MANO A MANO - Jorge Sappia - El abogado laboralista, exministro de Trabajo de Córdoba y exsecretario de Trabajo de la Nación habló sobre la iniciativa de Javier Milei y de otros temas de actualidad importantes

“No creo que la reforma laboral de Milei avance”

El experto en Derecho Laboral vino a dar una charla ayer al Comité Radical de Villa María y en la previa dialogó con este medio, y explicó por qué sería un retroceso aprobarla, además de hablar sobre la situación del país y del radicalismo, del que es un histórico referente
martes, 23 de diciembre de 2025 · 07:48

Jorge Sappia (Córdoba, 1941) ha dedicado su vida a las leyes y al mundo laboral. Egresado de la Universidad Nacional Córdoba (UNC), también ha compartido su conocimiento en la materia a través de la docencia, y en el servicio público, siendo ministro de Trabajo de la provincia de Córdoba durante el gobierno de Eduardo Angeloz, y secretario de Trabajo de la Nación durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Además, ha escrito infinidad de publicaciones, así como libros, sobre el tema del trabajo.

El abogado es considerado una verdad autoridad técnica en temas laborales y es siempre alguien consultado por su amplio saber técnico laboralista, además de emitir importantes juicios de valor sobre temas políticos, sociales y sindicales basándose en su gran experiencia en este ámbito. Y además  es un conocido militante y referente radical, e incluso fue hace poco presidente de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR), del 2017 a 2022.

Sappia siempre ha defendido la regulación laboral como herramientas de protección y la negociación colectiva como eje de estabilidad y equidad en el mundo el trabajo, aunque  entiende la necesidad de modernizar normas. Siempre y cuando al cambio lo acompañen salvaguardas que eviten la precarización y la quita de derechos adquiridos de los trabajadores. Por eso mismo es muy crítico de la reforma laboral que impulsa el presidente Javier Milei.

De todo esto vino a hablar ayer  al Comité de Circuito de la UCR Villa María. Pero antes tuvo un mano a mano con este cronista y dejó importantes definiciones sobre la realidad del país y de otros temas.

 

-Jorge, sabemos que seguís muy activo, trabajando todos los días.

-Sí, así es. Sigo trabajando como abogado en mi estudio de Córdoba. De hecho, ahora estoy viendo unos temas sobre un juicio laboral.

 

-Entiendo que venís a Villa María este lunes (por ayer) a dar una charla sobre la reforma laboral de Milei en el Comité de Circuito de Villa María de la Unión Cívica Radical ¿Es así?

-Tal cual, voy a dar una charla sobre esta reforma laboral que por donde se la mire es un retroceso. La gente del Comité me ha invitado para exponer sobre este proyecto que está impulsando el Poder Ejecutivo nacional y ese es el objetivo de mi visita.

 

-Una reforma laboral muy polémica, cuya discusión en el Senado se iba a dar el 26, pero el viernes, sorpresivamente, nos enteramos de que el Gobierno la pateó al 10 de febrero. ¿Y por qué este proyecto de ley es contraproducente para los trabajadores de la Argentina?

-Lo primero que tengo que decir es que no hay una sola propuesta dentro del proyecto que sea de beneficio efectivo y real para los trabajadores, sino todo lo contrario, porque todo lo que propone tiende a disminuir lo que hoy son los derechos laborales del trabajador.

 

-¿Y cuáles serían estas propuestas que por lo que me decís no benefician en nada a los trabajadores?

-En primer lugar, hay una cuestión ideológica de por medio, porque se suprime, como método de interpretación de las leyes y de las situaciones de hecho que se ventilan en un juicio laboral, el principio de la justicia social. Esto es muy grave, porque la justicia social es un principio instaurado universalmente y supone que la legislación y la jurisprudencia deben responder a un criterio de progresividad que tienda a elevar el concepto de la dignidad del trabajador y mejore su condición objetiva en el seno de la sociedad. Y, obviamente, eliminar esto es un elemento claramente regresivo.

 

-¿Qué otras cosas le parecen negativas de esta reforma?

-Bueno, entrando más a detalle, hay que decir que se desalariza la relación laboral. ¿Por qué? Porque se sacan del principio de aplicación de criterio remunerativo a una serie de daciones de dinero que el empleador le concede al trabajador. Es decir, las gratificaciones, las habilitaciones, la participación de las ganancias, los premios, el pago por el uso del automóvil o celular, o bonos dejan de ser salario. Quiere decir que, aunque lo reciba el trabajador, lo va a recibir sin que tenga efecto para el cómputo de una eventual indemnización, y tampoco para el cálculo de las vacaciones o de los aguinaldos, ni para determinar el aporte jubilatorio y a la obra social.

 

-Que no es poca cosa. Ahora, esto es apenas la punta del iceberg, por lo que tengo entendido.

-Así es. Porque, además, se sigue insistiendo en la figura instaurada por la llamada Ley Bases, la 27.742, de que puede contratarse hasta tres colaboradores independientes sin que exista contrato de trabajo. Eso no existe, no tiene ningún sentido. La Ley Bases tiene un año y medio de vigencia y no conozco un solo caso en el que algún empleador haya intentado utilizar este mecanismo porque no existe, es una forma de consolidar la evasión o la clandestinización de la relación laboral, es decir, es el reconocimiento de trabajo en negro. Y esto tampoco tiene sentido de modernización, sino absolutamente de regresión. Además, se suprime el preaviso en un caso de período de prueba, con lo cual, en un período de prueba de hasta 6 meses, el empleador puede tomar trabajadores hasta 5 meses para una misma tarea de forma indefinida, los cuales no tienen estabilidad.

 

-Solo con esto ya has dicho que debería ser suficiente para que cualquier trabajador se oponga a esta reforma.

-Totalmente. Encima se impone que los salarios sean pagados por depósito en cuenta sueldo, lo cual está muy bien, pero resulta que se suprime la gratuidad de ese tipo de cuenta, por lo que el banco le puede cobrar al trabajador por recibir los depósitos de su salario. Pero hay cosas más graves, porque se admite el banco de horas, que supone pasar por arriba el límite de jornada, porque admite que se puede trabajar hasta doce horas y después se compensa. Pero esas son horas extraordinarias, que el trabajador está destinado a hacerlas en casos muy concretos y muy permitidos por la ley. En cambio, tal cual lo plantea la reforma, se puede hacer sobre la base de un acuerdo individual entre el empleador y el trabajador, donde el primero impone condiciones porque el segundo no está empoderado para discutir de igual a igual. De hecho, un comentarista en Córdoba dijo que esto es la muerte de la Ley de Jornadas, que en cuatro años cumplirá 100 años y ha funcionado sin ningún problema.

 

-Es decir, la reforma laboral nos retrotrae un siglo ¿Es así?

-Así es, es una cosa espantosa.

 

-Y si no fuera suficiente con todo lo que has dicho sobre esta reforma, también está el tema del aporte mensual del 3% para el Fondo de Asistencia Laboral (FCL).

-Bueno, como le ha ido mal al Gobierno en su propuesta de establecer el Fondo de Cese Laboral, porque desde que está vigente la Ley Bases yo no conozco un solo pedido, ni sindical ni empresarial, de hacer un acuerdo en un convenio colectivo de trabajo para imponerlo. Con el FCL implica que el trabajador pierde el sentido de la estabilidad relativa que goza con la ley actual. Es decir, de un día para otro, sin ningún tipo de explicación, pueden dejarlo en la calle. Y desde el punto de vista del empleador, le obligan a pagar una contribución que tiene dos contras para él: la primera es que en la suma de un año de contribuciones patronales les sale más caro de lo que le saldría una indemnización de despido, y segundo, implica que hay un dinero que tiene que ir poniendo mensualmente, que queda inmovilizado y que el empleador podría usar para invertir, para financiar un crecimiento de la empresa o lo que quiera. Y ahora han inventado el Fondo de Asistencia Laboral, sacándole al empleador el 3%, de la nómina salarial y la van a compensar con una cifra igual, pero de menos, de contribuciones patronales a la seguridad social, por lo que la descapitalizarán, que ya tiene demasiados problemas y no aguanta aumentar de ninguna manera los beneficios jubilatorios.

 

-Parecen demasiadas cosas. Y toda esta reforma se da en el marco de un Gobierno en el que se han cerrado más de 20 mil empresas y perdido casi 300 mil puestos de trabajo registrado.

-La Superintendencia de Riesgo de Trabajo dice que se han perdido 280 mil puestos de trabajo registrado.

 

-¿Entonces la reforma empeoraría toda la situación laboral, tanto para trabajadores como para los empresarios?

-Sobre todo es regresiva respecto a los derechos de los trabajadores y, además, es notoriamente antisindical, ya que pretende atomizar el sindicalismo para que pierda importancia y participación en el concierto social de nuestro tiempo. Y lo hace promoviendo los sindicatos de empresas, es decir, sindicatos chicos, y promueve los convenios colectivos de empresas en lugar de convenios de actividad. Y no saben, porque evidentemente no conocen el mundo laboral, que el convenio de empresa atomiza el poder sindical, pero a las empresas no les resulta práctico ni conveniente, porque para poder discutir y negociar esa clase de convenios necesita tener una organización adecuada, que lo asesore, que le haga un estudio económico y jurídico, y un análisis completo de cuáles son las vicisitudes de un convenio colectivo. Y las empresas medianas y pequeñas no están en condiciones para esa discusión. Va a ser peor todavía la situación, y todo por su espíritu antisindical, porque además le saca al empleador la obligación de retener las cuotas sindicales. Y todo esto es para amedrentar a los trabajadores, para que no confiesen su condición de afilados al sindicato, y es muy grave. Y ni hablemos de la retención del derecho de huelga, consagrado por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, un derecho que se logró con el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales aprobado por la Asamblea General de la ONU en 1966, y que está en su artículo 8.

 

-O sea, estarían violando normas internacionales.

-Sí, acá se intenta disminuir el efecto de la huelga exigiendo que se consideren servicios esenciales a una cantidad de tareas que no son esenciales, y donde aquellos servicios esenciales, en caso de una huelga, están obligados a asegurar un servicio mínimo del 75% de trabajadores, y esto es una locura. De hecho, se quiso hacer esto con el tema de la Marina Mercante y el Decreto 3.040, que está suspendido por decisión judicial, y ahora vuelven a insistir en esto, en el proyecto de la reforma laboral. Es terrible. Además, han hecho un agregado al artículo 245, generando una causal de despedido a los trabajadores que hayan participado en la huelga o que hayan impedido trabajar a quienes no se hayan adherido a la misma. Todo esto es un amedrentamiento para que nadie adhiera  a los movimientos de fuerza.

 

-¿Crees que el Gobierno, luego de aplazar la discusión de la ley, pueda avanzar con la reforma como está escrita?

-No, creo que no. Va a ser muy difícil que puedan avanzar. Pero bueno, vamos a ver que es lo que sucede en febrero.

 

-Cambio de tema: siendo un referente histórico del radicalismo, ¿cómo ves al partido hoy?

-Mal, lo veo mal. Está en un estado crítico, es decir, padece una crisis de identidad. Lo que han sido los principios tradicionales del partido están como desfigurados por los mismos dirigentes. Yo creo que esto  no aguanta más, y un grupo importante de radicales de todo el país hemos convenido el 7 de diciembre, en Buenos Aires, la integración de un grupo interno que se llama Radicalismo Auténtico y que en este momento está decidiendo integrar una comisión organizadora provisoria para oponernos abiertamente al Gobierno nacional y a la conducción del partido nacional, para recuperar los principios de libertad, igualdad y justicia social, para servir al país y a una ideología de democracia social y tratar de poner otra vez al radicalismo en un rol protagónico de la política argentina a través de un concepto de progresividad.

 

 -¿Entran los llamados “radicales con peluca”?

-No, y lo mejor que podrían hacer es irse del partido. Lo que pasa es que no se los puede expulsar así como así. Yo le pido que tengan dignidad y que se vayan porque han perdido la seriedad con que debe actuarse en política, porque han dejado de lado los valores del radicalismo para ponerle un sello de individualismo personal lamentable.

 

-¿Y cómo ves el Gobierno de Javier Milei, más allá de la reforma laboral?

-Estamos viviendo una situación paradojal, porque este Gobierno acaba de ganar las elecciones y las encuestas dicen que hay gente que todavía dice “no, pero vamos a estar bien”, en un porcentaje ponderable de ciudadanos argentinos. Es decir, todavía no se ha superado el sentimiento de hartazgo que tenía la sociedad con los gobiernos anteriores, y entonces todavía mantiene una esperancita de que este Gobierno les mejore la situación. Pero yo, realmente, no veo ninguna posibilidad de que mejore, porque hay una enorme cantidad de puestos de trabajo perdidos, cierre de miles de empresas y una gran recesión económica. Además, la situación en que está la industria nacional producto de la apertura indiscriminada de las importaciones abre la puerta a la quiebra de muchas actividades, como en el ámbito textil, del calzado, de autopartes..., es terrible todo.

 

-¿Qué me decís  de la entrega de la soberanía? Incluso entregando sectores industriales a empresas extranjeras, específicamente a Estados Unidos.

-Por supuesto, hay un sometimiento indigno. Sobre todo ante un presidente de Estados Unidos que es colega con Milei en el plano ideológico, aunque económicamente vayan en sentidos  opuestos. Yo voy a utilizar una palabra demodé, pero hay que recuperarla: imperialismo. El Gobierno actual de los Estados Unidos ratifica la condición imperialista de ese país.

-¿Qué pensás de una posible invasión a Venezuela?

-Yo tengo repulsa por el Gobierno dictatorial de Nicolás Maduro, pero bajo ningún punto de vista puede justificar una invasión armada. El pueblo venezolano resolverá por sus propios medios cómo sale de la dictadura, pero no por las fuerzas militares de Estados Unidos. Porque si justificamos esta invasión, mañana vamos a justificar una invasión a cualquier otro país. Entonces ahí sí se va a materializar su visión imperialista, que ha sostenido históricamente que América Latina es el patio trasero de ellos. Y Milei, con su pleitesía incondicional, le está facilitando todo esto aún más.

 

-Por último, ¿ves posible una unidad entre el radicalismo, el peronismo y otros sectores de la oposición para ponerle un alto a Milei y evitar ir al precipicio que al parecer vamos?

-Creo que vamos al precipicio con Milei, totalmente de acuerdo. Y también creo que el radicalismo está en un camino que tiene dos etapas: la primera es recuperar su autonomía a base de su identidad política, y una vez alcanzado ese objetivo, intentar establecer consensos con fuerzas políticas que tenga una visión igualmente nacional, popular y de justicia social. Y en este sentido, no solo no descarto, sino que aliento alianzas con diferentes sectores del peronismo.

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