a las mazmorras del régimen, sospechado de mantener vínculos con los unitarios. Cuando recobró la libertad, viajó casi de polizonte a los Estados Unidos, cobijado por el entonces embajador Carlos María de Alvear. Allí dio rienda suelta a su vocación poética, logrando algunas notas altas, como el poemario “Melodías hebraicas”.
En 1840 recaló en Montevideo, donde se plegó con el mismo énfasis a la causa antirrosista, poniendo su pluma al servicio de los enemigos del Restaurador, convertido, según algunas opiniones, en uno de los primeros cultores del transfuguismo de la historia argentina.
Autor por encargo de “Tablas de sangre”, un manifiesto que recopilaba los crímenes atribuidos a la Mazorca bajo el lema: “Es acción santa matar a Rosas”, con escalofriantes descripciones de los métodos empleados. El inventario de las 480 víctimas atribuidas a Rosas, publicado en simultáneo en Francia e Inglaterra, incluía todas las muertes ocurridas en la época por distintas causas, con el fin de abultar aquella cifra en tiempos en que la intolerancia estaba naturalizada.
Se lo tiene por autor intelectual del atentado pergeñado en 1841 contra Rosas con la llamada “máquina infernal”, que no llegó a consumarse porque falló el mecanismo del sofisticado aparato enviado por correspondencia y recibido por la hija del “restaurador”, Manuelita.
Para reparar su quebrantada salud se trasladó a Brasil; primero, a Río de Janeiro; y luego, a la isla de Santa Catarina, destino de muchos argentinos caídos en desgracia. No en vano, en ese tiempo, el lugar se llamaba Nuestra Señora del Destierro.
Falleció en Santa Catarina, el 19 de agosto de 1845, al día siguiente de cumplir 31 años.
Partió de este mundo en brazos de Julián Paz, hermano del famoso Manco, quien escribió: “Vuelvo de conducir al desgraciado Indarte al cementerio. Ha sido acompañado por todos los compatriotas y amigos de la causa residentes aquí. Su sepulcro queda bien señalado para cuando llegue el momento de trasladar sus restos a Buenos Aires, como lo pidió y se lo prometí”. Florencio Varela solicitó que fuera sepultado en Córdoba, aunque sigue en un cementerio próximo a Florianópolis.
Fue, en definitiva, un personaje controvertido de un tiempo tumultuoso, que Vicente Fidel López retrató sin piedad: “Este Rivera Indarte -un canalla, cobarde, ratero, bajo, husmeante y humilde en apariencia, como un ratón cuya cueva nadie sabía- tenía mucho talento y un alma de lo más vil que pueda imaginarse”.
El contrapunto corrió por cuenta de Bartolomé Mitre, para quien “la tiranía saludó su muerte con un grito bárbaro de triunfo; los ejércitos libertadores vistieron luto por el publicista de su causa, y la prensa, viuda de su más valiente atleta, le llorará por mucho tiempo sobre la arena ensangrentada en que combatió”.
En medio, el juicio de Juan María Gutiérrez: “Este pobre mozo ha de ser juzgado y visto bajo muy diversos puntos de vista, y no siempre favorables, por sus mismos partícipes en opiniones políticas. Ha vivido en medio de una tormenta y no siempre la nave que ayudó a pilotear salió al puerto”.
Lo cierto es que, salvando agravios y elogios posiblemente desmedidos, todas esas visiones encierran parte de verdad.
La aterradora Mazorca
Una organización parapolicial que ejerció su acción al servicio de Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires de 1829 a 1832 y 1835 a 1852, llevaba el nombre de Mazorca. Estaba muy asociada a la Sociedad Popular Restauradora, pero era independiente de esta (en realidad, era su brazo armado).
Su nombre, precisamente, tiene que ver con una publicación que hace Rivera Indarte, distribuida y pegada en las calles, que llevaba como título: “¡Viva la Mazorca!
Al unitario que se detenga a mirarla”. El término hacía alusión al color de piel de Rosas y el color rubio de su cabello, al comparar con el nombre del fruto del maíz (una espiga densa con granos muy juntos).
Los homenajes en la Docta
En la ciudad de Córdoba también, curiosamente, la memoria del particular poeta estuvo y sigue presente. El 26 de abril de 1891, en la avenida Vélez Sársfield de la ciudad capital, se inauguró el prestigioso teatro con el nombre de Rivera Indarte.
Fue rebautizado en honor del General José de San Martín en 1950, bajo la Presidencia de Juan Domingo Perón, con motivo del centenario de la muerte del Libertador, pero cambió en 1956, tras el derrocamiento del mismo. Recuperó la denominación de Libertador General San Martín en 1973. A la vez, una de las calles principales de la capital cordobesa y un barrio, Villa Rivera Indarte, en el noroeste de la ciudad, también le rinden homenaje.
