Caos y ternura
Cuando los bomberos estaban terminando su tarea, haciendo el enfriamiento del lugar, un vecino advierte que un pequeño perro había quedado entre la pared de la casa siniestrada y un tambor de 200 litros. Danilo Fonseca, bombero desde hace ocho años, no dudó en rescatar al perro y llevarlo hacia la pileta de lona que había quedado destruida por las llamas, pero que guardaba un poco de agua en la base. Lo hidrató, le mojó la cara y el can empezó a tranquilizarse. Hasta intervino un profesional del 107, colaborando con un poco de oxígeno para que el perro volviera a correr por el barrio. Un gesto de ternura en medio del caos.
