Una mirada sobre la realidad argentina
Promesa de futuro, secuelas del presente
El país que se prometió como un laboratorio de libertad terminó siendo un territorio de resistencia cotidianaEl presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes a Javier Milei en la Casa Blanca, en donde lo respaldó, pero dejó una condición explícita: la ayuda económica dependerá del resultado de las elecciones del domingo 26.
El Gobierno argentino intentó mostrar ese encuentro como una victoria diplomática y un salvataje en puerta. Sin embargo, la realidad deja ver otra cosa: el plan económico y financiero diseñado por Milei y Luis Caputo está en su punto más frágil desde la asunción, y desde afuera se marca el pulso de los argentinos.
Si todo marchaba según lo previsto, ¿por qué recurrir nuevamente a Washington? ¿Qué consecuencias tendrá esto para nuestro pueblo?
Del ajuste a la recesión
En diciembre de 2023, el Gobierno aplicó una brusca devaluación del peso y un ajuste fiscal inédito. La inflación empezó a moderarse (tras el fuerte salto en el primer mes de la nueva administración) y el descenso fue presentado como prueba de éxito, luego de dos gobiernos que fracasaron. Durante meses, el oficialismo se sostuvo sobre ese relato: la economía sufría, pero el sacrificio valía la pena. Las variables macroeconómicas se estaban acomodando.
El inicio de 2025 marcó el quiebre. A la pérdida del poder adquisitivo y al desplome del consumo se sumaron señales preocupantes y escándalos políticos. Ahora, en septiembre, los precios volvieron a crecer por encima del 2%, interrumpiendo la racha de estabilidad. El dólar oficial subió en los últimos tiempos hasta alcanzar el techo de la banda de flotación, y el Banco Central tuvo que vender 1.100 millones de dólares entre el 17 y el 19 de septiembre para contener la presión cambiaria.
El 22 de ese mes, el Gobierno eliminó temporalmente las retenciones a las exportaciones de granos y derivados, buscando que el campo liquidara 7.000 millones de dólares. La meta se logró en tres días, pero el efecto fue efímero: consultoras privadas como Ecolatina e Invecq calcularon que el Estado resignó más de 1.200 millones de dólares en recaudación sin lograr estabilizar la cotización ni recuperar reservas. Además, fue un negocio extraordinario para un puñado de grandes compañías, no para el trabajador del campo.
Desde la salida parcial del cepo cambiario y hasta agosto, el sector privado compró casi 18.000 millones de dólares, la mitad en julio y agosto, justo antes de las elecciones bonaerenses. Paralelamente, los pagos por viajes y consumos con tarjetas de crédito en dólares superaron los 7.000 millones en los primeros ocho meses del año. El superávit comercial de bienes no alcanzó para compensar esa sangría. En el país de Milei -en donde, pese a lo pregonado, hay fuerte injerencia estatal-, la moneda extranjera sigue siendo la principal seductora.
Caputo reaccionó subiendo las tasas de interés para frenar la demanda de dólares, lo que agravó la recesión. En julio, desafiante, le dijo a quienes cuestionaban el atraso cambiario: “Si piensan que el dólar está barato, agarren los pesos y compren”. Quien lo hizo, ganó un 21,7% en apenas 75 días. Pero el país perdió: se desplomó el crédito, el consumo se paralizó y la actividad económica cayó en casi todos los rubros. El "comprá, campeón" del ministro fue un golpe.
El Riesgo País -que en abril había perforado los 800 puntos y se mantuvo hasta el 26 de agosto por debajo de ese nivel- fue subiendo y saltó a casi 1.500 tras las elecciones bonaerenses, donde el peronismo volvió a imponerse con holgadez. Fue el reflejo de una confianza en caída y de un Gobierno que, a fuerza de agitar conflictos con propios, cercanos y ajenos, fue perdiendo aliados en el Congreso: de un 2024 en que dominaba las votaciones -salvo la izquierda y el kirchnerismo, la mayoría de los espacios políticos lo acompañaron con el argumento de la gobernabilidad, algo que hoy se ha esfumado-, pasó a un 2025 en que recurrió a vetar leyes que luego fueron ratificadas por el Congreso. De ganar la mayoría de las votaciones en el Poder Legislativo pasó a perder la mayoría de las votaciones.
El caso Espert, el golpe político
A ese cuadro se sumó un escándalo que terminó de dinamitar (por si algo faltaba) el relato de la “nueva política”. Al discurso de Davos, la estafa con la criptomoneda Libra, las presuntas coimas en el área de Discapacidad en medio de un cruel ajuste contra personas vulnerables y con quienes trabajan con las mismas, le sucedió lo de José Luis Espert: el primer candidato a diputado por La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires fue acusado de recibir 200 mil dólares del empresario Federico “Fred” Machado, investigado por narcotráfico en Estados Unidos.
Durante días, el Gobierno intentó instalar la idea de una “operación” en su contra. Pero las contradicciones del propio Espert -que primero negó, luego cambió versiones y finalmente reconoció contactos- terminaron por derrumbar la defensa oficial. La presión fue tal que debió renunciar a su candidatura, aunque tarde, provocando una crisis interna en un espacio dominado este año por muchas internas.
Los apoderados de La Libertad Avanza solicitaron a la Justicia Electoral reemplazarlo por Diego Santilli (que ocupaba el tercer lugar en la lista) y pidieron la reimpresión de las boletas, un gasto millonario en plena política de ajuste. En el segundo lugar quedó la exmodelo y vedette Karen Reichard, cuya participación el oficialismo intentó disimular en la campaña, exhibiendo otro flanco: para qué la pusieron en un lugar clave si luego buscaron ocultarla.
Milei, que había echado sin miramientos incluso a figuras cercanas como Diana Mondino o Ramiro Marra, sostuvo a Espert hasta el límite, alimentando sospechas de vínculos políticos y económicos más profundos. La renuncia fue inevitable, el daño ya estaba hecho.
En la primera mitad del año, muchos analistas de medios de comunicación tradicionales empezaron a hablar de la interna en el triángulo de poder, conformado por Milei, su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo. Comenzaron a comentar, seguido, que ella y Caputo -que maneja con montos altísimos la inteligencia estatal- están enfrentados, lo que quedó en evidencia cuando armaron las listas para las legislativas, dejando al mundo tuitero -el violento aparato comunicacional del oficialismo, impulsado por el asesor Caputo- fuera de las nóminas, imponiéndose Karina.
Un dato más que derrumba el intento de victimización del Gobierno. Porque a esa interna en la cima del poder se le agrega el hecho de que las presuntas coimas surgieron de boca de quien era el amigo y abogado de Milei, amigo también de Espert, presentado al presidente por Espert: Diego Spagnuolo. Como también el ensayo de victimización en el caso Espert cae por los propios antecedentes: hay que buscar lo que decía el propio Milei de Espert hasta hace poco tiempo y, además, ver que, más allá de la denuncia judicial del kirchnerista Juan Grabois, lo que hizo saltar el caso fue una confirmación que llegó desde Estados Unidos.
Costo humano del ajuste
Mientras tanto, la sociedad vive el impacto directo del modelo. Los recortes alcanzaron a jubilaciones, programas de discapacidad, salud pública... Las familias ven cómo el futuro prometido se construye sobre un presente adverso.
El discurso oficial repite que “el esfuerzo valdrá la pena”, pero, para muchos, el esfuerzo se volvió supervivencia. El país que se prometió como un laboratorio de libertad terminó siendo un territorio de resistencia cotidiana, donde millones ajustan sus vidas para sostener una economía que no los incluye.
Porque el problema no es solo fiscal ni monetario: es humano. El ajuste puede equilibrar planillas, pero desequilibra cuerpos y emociones. Si el plan de Milei lograra resultados a largo plazo, el costo de este presente -la angustia, la exclusión, las dificultades para sostener una terapia en personas vulnerables- puede dejar secuelas irreversibles.
