OPINIÓN - Un desafío de supervivencia para Villa María
Nueva realidad climática de la ciudad
El autor disertó en el reciente encuentro sobre la temática, organizado en la ciudad por tres centros de jubiladosEscribe: Carlos Ferreyra*
Villa María, orgulloso motor económico de la provincia de Córdoba, vive hoy una paradoja. Su prosperidad, cimentada en el vasto hinterland agropecuario y la industria lechera, se enfrenta a una amenaza creciente y silenciosa que mina tanto la productividad como la salud: el calor extremo de la emergencia climática global, exacerbado por el efecto de Isla local de Calor Urbano (ICU). El cambio climático no es una proyección futura, es una realidad que se manifiesta en olas de calor más frecuentes, intensas y prolongadas, desafiando la capacidad de adaptación de nuestro ecosistema y, lo que es más grave, de nuestra comunidad.
La evidencia es clara. Hemos analizado en el mundo, por décadas, a través de las ciencias, los gobiernos, las profesiones y con las propias comunidades de afectados, como han sido mis recientes encuentros con funcionarios locales y con personas mayores y sus centros de jubilados en Villa María: Fraternales, Los Olmos, Centro sur, Las Playas y otros, para evaluar los determinantes y ocurrencia de algunos de los impactos multifacéticos, daños y costos del calor: la mortalidad y morbilidad cardiovascular, respiratoria y renal en adultos mayores, las pérdidas de productividad y el agotamiento por calor en trabajadores de exteriores, y las millonarias pérdidas económicas en la producción lechera y granera. En este contexto de riesgo elevado, es imperioso que el Gobierno local y, sobre todo, la sociedad civil y ciudadanía local organizada, asuman un compromiso de preparación y acción inmediata. La inacción no es neutral, es una decisión que pone en riesgo vidas y el propio bienestar económico de la ciudad. Se necesita urgentemente un plan de acción ante los daños del calor extremo.
I. Fundamentos de un plan de acción: de la alerta a la respuesta
La preparación ante el calor extremo debe ser un sistema integrado que vaya más allá de los comunicados de prensa. Debe ser un protocolo activo que incorpore la medición apropiada de los riesgos locales y globales, el disparo de alertas tempranas de eficacia comprobada, adecuados y adaptados a la cultura local, y continuados por la pronta respuesta coordinada entre salud y comunidad.
La medición del riesgo domiciliario
La base de la acción ciudadana debe ser la información precisa y local. No basta con la alerta meteorológica provincial. El ciudadano debe ser capaz de evaluar el riesgo dentro de su propio entorno. Para ello, se establece la necesidad de la distribución y uso generalizado de un termómetro que mida temperatura y humedad (ITH) en los hogares, especialmente en las residencias de adultos mayores y pacientes crónicos.
El Índice de Temperatura y Humedad (ITH) es el parámetro científico clave que define el estrés térmico. Capacitar a la comunidad para entender que no es solo la temperatura del aire, sino la combinación de calor y humedad lo que enferma, agrava las dolencias propias, o mata, es vital. Si un residente mayor conoce que el ITH en el lugar que habita superó el umbral de peligro, la pronta respuesta (hidratación, traslado a un ambiente fresco o activación del servicio de salud) se vuelve inmediata, precisa y autónoma.
El Protocolo de Cuidados y Pronta Respuesta (PCPR)
El PCPR debe ser un documento municipal de dominio público, elaborado con la participación de todos los sectores involucrados: centros de jubilados, sindicatos, cooperativas, profesionales, académicos, otras organizaciones sociales, iglesias, y que establezca:
1. Niveles de alerta locales: (Amarillo, Naranja, Rojo) basados en el ITH local (no solo la temperatura máxima prevista).
2. Acciones domiciliarias obligatorias: protocolos de hidratación, uso de compresas frías y contacto de emergencia.
3. Rutas de evacuación térmica: la identificación pública y habilitación inmediata de espacios térmicos barriales climatizados, centros de enfriamiento fijos o móviles (ejemplo: en salones municipales, bibliotecas, centros de jubilados, iglesias, autobuses, etcétera) durante las alertas Naranja y Rojo.
II. Protagonismo comunitario: adultos mayores como agentes de salud
El éxito de la lucha contra el calor extremo no recae primariamente en la ambulancia o el hospital, sino en la capacidad de la comunidad de cuidarse a sí misma. En Villa María, esto otorga un protagonismo potente a las redes de adultos mayores.
El adulto mayor como centinela
Los adultos mayores y sus cuidadores, al ser el grupo de mayor riesgo, deben pasar de ser sujetos pasivos de cuidado a ser agentes activos de vigilancia y respuesta.
•Capacitación en el PCPR: la formación debe ser específica y práctica, enfocada en el reconocimiento de los síntomas atípicos de alarma de deshidratación y golpe de calor en la vejez y enfermos crónicos polimedicados (confusión, letargo, caída de la presión, descompensación de patologías crónicas). Y, sobre todo, qué hacer en esos minutos vitales antes de que llegue la emergencia médica.
•Gestión del lugar de residencia: cada residencia, centro de día o incluso los conjuntos de viviendas de adultos mayores deben constituir una unidad de pronta respuesta. Si están equipados con un termómetro ITH y conocen el PCPR, pueden tomar decisiones críticas de enfriamiento (uso de aire acondicionado centralizado, traslado a zonas comunes más frescas, uso de aspersión) antes de que el servicio de emergencia sea necesario. Este modelo reduce la sobrecarga del sistema de salud en los picos de crisis.
La preparación de los servicios de salud
En paralelo, los servicios de salud (hospital y centros periféricos) deben adaptarse al nuevo perfil de morbilidad:
•Gestión de pacientes crónicos descompensados: el calor no crea nuevas enfermedades, descompensa las existentes. Se requieren protocolos específicos para la gestión rápida, entre otros, de crisis hipertensivas, insuficiencia renal aguda y descompensación diabética inducidas por el calor y algunos medicamentos.
•Vigilancia epidemiológica térmica: el sistema de salud debe implementar la vigilancia epidemiológica térmica para registrar en tiempo real los ingresos hospitalarios relacionados con el calor y anticipar el pico de la crisis, permitiendo la reasignación de personal y recursos.
III. Acciones de mitigación del Gobierno local: infraestructura y agua
El Gobierno municipal tiene la responsabilidad de modificar el entorno físico para reducir la intensidad del calor que llega a las personas, atacando directamente el efecto ICU y la amenaza hídrica.
A. Reducción de la Isla de Calor Urbano (ICU)
La riqueza del municipio debe reflejarse en inversiones de infraestructura inteligente que luchen contra el calor.
•Pavimentos y veredas porosos y reflectantes: es imperativo que el futuro Plan de Pavimentación de Villa María incorpore tecnologías de pavimentos frescos (cool pavements) o pavimentos porosos/permeables. El cemento sólido y oscuro absorbe y re-irradia calor durante la noche. Los materiales reflectantes (colores claros) y porosos reducen drásticamente la temperatura superficial y facilitan la evaporación del agua retenida, contribuyendo a la disminución de la temperatura del aire.
•Infraestructura verde: se debe acelerar el plan de forestación con especies nativas, priorizando la creación de corredores de sombra que conecten los barrios más vulnerables y las residencias de adultos mayores con los centros de salud y los refugios térmicos. La sombra es la forma más económica y eficaz de enfriamiento.
B. Restauración del ecosistema hídrico: el río Ctalamochita es el activo natural más potente de enfriamiento de la ciudad. Su papel debe ser restaurado y defendido.
•Restauración del papel enfriador del Ctalamochita: las obras de defensa hídrica deben migrar progresivamente de la ingeniería dura (cemento y gaviones) a soluciones de ingeniería blanda (restauración de bosques de ribera y ecosistemas vecinos). La evapotranspiración de un bosque de ribera sano es un mecanismo de enfriamiento local mucho más eficaz que un muro de hormigón. Se deben ampliar los ecosistemas vecinos, asegurando franjas de amortiguación donde el cemento no pueda avanzar.
C. Lucha por la seguridad hídrica y la salud
La lucha por el agua no es solo por la cantidad, sino por la calidad y la resiliencia.
•Urgencia del acueducto del Paraná: el Gobierno municipal debe ejercer toda la presión política necesaria para asegurar que el acueducto interprovincial del Paraná a Córdoba beneficie a Villa María y su área de influencia lo antes posible.
•Doble lucha contra el riesgo: este megaproyecto es clave para dos amenazas simultáneas: la sequía/desertificación (garantizando caudal) y el HACRE (Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico). Al introducir agua superficial y de alta calidad, se reduce drásticamente el riesgo de arsénico en la red. Esto es fundamental para la protección de la salud, ya que reduce las comorbilidades renales y cardiovasculares, haciendo a la población, especialmente a los adultos mayores, menos vulnerables a la descompensación inducida por el calor extremo.
Conclusión
Villa María se encuentra en una encrucijada climática. Continuar con el statu quo, confiando únicamente en la riqueza económica o en protocolos pasivos, es un acto de negligencia planificada. La solución al calor extremo es una estrategia de resiliencia integrada donde la tecnología gris (acueductos, pavimentos inteligentes) se combine con la tecnología verde (restauración del río, forestación) y, crucialmente, con la tecnología humana (organización comunitaria y el protagonismo de los adultos mayores).
El Plan de Acción ante Daños del Calor Extremo no es solo un documento de gobierno, es un contrato social que Villa María debe firmar para garantizar que su prosperidad se traduzca en salud y supervivencia para todos sus ciudadanos frente a la creciente amenaza climática. Es tiempo de actuar con la misma visión y audacia con la que se construye la riqueza de nuestra tierra.
*Médico, MP 10460, Miembro de la Comisión Ciudadana de Seguimiento y Auditoría de los Daños del Calor Extremo y Presidente de la Alianza Clima, Vida y Salud Internacional. ceo@nosotroslospueblos.org
