1983 - 23 de octubre - 2025 - La ciudad no olvida a uno de sus héroes
Mulinetti, como solamente un hermano lo puede recordar
El Balneario Municipal lleva el nombre de Juan Carlos Mulinetti, el bombero voluntario que en un día como hoy, hace 42 años, dio su vida por salvar la de otras personas“Juan Carlos fue muy inquieto desde su nacimiento. Fue mellizo de una mujer, de María Elena, que nació unos minutos antes. Fue en Ticino, en tiempos en que los partos se daban en los domicilios. Nosotros estábamos en una fábrica de queso, a la orilla del pueblo. Y a la hora de nacer, cuando lo fui a ver, porque yo soy ocho años mayor, me llamó la atención por lo inquieto. Movía las piernas, las manos..., movía todo”. Así recuerda Miguel Mulinetti los primeros momentos en la vida de Juan Carlos, quien con el tiempo se convertiría en un auténtico héroe de esta ciudad.
En una charla que mantuvo ayer con nuestra Radio 90.1, contó además, que su madre “no podía alimentar a los dos, así que la apoyó una señora que era mamá también, y vecina”.
“Fue creciendo en el campo y hay un hecho que muestra lo inquieto que era: se agarraba de las colas de los caballos y el caballo disparaba y él corría por detrás a gran velocidad. Siempre lo hacía. Pero en una de esas oportunidades el caballo tiró una coz y le pegó en el centro del pecho. Recuerdo todavía la marca del vaso del animal sobre el pechito de Juan Carlos. Por suerte no pasó a mayores, quedó todo morado, pero siguió siempre inquieto, ya le digo, muy inquieto”, dijo.
Miguel recordó luego que él se vino a Villa María para ingresar en 1957 en la Escuela del Trabajo. “Nuestra familia se vino un año después para que mis otros hermanos pudieran seguir estudiando. Éramos una familia muy humilde, así que nosotros vendimos todo lo que teníamos para poder adquirir una casa en Villa María y nuestro padre se quedó trabajando allá”.
-¿En qué barrio se establecieron con su mamá?
-En el barrio Bonoris, que hoy es Güemes, en la calle Müller 486 (antes fue la calle Los Andes, después fue la calle Paraguay y ahora es la Müller).
-La de la Escuela del Trabajo.
-A una cuadra y media de la Escuela del Trabajo. Siempre se buscaba cerca de los colegios, para que los hijos pudieran estudiar... Bueno, estoy hablando de 70 años atrás...
-Y una paradoja: cerca del Balneario que ahora lleva el nombre de su hermano...
-A dos cuadras del Balneario, claro... Así que nuestro padre quedó allá, trabajando, y nuestra madre se desempeñaba en servicio doméstico y llevaba con ella a mi hermana y bueno, porque necesitábamos todos trabajar. Ya en el año 1958, en las horas libres, yo salía a trabajar porque lo necesitaba la familia. Y él se quedaba solo. Así que andaba callejeando, como se decía antes, ¿no?
-Con el río cerca...
-Sí. Se hizo de un perro al que le puso el nombre de León. Y todos los días con sus amigos, entre ellos Miguel Andreis, por ejemplo, y con otra barrita que tenía allí, se iba al río... No estaba el Balneario todavía, había un canal en ese tiempo y él aprendió a nadar agarrándose del perro. Y bueno, nosotros regresábamos de nuestros trabajos y no estaba, había que salir a buscarlo. No nos dio nunca ningún disgusto ni nada, pero era de andar; fue siempre un chico muy activo, pero no hizo ninguna travesura que lo pudiera dañar. Inclusive, cuando tuvo edad, trabajó también e hizo trabajos duros, como sacar arena del río en la zona que hoy sería barrio Palermo, porque en ese entonces el Mariano Moreno no existía.
-¿Y su ingreso a los Bomberos?
-Bueno, nuestra madre quería que estudiara, así que lo mandaba a la Academia Alberdi, ahí en la calle San Juan, entre Alem y General Paz. Así que nuestra madre lo traía, lo dejaba ahí, en el colegio y él escapaba por la ventana y se iba a los Bomberos. No salía por la puerta porque lo controlaban, se iba por la ventana. Y tanto entusiasmo tenía, que don Bautista Gianinetto lo adoptó como un hijo y lo llevó a trabajar con él. Don Bautista, otro gran hombre; por Dios, ¡qué persona! Así que allí comenzó con muchísimo entusiasmo. Lo llevaba dentro de él, quería ser bombero, le dedicaba toda su vida a eso. Dormíamos en la misma habitación, sonaba la sirena, por ejemplo, porque no había teléfono, no había nada, y saltaba por la ventana y se iba corriendo a los Bomberos, a la madrugada, a la hora que fuese, hasta que al último se terminó instalando allí, en el mismo cuartel. Yo trabajaba muchas horas de noche y Juan Carlos te aparecía a la 1 o a las 2 de la mañana, a la hora que fuese, para hacer un trabajo para el cuartel. Por ejemplo, una madrugada se rompió la sirena y los Bomberos no podían estar sin sirena. Así que llegó acá con Juan Rosa, otro bombero y gran persona también. Y bueno, me dice: “Me tenés que hacer este buje”. Hacía un frío impresionante. Hicimos el buje, nos fuimos al cuartel y se subió a la torre, allá arriba, con ese frío impresionante. Juan lo acompañó hasta la mitad, yo me quedé abajo. A las 5 de la mañana la sirena ya funcionaba y recién entonces se quedó tranquilo... Arriesgaba todo y lo hacía por vocación. Cuando se hizo la autobomba, inventó un diseño con una tecnología que todavía hoy te puede sorprender, porque hicimos los carreteles para desenrollar la manguera ya llena de agua. O sea que antes de desenrollar las mangueras ya estaba saliendo agua, y estamos hablando de 60 años atrás; una cosa que no se puede creer. Como la creación de la Escuela de Bomberos. Él le decía a los chicos que había que estudiar para ser bombero, que había que formarse, que no era solamente la voluntad, que había que tener mucho conocimiento. Hoy la escuela es modelo, viene gente de todo el país a formarse. Fíjese qué paradójico, ¿no? Él, que se escapaba de la escuela, después a los chicos que estaban allí les daba ese mensaje.
-Bueno, hay una foto de un compañero nuestro ya fallecido, Roberto Babalfi, en la que aparece parado encima del tanque de un camión de combustibles, atacando el fuego que salía a bocanadas...
-Sí, se ha hecho legendaria esa foto. Fue en Tío Pujio. Es una foto maravillosa, en blanco y negro, por supuesto, de época; una foto de las mejores que hay en la historia del periodismo de Villa María, y ahí está él. Roberto era una persona extraordinaria, lo seguía a Juan Carlos en silencio a todos lados. Sabía que allí donde iba, había acción.
-Se cumple un aniversario de su muerte en un acto de arrojo, en lo suyo, en el agua, salvando una vida... Moría una persona y nacía una leyenda, nacía un héroe. Puedo imaginar todo el dolor en la familia. Quiero saber si el reconocimiento posterior de la ciudad, con el paso del tiempo, mitigó semejante desconsuelo.
-Ni dudarlo. Desde el primer momento... Aun gente de los pueblos de la zona viene acá, a mi negocio, donde tengo una foto de él cuando asumió el cargo y la gente lo recuerda con un cariño permanente, con admiración, es increíble. Nosotros en ese aspecto estamos muy agradecidos a la sociedad por lo generosa que ha sido y que es con toda la familia. Ahí no alcanzan las palabras de agradecimiento. Porque fue una etapa muy dura, muy dura, una persona joven, con hijos pequeños... Pero es la vida. Y nosotros agradecemos infinitamente lo que hacen ustedes y tanta gente, de recordarlo cada año.
