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Carlos Mirotti: esos pioneros tan necesarios
Su nombre le fue impuesto por Ordenanza 2.586, sancionada el 11 agosto de 1988, durante la Intendencia de Miguel Ángel VegliaCarlos Mirotti había nacido en San José de las Escobas, provincia de Santa Fe, a fines del siglo XIX.
El historiador y exintendente Horacio Cabezas, en su trabajo “Nomenclatura ponderada de calles espacios públicos y monumentos”, recordaba a Mirotti de la siguiente manera:
“Se dedicó a la actividad agropecuaria a partir de 1912. Se había asociado con Juan Guillermo Anderson, con quien instaló la Feria Ganadera de gran importancia y prestigio en la zona, ocupando el predio situado en Cárcano y Dante Alighieri.

Tiempo después, ante el avance del progreso urbano, la sociedad Mirotti y Anderson trasladó las instalaciones de su feria ganadera a terrenos de una superficie de treinta hectáreas ubicada en bulevar Sarmiento, camino a la Estancia La Negrita, donde se realizaron exposiciones rurales exitosas, donde, además de la comercialización de productos, alcanzaron mejoras en tecnologías y tratamientos de la calidad agropecuaria.

Nuevos progresos de la ciudad presentaron la necesidad de reconducir el tránsito pesado de los vehículos de gran porte que transportaban cargas pesadas, haciendo trayectos desde la ciudad de Córdoba hacia Rosario y Buenos Aires. Esa reconducción del tránsito requirió nuevo trazado de rutas, abriéndose caminos por los terrenos de la feria que eran propiedad de Mirotti y Anderson (dio lugar al trazado de lo que fue la “ruta pesada”, por la calle Porfirio Seppey).
Antes esta circunstancia, don Carlos Mirotti no dudó en hacer la donación de 30.000 m2 a la Municipalidad de Villa María, cuando era conducida por el comisionado don Alfredo Vijande. Posteriormente, en 1985, se donó otros 30.000 m2, con el objetivo de construir viviendas para ser adjudicadas a trabajadores.
La escritura traslativa de dominio fue refrendada por el Dr. Juan José F. Mirotti, hijo de don Carlos.
Esta última donación comprendía la superficie emplazada en el barrio San Juan Bautista.
La imposición del nombre Carlos Mirotti a una calle del barrio, fue el merecido reconocimiento a un vecino de la ciudad, emprendedor y altruista que honró con su familia a su generación local”, finalizaba el exintendente Cabezas.
El recuerdo de su nieta
?Sara Chaisi, una de las nietas, relató a elDiario en las Calles lo siguiente: “Mi abuelo Carlos Mirotti, nacido a fines del 1800, en la colonia gringa de San José de las Escobas, llegó a Villa María en 1910. En 1928 se había casado con Sara Florencia Medina, la primera maestra de varones de Las Perdices, con quien tuvo tres hijos: Carlos, Juan José e Ida. Hablaba bien el piamontés y poco el castellano, hizo hasta segundo grado, pero esto no lo limitó para alcanzar una sólida posición económica.
Se dedicó a comprar campos y lotes donde nadie creía que la ciudad iba a crecer, fue así que compró tierras en el actual barrio San Juan Bautista.
Allí adquirió más de 30 hectáreas, donde estuvo instalada una feria ganadera de su propiedad; tierras que hoy habitamos sus nietos y que, visionariamente y previendo el valor que iban a tener, las denominó “la frutilla del postre”, sabiendo que nos legaba algo de mucho valor.
Mi abuelo Carlos era una persona profundamente democrática, admirador de Hipólito Yrigoyen, a tal punto que cuando este falleció, arrendó un vagón de tren de pasajeros para llevar gente al velorio en Buenos Aires.
Fue un gran admirador de la cultura inglesa, tuvo como amigo y socio a don Juan Anderson, un destacado ciudadano y hacedor de la ciudad de Pilar.
Como mi abuelo era antiperonista, esto le valió la persecución y la necesidad de refugiarse en Uruguay. Nosotros lo consideramos como uno de los pioneros de Villa María, que ayudó a forjar esta bella ciudad.
Vivió en la calle Santa Fe 1145 toda su vida.
Donó tierras para extender el bulevar Sarmiento entre Porfirio Seppey y la avenida Universidad, siempre viendo el futuro de la ampliación de la ciudad.
Como nieta solo siento orgullo y admiración por su visión con respecto a cómo crecería la ciudad y cómo no dudó nunca en donar tierras para que así fuera”, concluyó Sara.
