Carlos “Chochán” Almada, encontró su lugar en el mundo en una localidad francesa, donde su food truck “es perseguido” por fanáticos de los “choris” y las empanadas

Después de 40 años en Europa, a los diarios por sus manjares

Les ganamos la copa del mundo en Qatar pero, a la hora de los sabores argentinos, primero Francia...
jueves, 20 de febrero de 2025 · 08:02

“Al año, ni bien me vine, pegué la vuelta para Argentina, porque es muy difícil acostumbrarse... Aparte, eran otros tiempos, eran otras épocas; nadie sabía demasiado sobre experiencias europeas porque era poca la gente la que había viajado, era poca la gente que te contaba algo por entonces, salvo los primeros que llegaron, los que hicieron punta: el Titi Masiero, el Gonzalo Vargas, el Loco Boero...”. Esas fueron las primeras palabras de Carlos “Chochán” Almada, a quien laRadio del centro del país encontró en Tarbes, una ciudad situada en el suroeste de Francia, al pie de los Pirineos.

“Le Chochán”, “Spécialités Argentines”, “L’authentique choripan argentin”

-Pero volviste..., muchos años en España y ahora en Francia...

-Sí, en el 2011 me vine aquí, a Francia.

Gente haciendo cola ante el food truck de los villamarienses, en Francia

-Estuvimos mirando fotos de Tarbes a través de Internet y se ve muy linda, situada apenas a 18 kilómetros de Lourdes...

-Es un lugar tranquilo y encantador, donde nos instalamos con Patricia, mi compañera, mi esposa, que fue profesora de Matemáticas en el Rivadavia.

“Cuando recién llegué, la cosa no fue fácil. Estaba sin papeles, sin contrato, sin trabajo... Aparte, no conocía a nadie. Yo tenía una referencia de un señor que tenía un local y san se acabó”.

-Bueno, se podría decir que la pegaron con el food truck, porque hasta están apareciendo en periódicos locales y regionales...

-Sí, pero te comento que se está abriendo mucho el tema argentino acá en Francia. Estuvimos el sábado visitando a unos colegas que acaban de abrir una casa de empanadas aquí al lado, a 15 minutos, precisamente en Lourdes, donde está la virgen, y les va bien. Acaba de abrir otro por acá cerca, a unos kilómetros, también es un food truck; y, además, abrieron un restaurante argentino, pequeño, en Oloron, hay otro food truck en Toulouse y un restaurant ya mayor en París... Están teniendo un éxito terrible...

-Al que te puso la casa de empanadas ahí cerquita le podrías haber preguntado si no se podía ir un poquito más lejos, porque ustedes también venden empanadas...

-(Risas) No, está a 15 kilómetros, y el mercado da para todos. De hecho, acá hay un tipo que se llama Horacio y que te diría fue el que primero hizo las empanadas acá, en Tarbes, y tiene un local que se llama Caminito. Pero lo dejó y ahora creo que está volviendo. Es buena la competencia, pero también marca presencia de productos que gustan y la gente corre la voz, los busca y consume en un lado o en el otro.

-Choripanes, sándwiches de bondiola, empanadas criollas. ¿Cómo se arreglan con los cortes de la carne?

-Me cruzo los lunes a España a comprar. Ya me conocen y me hacen los cortes “a la argentina”. Acabo de asar ahora mismo dos pedazos de vacío y me venden el vacío entero. Entonces, primero lo aso y después lo corto a cuchillo, en daditos, porque las empanadas se hacen con la carne cortada a cuchillo.

-¿Quién podía imaginar en Villa María que “el Chochán”, el hijo de “la Coca”, aquel jugador de rugby..., iba a estar tan feliz a estas alturas, cocinando?

-Y sí, en Villa María me conoce más la gente por “el Chochan”, apodo que me puso el famoso gordo Cabral, porque yo empecé a jugar al rugby con él; fue él quien me llevó. Mi padre, en esa época, trabajaba en Ichi Ban y un día llegó al bar. Yo tendría nueve o 10 años, y le dijo: “Me llevo a tu hijo, así juega al rugby”. Y fui, me gustó, me enganché desde el primer día..., porque todo el que es malo para el fútbol, termina jugando al rugby (risas). Comencé en el San Martín, porque en esa época no existía el Jockey Club.

-¿Tenés planificado algún viaje para acá?

-Sí, tengo muchas ganas de ver a “la Coca”, a la familia. Pronto estaremos viajando. Les agradezco la comunicación, porque es una manera de contactarme y hablar, en cierta forma, con tanta gente de allá que siempre recuerdo, porque si yo te cuento lo que he pasado acá en estos 40 años, te puedo escribir cinco libros.

 

El comienzo

-Es importante que cuentes,  porque hay un montón de chicos queriendo irse y no todo es color de rosas...

-Yo, desde que vine, viví siempre en Madrid. He estado por Alicante porque soy un enamorado de Alicante y, de hecho, mi hijo mayor vive allí y los otros dos pequeños en Madrid. No te puedo decir que la pasé mal. En cierta manera, yo sería un privilegiado, aunque, ojo,  he pasado apuros, como todos. Cuando recién llegué, la cosa no fue fácil. Estaba sin papeles, sin contrato, sin trabajo... Aparte, no conocía a nadie. Yo tenía una referencia de un señor que tenía un local y san se acabó; era todo lo que tenía. Por decirte, llegué un día en que hacía un calor insoportable, con las dos maletas, que en esa época no tenían rueditas. Estaba empezando la primavera y yo con esas dos maletas que me pesaban toneladas y me quería pegar un tiro. Encima, pregunto por el local y, cómo te dicen acá, “queda a cinco minutos”. ¡Cinco minutos en auto! Cuando llegué caminando estaba empapado. Para colmo, me había venido de traje, haciéndome el dandy, porque antes era difícil poder entrar a Europa. Si no les gustaba tu cara o tu vestimenta, afuera; en el vuelo de la noche te estabas pegando la vuelta. Todo el mundo cae a España porque se habla castellano, si no la gente, a lo mejor, iría a otros lugares. Los que tienen sangre italiana se van para Italia, pero el italiano es bravo y todo el mundo prefiere entrar por España, donde, hoy por hoy, está lleno de argentinos, se ha llenado y todos se dirigen para el mismo lado, para la costa. El argentino siempre busca costa, mar, playa y esas cosas, pero todo el mundo se va buscando la vida y todos van viviendo bien, mal... Lo mío no hubiese salido bien sin las personas que me rodean y que me han ayudado a llegar a este momento de trabajo y de tranquilidad, como la compañera que tengo al lado, lo repito, que es Patricia, que para la gente que la conoce es la profesora Patricia que daba clases de Matemáticas en el Rivadavia; ella es mi colega, mi compañera y mi mujer, así que estamos los dos acá dándole, tirando para adelante, trabajando mucho, porque  después de las notas en los periódicos, se nos dispararon las ventas de todo: se disparó venta de las empanadas, se disparó la venta  de los sándwiches, todo. Gracias por acercarnos a Villa María. Nos vemos pronto.

Más de