Las calles - Luis Federico Leloir

Homenaje a la Ruta de Leloir

­El nombre de la calle fue impuesto a través de una ordenanza de abril de 2022, durante la Intendencia (interina) de Pablo Rosso
domingo, 5 de octubre de 2025 · 07:45

Luis Federico Leloir nació casi por casualidad en París el 6 de septiembre de 1906 (su familia había viajado desde Argentina para que su padre, Federico Leloir, se sometiera a una intervención quirúrgica). Su padre moriría siendo él muy pequeño.

La avenida recorre 6 cuadras irregulares de barrio Parque Norte. Nace en Amalia Figueredo y termina en Victoria Ocampo. En el nomenclador figura erróneamente la “ele” en lugar de la “efe”, de Federico

Cuando regresó a Argentina junto a su madre, Hortensia Aguirre Herrera, en 1908, Leloir vivió junto a sus ocho hermanos en las extensas tierras heredadas en la zona de San Clemente del Tuyú. Aprendió a leer solo, a la edad de 4 años, pero en la escuela no era un estudiante destacado. Antes de comenzar su carrera universitaria terminó sus estudios en Inglaterra.

 Leloir, quien había nacido muy cerca del Arco de Triunfo, en París, en su momento aseguró: “Nunca estuve satisfecho con lo que hacía por los pacientes”, por eso la inclinación hacia la investigación científica

Ingresó en la Facultad de Medicina, previo paso fallido por la Universidad de Arquitectura. Se graduó en Medicina en 1932 y se dedicó posteriormente, de manera intensiva, a las investigaciones de laboratorio.

En 1933 conoció a Bernardo Houssay, quien dirigió su tesis doctoral acerca de las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono.

“La verdadera ciencia no consiste en acumular conocimientos, sino en tener una mente abierta para descubrir nuevas preguntas”. Luis Federico Leloir

Hacia 1943 Leloir dejó el cargo de investigador que tenía en la Universidad de Buenos Aires, en solidaridad con su mentor Houssay, quien había sido expulsado de la Facultad de Medicina de esa universidad por firmar una carta pública en oposición al régimen nazi de Alemania, en tiempos en que Pedro Pablo Ramírez era presidente de facto de Argentina y Edelmiro Julián Farrell su ministro de guerra.

El investigador en su lugar de trabajo: con un viejo delantal gris, sentado en su silla de paja atada con alambre. A pesar de provenir de una familia de muy buen pasar económico, vivía en una modesta casa y tenía un “Fitito” (Fiat 600) celeste, que en la mayoría de los casos debían empujar para que arrancara

Por ello, Leloir se exilió a Estados Unidos, para trabajar en la Universidad Washington en St. Louis.  Antes de partir hacia el exilio, se casó con Amelia Zuberbühler, con quien tuvo cuatro hijos.

En 1945 regresó a Argentina para trabajar en el Instituto que dirigía  Houssay, precedente del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar, que Leloir dirigiría desde su creación en 1947, a manos del empresario Jaime Campomar, y que dirigió por 40 años.

Durante los últimos años de la década de 1940, Leloir realizó con éxito experimentos que revelaron cuáles eran las rutas químicas en la síntesis de azúcares en levaduras con equipos de muy bajo costo, debido a que carecía de recursos económicos.

 

Todos los premios, hasta el Nobel

A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcares carnucleótidos, compuestos que desempeñan un papel fundamental en el metabolismo y la ruta metabólica de los hidratos de carbono, lo que convirtió al Instituto en un centro mundialmente reconocido. Inmediatamente después, Leloir recibió el Premio de la Sociedad Científica Argentina.

En 1957, con la muerte del empresario Campomar, el instituto quedó sin fondos y fue tentado por la Fundación Rockefeller para emigrar a Estados Unidos. Al decidir quedarse en el país, la misma fundación subsidió las investigaciones de Leloir, ya que el Gobierno argentino no demostró interés en hacerlo.

La ayuda de parte del Estado argentino vendría con la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), en el que Leloir fue parte de su Directorio; y Houssay, su presidente.

En 1968 obtuvo el premio Benito Juárez, otorgado por el Gobierno de México, el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Córdoba y la membresía de la Pontificia Academia de las Ciencias de la Ciudad del Vaticano por resolución de sus miembros.

 Leloir, en un momento de distensión junto a sus colegas

En 1970 fue galardonado con el Premio Nobel de Química (convirtiéndose en el primer iberoamericano en recibirlo), por sus investigaciones sobre los nucleótidos de azúcar y el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono. Así se entendieron los pormenores de la enfermedad congénita galactosemia, que es la afección en la cual el cuerpo no puede metabolizar el azúcar simple galactosa. Posteriormente, su equipo se dedicó al estudio de las glicoproteínas –moléculas de reconocimiento en las células– y determinó la causa de la galactosemia, la grave enfermedad manifestada en la intolerancia a la leche.

Las transformaciones bioquímicas de la lactosa en sus propios componentes son conocidas en el mundo científico como la Ruta de Leloir.

Donó los ochenta mil dólares del premio obtenido al Instituto Leloir para continuar su labor de investigación.

Falleció en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1987.

 

El inventor de la salsa golf

En el cálido verano de 1925, el joven Leloir, de 19 años, concurrió al “Golf Club” de Mar del Plata junto a sus amigos. Aburrido de comer siempre camarones y langostinos acompañados de mayonesa, le pidió al mozo que le trajera diversos ingredientes (mayonesa, vinagre, limón, mostaza, ketchup, especias diversas, etcétera) y mezcló. De todas las combinaciones la que más les gustó fue la de ketchup y mayonesa. La bautizaron salsa golf, por el lugar donde estaban, y su fama se extendió. “Si hubiera patentado esa salsa, tendríamos mucho más dinero para investigar en este momento”, afirmaba Leloir varias décadas después. 

Más de