El hombre que dio a la luz desde estas tierras a una joya del automovilismo mundial y otras piezas “de colección”
Pronello, doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Buenos Aires
El diseñador, constructor y proyectista, formado en la Escuela de Aviación de Córdoba, pasó a ser ayer doctor honorario en la principal casa de altos estudios del paísA mediados de los años 60, en un taller ubicado sobre avenida Carranza, de Villa Nueva, frente a la fábrica Nestlé, más precisamente en la esquina con la calle Italia, frente al chalet destinado al gerente de la usina láctea, Heriberto Pronello desplegaba sus planos y trazaba líneas y curvas con escuadra, transportador y compás, las herramientas tecnológicas de entonces... Y nacía esa obra maestra que fue (y es) el Huayra-Ford, cuyas formas despiertan admiración más de medio siglo después hasta el punto de ser copiadas en Europa.
Ese sport prototipo, que condujeron Carlos Pascualini, Carlos Ruesch y Carlos Reutemann, contaba con “efecto suelo”, un adelanto que tiempo después adoptó la Fórmula 1, entre otras categorías del automovilismo.
Pero hubo otras realizaciones notables de Pronello, como la Liebre-Torino, el Halcón para el Turismo carretera... Y mucho antes, allá por 1958, creó la motoneta Saborul Junior, ganadora del primer premio en la Muestra Autoclásica ¡de 2025! Sí, también más de medio siglo después (ese vehículo de dos ruedas tiene la particularidad de que su desarrollo se calculó para que pueda resistir una sola pieza de fibra soporte la suspensión, el motor sachs 110 y los frenos, entre otros elementos).
A los 20, en la Villa
Nacido en Morteros, su familia fue a vivir a Mar Chiquita, hizo el primario, luego todo el secundario en solo dos años, se fue a estudiar en la Escuela de Aviación y luego llegó a Villa María con apenas 20 años. Se enamoró y se casó con la escritora Laura Borga, con quien formaron una familia. Ante la casa de la calle Corrientes en la que inicialmente tenían un lavadero, hay una baldosa en la que están impresas sus manos hacedoras. Ese es uno de los homenajes de la ciudad que él adoptó y que, con el tiempo, lo abrazó y lo hizo suyo.
El año pasado fue la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la que, a través de la Legislatura, lo designó como personalidad destacada.
Y ahora llegó el momento en que la casa de altos estudios número uno del país, la Universidad de Buenos Aires (UBA), a través de su Facultad de Ingeniería, lo nombró doctor Honoris Causa ante 350 personas que se dieron cita en el acto-homenaje (se realizó en la facultad de Derecho porque el auditorio tiene más capacidad).
El discurso
“Estimadas autoridades de la Universidad de Buenos Aires, rector doctor Ricardo Gelpi; al decano de la Facultad de Ingeniería, ingeniero Alejandro Martínez; vicedecano, amigo mío, doctor Raúl Bertero; estudiantes, colegas, familiares y amigos: es un honor para mí recibir este reconocimiento, que no es solo un logro personal, sino un tributo a la pasión, a la dedicación que he puesto y sigo poniendo a lo largo de toda mi vida”, comenzó Pronello.
Agradeció, seguidamente, “a todos los que han creído en mí, a los que me han apoyado en este camino”.
“A mi familia, que ha sido mi roca y mi inspiración. A mis colegas y amigos, que han compartido conmigo, en distintos momentos, la ilusión y el sabor de cada proyecto”, agregó.
Y afirmó: “Este reconocimiento es un recordatorio de que cuando se ama lo que se hace, no se trabaja un solo día... solo se disfruta. Es una invitación a las generaciones venideras a seguir sus sueños, a hacer lo que aman con pasión y perseverancia, y como dijera nuestro gran poeta Almafuerte: a no darse por vencidos, ni aun vencidos”.
“Esta pasión que describo es la que a mis casi 90 años me compromete a seguir innovando, a seguir soñando y a seguir buscando la excelencia. Gracias a todos por este inmenso honor”, concluyó.
