LAS CALLES - Paul Groussac

El francés errante

El nombre de esta arteria fue impuesto por Ordenanza 1.231, sancionada el 25 de junio de 1966, durante la Intendencia de Porfirio J. Seppey
domingo, 26 de enero de 2025 · 09:00

Paul François Groussac nació en  Toulouse, el 15 de febrero de 1848. Fue un escritor, historiador, crítico literario y bibliotecario franco-argentino. Fue director de la Biblioteca Nacional de 1885 a 1929.

La calle recorre tres cuadras irregulares desde General Lonardi hasta Guillermo Rawson, en barrio Trinitarios

En su juventud en Toulouse estudió los clásicos de la literatura.

Posteriormente, se matriculó en la École Navale de Brest, pero optó por no ejercer la carrera militar.

 Groussac, de joven, decidió embarcar en el primer barco que zarpara de Francia a algún lugar: el destino quiso que fuera un velero cuyo derrotero final era el puerto de Buenos Aires

Por ese entonces, obtiene de su padre permiso para realizar un largo viaje, pero, una vez llegado a París, nota que tiene muy poco dinero para continuar, y no queriendo regresar en esas condiciones decide gastar el dinero que le queda en un viaje de segunda clase en el primer buque que zarpara. Es así como se sube al velero “Anita”, con destino a Buenos Aires. Solo tenía como posible contacto una carta de recomendación.

Cuando desembarca en Buenos Aires, vaga por las calles sin saber una palabra de castellano. Por esta razón es detenido, y posteriormente liberado gracias a la acción del cónsul francés.

Dictó clases de Matemática en el Colegio Modelo y comienza sus estudios autodidactas en la biblioteca, trabaja como catedrático, da clases en la Escuela Normal y en el Colegio Nacional de Tucumán.

Se interesa profundamente por la historia y la lengua local, convirtiéndose en un gran estudioso y ensayista; publica en la Revista Argentina y dirige La Unión periódico de Tucumán donde se radicó un tiempo; escribe para el diario La Razón (en el cual realiza un polémico estudio acerca de una posible radicación de los jesuitas en la provincia tucumana) y, más tarde, asume su dirección. Dirigió la Escuela Normal de Tucumán entre 1878 y 1881; fue nombrado director de Enseñanza en Tucumán e inspector Nacional de Educación (en 1874), y participó en el primer congreso pedagógico como defensor del laicismo, presentando una conferencia (que más tarde publicó) bajo el título de Estado Actual de la Educación Primaria en la República Argentina. Publica un artículo en Le Figaro de París durante su breve estadía en 1883 y, desde París también, envía sus impresiones parisinas publicadas por El Diario.

 Paul Groussac compartió con Jorge Luis Borges (foto) y con José Mármol el hecho de dirigir la Biblioteca Nacional. Curiosamente, los tres fueron ciegos.

­Un año más tarde, en 1884, regresa con su familia a Buenos Aires, donde se instala nuevamente para emprender una vida más social y pública, apoyando candidaturas gubernamentales y presidenciales, como el apoyo dado a Bernardo de Irigoyen o a Roque Sáenz Peña.

Había contraído matrimonio, en 1879, con una joven santiagueña perteneciente a la alta sociedad, Cornelia Beltrán Alcorta.

En su regreso a Buenos Aires funda Sud-América (un diario de ideas liberales opuesto al gobierno porteño; además de él, fueron socios fundadores Lucio Vicente López, Delfín Gallo, Roque Sáenz Peña y Carlos Pellegrini); en 1885 vuelve a ser designado inspector de educación y jefe de la Biblioteca Nacional, año en la cual esta se nacionaliza (antes era la Biblioteca Pública de Buenos Aires) por orden del presidente Julio Argentino Roca. Ocupó este cargo hasta su muerte, 44 años más tarde.

Ese mismo año tiene grandes desacuerdos con la prensa clerical y los defensores de la educación religiosa, en el debate nacional sobre la Ley de Educación.

Para 1894 ya escribía en La Nación y Le Courrier de Plata, y había publicado numerosos artículos acerca de sus viajes por América. Ese mismo año funda un diario en francés, Le Courrier Français, journal du matin, politique, littéraire & commercial, con la colaboración financiera del industrial Clodomiro Hileret, diario que suspende a los dos años. En los años venideros, se dedica profundamente a la Biblioteca Nacional, ordenándola, administrándola y aumentando su patrimonio enormemente gracias a grandes donaciones que él promovió.

En su libro “Del Plata al Niágara”, escrito en 1893 y publicado en 1897, Groussac rechaza el modelo de país de Estados Unidos, con sus ciudades desarrolladas y homogéneas, y su sociedad democrática e igualitaria, a la que calificó de “niveladora”. Según el historiador Marcos Cantera Carlomagno, Groussac fue quien inició el antiamericanismo.

Tras una operación de glaucoma en 1926 pierde la poca vista que tenía, pocos años antes de morir, a los 81 años, en Buenos Aires, el 27 de junio de 1929.

 

Su prolífica Obra

Sus obras más destacadas son La Biblioteca (1896) y  Anales de la Biblioteca (1900), que fueron antologías de ensayos críticos, relatos históricos de la biblioteca y documentos pertinentes a la historia del Río de la Plata. Sus obras subsiguientes, como Estudios de historia argentina, Ensayo histórico sobre el Tucumán y Mendoza y Garay se destacaron por una riqueza de factos, descripciones vívidas de personajes y sus entornos, y un estilo lúcido y esmerado. Otras de sus obras significativas son Fruto vedado (novela), Relatos argentinos, La divisa punzó, Crítica literaria, Las islas Malvinas y sobre todo (por la pasión que sobre él infundía) la Biografía de Liniers, finalmente publicada como libro en 1907, luego de adelantar capítulos en la revista de la Biblioteca. Su cuento "La pesquisa", del año 1884, que luego volvió a publicar en La Biblioteca, es considerado el primer cuento policial argentino.

 

La oportuna ayuda de Avellaneda

Nicolás Avellaneda, ministro de Instrucción Pública de Sarmiento, no dudó en apoyar a Groussac. Luego de una publicación que leyó Avellaneda, lo hizo llamar al joven francés y lo recibió en su despacho. Al enterarse de que preparaba su regreso a Francia le propuso que, antes de partir, conociera Tucumán, y le ofreció solventar los gastos del viaje, además de asignarle dos cátedras en el Colegio Nacional de la provincia. Groussac quedó sorprendido por la convocatoria. Ya anciano, evocó con nostalgia: “¡Dichoso país y años aquellos en que todo un ministro nacional y candidato a la presidencia se desprendía del tejemaneje político para atender a un pobre muchacho extranjero, recién salido del literario cascarón!”.