LAS CALLES - José Ignacio Rucci
El gremialista que no llegó a la ciudad...
El nombre le fue impuesto el 24 de octubre de 1973, mediante la Ordenanza 1.429, sancionada durante la Intendencia del Dr. Emilio Pizzorno. Anteriormente, llevaba el nombre de BrasilJosé Ignacio Rucci nació en Alcorta, provincia de Santa Fe el 15 de marzo de 1924. Su infancia transcurrió entre distintas estancias santafesinas y cordobesas (debido al empleo de su padre como trabajador rural), en las que también trabajó desde niño. Realizó sus estudios primarios en las escuelas públicas de Alcorta y Llambi Campbell.
Cuando aún era adolescente, su padre abandonó a la familia y él migró con su madre hacia la ciudad de Rosario.

Tenía apenas 20 años cuando llegó a Buenos Aires en un camión del diario “El Mundo”, para tentar a la fortuna. Fue lavacopas en una pizzería de Floresta, cajero en una confitería de Cabildo y Juramento y, tras ese breve paso por el rubro gastronómico, ingresó en 1944 a la actividad metalúrgica como operario de una fábrica de cocinas.
En ese lugar, Rucci aprendió los secretos del gremialismo al lado de quien, años más tarde y hasta 1953, sería el líder de la UOM, Hilario Salvo, “un aficionado a la guitarra” que, según cuentan, en los días de ocio se dedicaba al contrabando.
Luego de su debut público en el fallido congreso normalizador de la CGT, en septiembre de 1957, vuelve a salir del primer plano. Ocupa una Secretaría en la UOM Capital al año siguiente e integra la intervención a la considerada “difícil” seccional de San Nicolás.
Hacia 1970 lucía camperas con flecos, con el cuello de la camisa siempre abierto, largas patillas y sonrisa fácil. Fruncía el ceño cuando prendía un cigarrillo o hablaba de sus enemigos.
El 2 de julio comenzó el Congreso de la Unidad de la CGT, que lleva el nombre de “Augusto Timoteo Vandor” (se cumplía un año de su asesinato y el vacío de liderazgo era ostensible ante los intentos no concretados totalmente de normalización de 1963, 1965 y 1968).
Entre Perón y Lanusse
Luego de una década de hibernar detrás de la escena, la suerte de Rucci habría de mudar radicalmente con la apertura de la actividad política que hizo el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse, con vistas a una salida electoral negociada con la clase dirigente. Con ella, la CGT emerge de su anonimato y Rucci se convierte en un interlocutor válido para el Gobierno.
Posteriormente, en 1971, Rucci conoce a Perón, en España. Es entonces cuando inaugura la rutina de los viajes a Puerta de Hierro, peregrinaje que repite junto a Lorenzo Miguel (líder de las 62 Organizaciones). Y el líder lo elige para la Secretaría general por ser un hombre de su absoluta confianza.
En julio de 1972, el secretario general consigue la reelección y comienza a intensificar la campaña para el regreso de Perón, que se concretaría cuatro meses después. “A partir de entonces -recordó Hugo Barrionuevo, secretario de prensa cegetista y años, más tarde Ministro de Trabajo del gobierno de Raúl Alfonsín- Rucci embandera mucho más a la conducción cegetista”.
El 17 de noviembre de 1972 había sido uno de los días más felices de su vida: al regreso de Perón, tuvo el “privilegio” de cubrirlo con su paraguas de la intensa lluvia en el aeropuerto Pistarini, de Ezeiza. Ese día fue declarado “de júbilo nacional” por la CGT para permitir la concentración en el aeropuerto internacional, cosa que fue impedida por las Fuerzas Armadas. Estaban en la superficie dos modelos, según los analistas de la época: la “Patria peronista”, con la Juventud Sindical (JSP), por un lado, y la “Patria socialista”, con la Juventud Trabajadora (JTP), por el otro.
Perón regresó a España tras permanecer solo 29 días en el país y el 20 de junio se produjo su segundo, definitivo y traumático regreso al país. El avión no pudo descender en Ezeiza, donde se producen sangrientos enfrentamientos entre los sectores mencionados. Horas después, Perón reivindica a la CGT de Rucci, condenando a otros grupos.
Cuando ya era presidente electo, Héctor Cámpora, el 4 de junio renuncia a su cargo para llamar a elecciones y permitirle a Perón acceder a su tercera y última presidencia.
El líder triunfó con el 62% de los votos en los comicios de septiembre, acompañado en la fórmula por su esposa, María Estela Martínez.
El 10 de septiembre, Rucci anuncia que en diciembre serían denunciados los convenios colectivos de trabajo para que pudieran ser discutidos en las comisiones paritarias.
Por ese motivo, solicita con premura una entrevista al presidente interino Raúl Lastiri. Un día después del triunfo de Perón, Adelino Romero llamó a su compañero de conducción para señalarle la oportunidad de adelantar la denuncia de los contratos laborales.
En esos días debía grabar en Canal 13 un mensaje sobre el resultado electoral en el que señalaría que “la etapa de la lucha ha sido superada”.
No llegó a pronunciar esas palabras. Ese martes 25 de septiembre de 1973, a los 48 años, caía acribillado a balazos cuando salía de su departamento, ubicado en el barrio porteño de Flores.
La organización Montoneros se autoadjudicó (dos años después) el atentado, que llevó el nombre de “Operación Traviata”, en siniestra alusión a una marca de la época, por tener en su cuerpo tantos orificios de balas como los agujeros de las publicitadas galletitas.
La Clínica de Villa María que no pudo inaugurar
En el Acta constitutiva de la entidad consta que la clínica de la UOM de nuestra ciudad fue inaugurada en noviembre de 1973, pero la fecha que todos conmemoran es el 25 de septiembre, y no es casualidad. Fue así porque el histórico líder fue asesinado cuando se disponía a venir a la ciudad, al salir de la casa de su familia en Buenos Aires, a inaugurarla.
El regreso de Perón
Rucci, paraguas en mano, acompañado por Juan Manuel Abal Medina (a su izquierda) y Héctor Cámpora (al lado de Perón) entre otros referentes, al recibir a Perón, frente a los 200 simpatizantes que habían sido autorizados para pasar los controles militares del camino a Ezeiza
