Rutas rotas, camioneros al límite y un modelo asfixiante
Eugenio Salvatori (foto) habla desde la ruta, desde el volante, desde el desgaste diario, desde el cuerpo del trabajador camionero que acumula horas, pozos, parches y estrés. Y cuando pone el tema sobre la mesa, no lo hace en abstracto: lo hace con territorio, con nombres propios y con consecuencias concretas. Villa María, la cuenca lechera y las rutas de la región aparecen hoy como un termómetro claro de lo que está pasando.
El estado de las rutas es, para el gremio camionero, uno de los problemas más urgentes y menos atendidos. “Los accidentes van en aumento, los vehículos se deterioran cada vez más y las rutas nacionales prácticamente han desaparecido, en términos de mantenimiento”, advierte el secretario general de la seccional local del gremio de Camioneros. Lo poco que se sostiene, explica, “queda en manos de provincias y municipios, con recursos limitados y soluciones provisorias”.
En distintos puntos del país -Entre Ríos y La Pampa por citar algunos- hay tramos que ya son conocidos como “rutas de la muerte”. Sectores intransitables, banquinas destruidas, calzadas deformadas. “Hay caminos que con tanto deterioro serán a paso de hombre”, grafica. “Y la comparación es simple y real: no es lo mismo hacer cien kilómetros por una autopista que recorrerlos por una ruta destrozada. Nuestros trabajadores tienen niveles de estrés altísimos. El tiempo se estira, el cansancio se duplica y el riesgo vial se multiplica”.
Salvatori hace un recorte claro sobre la provincia. Reconoce que Córdoba está mejor parada que otras provincias, pero advierte que eso no alcanza. “La autopista se está emparchando, se nota que no es una obra de fondo nacional y es Córdoba atendiendo la necesidad del turismo”, señala, tras haber transitado recientemente la traza.
En el caso de Villa María y su zona de influencia, el tema adquiere una dimensión estratégica. “La región es el corazón de una cuenca lechera con 7 millones y medio de litros que se mueven todos los días desde los tambos hacia las plantas industriales, y desde allí al resto del país e incluso al exterior”. “Estamos hablando de una de las zonas productivas más importantes de Argentina. Si las rutas no están en condiciones, el problema no es solo del camionero: es para toda la cadena”, remarca.
El deterioro de los caminos impacta de lleno en la logística diaria. Más tiempo de traslado, más roturas, más costos, más estrés. “El trabajador no solo llega más cansado, sino que lo hace con la presión constante de cumplir horarios en condiciones que no dependen de él. La salud física y mental del camionero es una de las primeras víctimas del abandono vial”.
Ese escenario material se cruza con otro proceso igual de profundo: la reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional. Para el dirigente camionero “no es un avance, es un retroceso que pone en riesgo los derechos conquistados durante más de cien años de lucha obrera. Derechos que no fueron regalos, sino resultados de organización y resistencia y que costaron sangre y muerte para que hoy existan 8 horas diarias”.
Salvatori es categórico: “No hay un solo punto de la reforma que beneficie al trabajador. Ni siquiera desde una mirada de eficiencia laboral. El objetivo es abaratar la mano de obra para atraer inversiones extranjeras. La precarización no es un escenario hipotético, es una consecuencia directa”.
También hay autocrítica. Reconoce que el sindicalismo no logró llegar con información clara a todos los trabajadores. Que muchos no terminan de dimensionar el impacto real de estas reformas hasta que ya están en vigencia. “Lamentablemente, esta ley va a salir, y después habrá que volver a recuperar lo perdido”. Y el contexto económico que describe no deja margen para el optimismo: “Caída del consumo, industria golpeada, especulación en alza. Un clima que recuerda peligrosamente a un nuevo 2001”.
“Están planeando una guerra entre trabajadores y empresarios” cuando en el transporte, explica, "muchas empresas son emprendimientos levantados por laburantes que lograron armar una flota a pulmón. Hoy, muchas de esas firmas están sacando créditos para poder pagar sueldos. Si no se consume, no se transporta. Y si no se transporta, no se factura”, resume. “Las empresas no son bancos: si no trabajan, no hacen plata”, subraya.
Por eso, insiste en la empatía. En entender que el problema es estructural y que la salida no está en enfrentar a quienes viven del trabajo. El gremio, afirma, cumple hoy un rol clave como espacio de diálogo y contención, buscando sostener salarios y fuentes laborales en un contexto cada vez más complejo.
De cara a las fiestas, el mensaje baja un cambio, pero no pierde profundidad. “Pensar en el otro. Porque detrás de cada camión hay una persona, una familia y un cuerpo que aguanta”.
Las rutas de Villa María y sus influencias por ser cuenca lechera del país hablan todos los días. Y lo que dicen no es solo asfalto roto: es un modelo que desgasta, tensiona y empuja al límite.
