El dirigente radical y su paso por una ciudad joven, pero con ideales

A 100 años de un andén colmado por la visita de Hipólito Yrigoyen

En el marco de la campaña política provincial, el dos veces presidente de la Nación movilizó la Villa con su visita.
martes, 21 de enero de 2025 · 08:30

El 18 de enero de 1925 no fue un día más para Villa María.

El calor, la humedad, los mosquitos y el río como un oasis en el desierto de la Pampa siempre fueron protagonistas.

Pero aquel 18 de enero del 25 fue un hito para muchos “correligionarios”, para muchos seguidores de una figura del radicalismo que hoy sigue siendo un emblema. Solo contaba con 58 años Villa María.

Pero volvamos al nombre del hombre, permítase el juego de palabras. Hablamos de un nombre que es calle de nuestro centro; un nombre que en Villa Nueva es Parque y también calle; un nombre que en Tío Pujio es club; un nombre que está por todas partes, ya que forma parte de la historia grande del país.

Ese día de la segunda quincena de enero, una enorme cantidad de personas se hicieron presentes en la estación ferroviaria local para recibir y saludar al expresidente de la Nación (desde 1916 y hasta 1922), Hipólito Yrigoyen.

El político tenía todo para generar expectativas. Su victoria en las urnas había sido significativa porque fue el primer mandatario elegido por voto popular, rompiendo los gobiernos de elite.

Con su impronta, el dirigente implementó reformas sociales, laborales, de educación y fortalecimiento de la democracia.

El dirigente radical, a bordo del tren, llegaba desde Buenos Aires y se dirigía a Córdoba capital con el deseo de protagonizar la campaña electoral de renovación de gobernador, de diputados provinciales y, particularmente, de senadores.

Fueron momentos -como ahora- de divisiones en cuanto a ideas.

El contexto marcaba a un país con crecimiento marcado y una Villa María que seguía sumando vecinos y frentistas.

Pero en esta historia existen varias fuentes de las cuales se toman sus voces y sus fuentes: el historiador Bernardino Calvo, el intendente de la vuelta de la democracia, Horacio Cabezas, en su libro “Villa María y su radicalismo (1992)”, y también el archivo histórico.

“Me fui para allá y con un grupo de vecinos y aguardé el arribo de la formación (ferroviaria). Cuando el tren se detuvo, tuve la suerte de que el vagón en el que viajaba Yrigoyen quedara junto a mí. Cuando se asomó para saludar, me acuerdo que le dije: ‘Doctor, usted es el creador de la democracia argentina’. Me miró fijamente, sonrió y me estrechó ambas manos. Claro, eran otros tiempos, iban sin custodios y todos podían acercarse”, reconstruyó en aquel momento Arturo Bergero, un vecino de Cintra que se acercó a Villa María. El hombre no dudó en interrumpir su domingo y viajar para ver al símbolo partidario.

 

Y después...

En el futuro (de aquella época, claro), un 8 de marzo de 1925, se marcó el triunfo de los radicales “yrigoyenistas” de Villa María, cuyo liderazgo, a cinco años de haberse radicado en la ciudad, ejercía el médico Amadeo Sabattini.

Él, Sabattini (que también fue gobernador y es calle), fue amplio y ligeramente superior a sus adversarios del resto del Departamento Tercero Abajo (hoy General San Martín).

Pero, a la postre, estas diferencias no alcanzaron para revertir los resultados finales de la provincia, donde se impuso el partido demócrata, consagrando su fórmula Ramón J. Cárcano - Manuel E. Paz con más de 46.124 mil votos, mientras que el binomio de Benito Soria - Alejandro Gallardo llegó a los 45.900 electores.

Pero la historia se siguió escribiendo y, tres años más tarde, desde 1928 y hasta 1930, Yrigoyen volvería a ser presidente de la Nación. Pero aquel mandato quedó trunco por el golpe de Estado de 1930, el primero de los sismos antidemocráticos en Argentina.

En nuestra ciudad, la calle Hipólito Yrigoyen recibió tal denominación cuatro días después del fallecimiento del político (3 de julio de 1933). Anteriormente, la misma llevaba el nombre de Córdoba.

 

Perfil

Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen Alem nació el lunes, 12 de julio de 1852 en Buenos Aires, Argentina.

Abogado, profesor y hacendado, popularmente apodado “el Peludo”, por su aversión a mostrarse en público, que fue electo en representación de la Unión Cívica Radical como presidente de la Nación en dos oportunidades (1916-1922 y 1928-1930), siendo el primero en acceder a ese cargo electo bajo el imperio de la Ley Sáenz Peña de voto secreto, obligatorio y universal para varones.

Junto a su tío, Leandro Alem, el hermano de su madre, participó y lideró las revoluciones de 1890 y de 1893, y participó en la creación de la Unión Cívica de la Juventud en 1889, la Unión Cívica en 1890 y la Unión Cívica Radical en 1891.

Fue diputado nacional por la provincia de Buenos Aires (1880-1882).

En 1896, tras el suicidio de Alem, se convirtió en el principal conductor del partido durante más de tres décadas, hasta su muerte.

Hombre austero, de firmes convicciones, que durante sus períodos como presidente donaba su sueldo a una escuela y que frecuentemente hacía el recorrido desde la modesta habitación donde residía hasta la Casa de Gobierno a pie y muchas veces se detenía en el banco de una plaza para charlar con la gente.

Además de su profesión y la intensa vida política que desarrolló, también fue comisario de Policía de una “parroquia” porteña en 1872; trabajó, administró y arrendó campos de su propiedad y ejerció la docencia entre 1880 y 1905, donando sus honorarios al Hospital de Niños.

El 6 de septiembre de 1930 fue destituido de su cargo de presidente constitucional por el primer golpe de Estado encabezado por militares en la Argentina, siendo detenido, primero, en La Plata y, posteriormente, y en dos oportunidades, en la Isla Martín García, hasta enero de 1933, cuando, beneficiado por un indulto presidencial que él rechazó, fue liberado por última vez y trasladado a Buenos Aires, con 79 años de edad y su salud muy deteriorada debido a las pésimas condiciones de confinamiento.

Falleció a los 79 años, el lunes 3 de julio de 1933, en Buenos Aires, Argentina.

“El poder, a pesar de ser uno de los medios más eficaces para hacer práctico un programa, no es el fin al que pueda aspirar un partido de principios ni el único resorte que pueda manejar para influir en los destinos del país... Solo los partidos que no tienen más objetivo que el éxito aplauden a benefactores que los acercan al poder a costa de sus propios ideales”. Hipólito Yrigoyen (1852-1933).