Una vida dedicada a los demás
El barrio La Calera despidió con dolor a una referente social
María Rosa Cabrera, conocida como Luisa, falleció el sábado a los 71 años. Fue una de las fundadoras del Comedor Caritas Felices y una figura clave de la solidaridad, compromiso y trabajo comunitarioEl sábado, a los 71 años, falleció María Rosa Cabrera, conocida cariñosamente como “Luisa”, una de las fundadoras y pilares del Comedor Caritas Felices, un espacio de esperanza y solidaridad en barrio La Calera. Su partida deja un vacío inmenso en quienes la conocieron y compartieron su amor incondicional por los demás.
Luisa fue una mujer que dedicó su vida a servir a los demás. Junto a Marisa Sánchez y Silvia Clot fundó el comedor en 2008, un lugar que, desde su apertura, ha sido crucial para cientos de niños y familias que a diario luchan contra la pobreza y la desigualdad. En un contexto donde cada vez más familias se ven forzadas a recurrir a la solidaridad de estos espacios debido a la creciente crisis económica y social, el comedor se ha mantenido como un refugio para quienes más lo necesitan. En estos tiempos de dificultades extremas, donde cada vez es más difícil acceder a lo básico, como un plato de comida, el trabajo que realizan estas mujeres es más que una ayuda; es una necesidad urgente que salva vidas.
El comedor Caritas Felices ofrece a diario más de 80 platos de comida. Para muchos de los chicos que allí asisten, la comida que reciben es, a menudo, lo único estable y seguro en sus vidas. El hambre es una constante para muchas familias. Sin embargo, en medio de esta realidad tan cruda, Luisa y sus compañeras siempre estuvieron allí, sin descanso, sin pedir nada a cambio y gestionando.
Comprometida con su barrio
A lo largo de estos años, muchos recuerdan cómo Luisa se desvivía por su familia, sus tres hijos y seis nietos, a quienes amaba profundamente. Pero también era una mujer profundamente comprometida con su comunidad. Nativa del barrio, era conocida por su espíritu incansable y su capacidad para escuchar y estar siempre disponible. Si algo faltaba en el comedor, allí estaba Luisa para conseguirlo, siempre con una sonrisa, siempre con su mano extendida. “Cuando no teníamos, ella estaba allí, sin preguntar, sin dudar”, recuerda Marisa Sánchez, amiga y compañera de Luisa desde los comienzos del comedor. “Era la que nos sostenía, la que nos daba fuerzas. Hoy, el dolor es profundo, pero sabemos que su legado sigue, que su amor por este lugar y su gente nunca se irá. La vamos a extrañar mucho. A pesar de las dificultades económicas y sociales que atraviesa el barrio, de las adversidades y del creciente número de personas que necesitan ayuda, Luisa siempre estuvo a la altura de las circunstancias. El comedor ha sido un faro de esperanza gracias al esfuerzo y la dedicación de mujeres como Luisa, que a lo largo de más de 15 años no solo ofrecieron comida, sino también amor, solidaridad y un espacio seguro para los más vulnerables.
El dolor de su partida es grande, pero también lo es la gratitud por todo lo que hizo por su comunidad. Luisa será recordada como una referente, una mujer de una humanidad ejemplar, que nos enseñó que, incluso en los momentos más difíciles, el amor y la solidaridad siempre deben prevalecer.
