Un mensaje de fe para estos tiempos
Padre Alberto: “El amor de Dios se hace palabra y es esperanza”
En la antesala de la celebración navideña, el vicario de la Diócesis de Villa María y uno de los referentes espirituales de la comunidad comparte una profunda reflexión sobre el sentido de la Navidad, invitando a volver a lo esencial: la cercanía de un Dios que se hace amor y pan para todosEn tiempos complejos, donde la incertidumbre y el desencanto parecen ganar espacio, detenerse a escuchar palabras que reconfortan el alma se vuelve casi un acto de resistencia.
En la antesala de la Navidad, dialogamos con el padre Alberto Bustamante, vicario de la Diócesis de Villa María, sacerdote muy querido por innumerables familias de nuestra ciudad y poseedor de un vasto recorrido formativo y pastoral. Dueño de una palabra honda, cargada de pausas, tonos y sentido espiritual, el padre Alberto nos invita a volver a lo esencial del misterio navideño: un Dios que se hace cercano y que sigue cantando amor en medio del ruido del mundo.
La Navidad no es solo una fecha en el calendario. Para muchos es un tiempo que interpela, que invita a revisar la vida, a reencontrarse con lo simple y a volver a creer. Desde esa profundidad espiritual y humana, el padre Alberto comparte su mirada sobre este tiempo tan significativo.“Para la fe cristiana, estamos a las puertas de una de las celebraciones más bellas, que es la celebración navideña. Ese bello misterio de la fe cristiana en el que celebramos la encarnación del Hijo de Dios, que se hace hombre en el seno de María Santísima”.
Desde allí, el sacerdote desgrana con sensibilidad el corazón del mensaje cristiano, alejándolo de lo abstracto y acercándolo a la vida concreta de cada persona.“Confesamos desde nuestra fe la belleza de un Dios que se hace cercano, que se hace carne, que se hace sangre, que se hace alegría, que se hace gozo, que se hace lucha, que se hace esfuerzo, que se hace dolor, que se hace herida, que se hace caricia, que se hace caminante, que se hace solidario, que se hace pobre, que se cae para levantarnos, que se hiere para curarnos, que es crucificado para salvarnos”.
En esta enumeración profunda y conmovedora, el padre Alberto va dibujando un Dios que no observa desde lejos, sino que se involucra con la fragilidad humana. Un Dios que habita la historia y la transforma desde adentro.“Todo eso encierra el misterio de Belén, que, providencialmente, Belén significa ‘Casa del Pan’. Como dice Leopoldo Marechal: ‘Cuando uno recibe un nombre recibe un destino’”.
Hasta que se haga eternidad
El sacerdote retoma esa imagen poética para profundizar el sentido del nacimiento de Jesús y su misión en el mundo. “Haber nacido en Belén, en la Casa del Pan, ya marcó el destino del Niño Jesús, de convertirse en pan, en alimento, en entrega, en ofrenda para los hombres y mujeres de todos los tiempos: ayer, hoy y siempre, hasta que nuestro caminar y peregrinar en esta tierra y esta historia se haga eternidad”.
La reflexión se enlaza directamente con la vida cotidiana, con las luchas silenciosas y visibles que atraviesan a tantas personas.“Esta presencia es la que sostiene, la que alienta, la que anima, la que esperanza en nuestras luchas cotidianas, en nuestro vivir de cada día”.
En ese mismo camino, el padre Alberto trae a la conversación una imagen poderosa, tomada del magisterio actual de la Iglesia, que invita a escuchar más allá del ruido.“Por eso bellamente el Papa León XIV nos ha dicho que Jesús es el canto de amor de Dios a la Humanidad y nos invita a escuchar ese canto, a aprender de ese canto, para poderlo cantar con nuestra vida”.
Pero el sacerdote no desconoce el contexto actual, marcado por tensiones sociales, desigualdades y enfrentamientos. Por el contrario, lo nombra con claridad. “Que el Niño Jesús, nacido en Belén nos ayude a escuchar la belleza hermosa de su canto de amor, de solidaridad, de justicia, de misericordia, de paz, de fraternidad, de amistad, para que podamos testimoniarlo en este tiempo nuestro en donde a veces no se escuchan cantos, sino gritos: gritos de marginación, gritos de pobreza, gritos de violencia, gritos de intolerancia, gritos de individualismo. “El amor de Dios se hace palabra y es esperanza”.
El espíritu amoroso de la Navidad, con nuestras familias
Finalmente, su mensaje se vuelve deseo, oración y bendición compartida, extendida a cada familia y a toda la comunidad.“Que en esta Navidad, el bello canto amoroso del Señor suene más fuerte en nuestros corazones que los gritos mediocres de aquellos que buscan romper y destruir. Que el Señor los bendiga y nos permita disfrutar el espíritu amoroso de la Navidad con nuestras familias”.
Palabras que no pretenden imponer, sino acompañar. Que invitan a detenerse, a hacer silencio interior y a dejarse tocar por un mensaje que trasciende credos y pertenencias. Porque, incluso en los tiempos más difíciles, siempre es posible volver a escuchar -si afinamos el corazón- ese canto de amor que nace en Belén y sigue recorriendo la historia.
